| L. Fontana: "Venecia era toda de oro" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Venecia era toda de oro
Lucio Fontana
Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. 1961.
A finales de los años cincuenta empieza a ponerse en cuestión el alcance del Informalismo y de su expresión más significativa, el Expresionismo abstracto de En este contexto pareciera como si Por todo ello no es de extrañar que en apenas dos décadas, las de los años sesenta y setenta se sucedan una serie de experimentaciones diversas del lenguaje artístico, que comienzan como se ha dicho con Todas pueden parecer muy distintas entre sí, y formalmente lo son, pero tienen en común su visión racional del lenguaje artístico y su voluntad renovadora, elementos ambos que ponen en relación todos estos movimientos con los mismos presupuestos de las vanguardias de la primera mitad de siglo. De ahí su denominación. La obra que comentamos pertenece a Los primeros iniciadores de esta tendencia son dos artistas surgidos del propio movimiento Informalista, del que lógicamente heredean algunos elementos, pero con una intencionalidad mucho más simplificadora y racional. Son Barnett Newman y Lucio Fontana. De su obra se deriva la propia Abstracción post-pictórica, pero también más adelante el Arte óptico, e incluso algunos criterios del Minimal art. Lucio Fontana (1899-1968) italiano aunque de origen argentino, constituye una buena prueba de la plenitud cromática y la abstracción desnuda del color. Sus amplias superficies de colores planos pero especialmente llamativos y brillantes, se extienden gozosos ante quien los contempla. No obstante, surge siempre en ellos un elemento de disgresión, que provoca el desconcierto y el desánimo en el espectador. El lienzo monócromo, inmaculado, se ve repentinamente rasgado, aunque de forma cerebral, siguiendo un criterio igualmente racional al colocar sus rasgaduras ordenada y equilibradamente sobre la superficie del cuadro. Él mismo decía: “Mientras trabajo en uno de mis lienzos rasgados no me propongo hacer un cuadro, lo que quiero es abrir un espacio, crear una nueva dimensión para el arte”. Por otra parte estas rasgaduras en el cuadro le dan a la pintura una tercera dimensión real, colocándolo a la altura de la escultura, elemento éste innovador que va a influir poderosamente en muchas experiencias similares posteriores. Pero hay más, la herida abierta sobre el lienzo parece abrir un agujero negro por el que se pierde la concreción del cuadro y se abre una ventana al infinito. Al respecto comentaba su autor: “yo agujereo, el infinito pasa por allí, pasa la luz, no hay necesidad de pintar”. Venecia era toda de oro, pertenece a una serie de veinte obras en las que Lucio Fontana alude simbólicamente a distintos aspectos de la ciudad de los canales En este caso alude al dorado maravilloso que ciertamente envuelve Venecia cuando el sol la prende como una llama, y que en este caso refulge sobre el lienzo con toda su brillantez y luminosidad, girando en círculos y espirales que hipnotizan nuestra mirada en un mar de belleza y luz, hasta que la grieta cruel, rasgada en medio del cuadro (rotura perfecta y precisa), nos devuelve a la triste realidad.
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