L. H. Sullivan: "Auditórium de Chicago" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Auditórium de Chicago.

L. H. Sullivan & . D. Adler

Chicago. 1887-89.


A finales del S. XIX la evolución tecnológica que ha propiciado la Revolución Industrial y la expansión urbana que ha provocado precisamente la industrialización van generando un nuevo modelo constructivo adaptado a estos nuevos tiempos, especialmente en Estados Unidos, donde ambos factores, industrialización y desarrollo urbano, cobran una dimensión de mayor alcance que en suelo europeo.

En efecto, Estados Unidos desarrolla a finales del S. XIX un nuevo concepto de urbanismo que deviene en una idea de ciudad muy lejana de los modelos europeos. Es una ciudad sin historia, funcional en sus trazados y en la que los edificios (Building) son "figuras urbanas", según Sullivan, principal arquitecto de esta Escuela. De tal modo que éstos deben asumir la misma funcionalidad, simplicidad y racionalidad que los trazados urbanos, pues son una parte esencial de ellos. Nace así en las nuevas ciudades americanas una tendencia pragmática y funcional y que empieza a ganar altura en construcción, que es lo que se ha dado en llamar Escuela de Chicago.

Un estilo que quiere evitar el eclecticismo y la arquitectura historicista que había invadido Europa en las décadas anteriores y que había tenido también su repercusión en USA, si bien ahora resultan inapropiados para el nuevo concepto pragmático y funcional de la arquitectura americana.

Los edificios son grandes y además van ganando progresivamente en altura, hasta constituir en esta primera fase de la Escuela los primeros protorascacielos. Dice Sullivan: "El edificios ha de ser alto. Ha de poseer la fuerza y el poder de la altura, la gloria y el orgullo de la exaltación". Surgen así los rascacielos típicamente americanos, gracias en gran medida al invento del ascensor: "El ascensor dobló la altura de los edificios y la estructura de acero volvió a doblarla". Construir además en altura significaba un aprovechamiento eminentemente práctico del espacio "Construir rascacielos supone multplicar las áreas privilegiadas tantas veces como sea posible vender y volver a vender la superficie del terreno primitivo".

Los arquitectos más conocidos de la Escuela de Chicago son Henry Richardson (Los Ángeles 1838- Boston 1886) y Luis Sullivan ( Boston 1856- Chicago 1926), principales impulsores de esta nueva forma de construir, centrada principalmente en Chicago, ciudad que había quedado destruída por un incendio en 1871 y que necesitada de una pronta reconstrucción se convierte en el mejor laboratorio de las nuevas experimentaciones arquitectónicas.

Por resumir, se trata de un estilo que aprovecha los elementos constructivos más prácticos y avanzados como el hierro, el acero, y el hormigón armado; que permiten la construcción en esqueleto, auténtico sistema de sostén del edificio, lo que facilita abrir amplios vanos, ganando así en luminosidad los interiores; que reviste sus exteriores normalmente con mampostería. De gran simplicidad de líneas en los exteriores, que eluden así cualquier tentación ornamental, dejando claro un principio esencial de la nueva arquitectura, en la que la forma sigue a la función. El resultado es un conjunto de edificios macizos, sobrios y racionales, significados además por sus dimensiones de muchos pisos y gran altura.

Uno de ellos, de los primeros que se levantan y por ello mismo de gran significado para el devenir de la nueva Escuela, es el Auditorio que se levanta en esta ciudad de Chicago. Su autor es Henry Sullivan con el que colabora D. Adlaer, miembro de su equipo. En realidad se trata de un teatro de la ópera, de un gran teatro más bien, porque tiene aforo para seis mil espectadores, que no obstante y siguiendo el concepto de funcionalidad que como sabemos define esta tendencia, busca complementar esa actividad principal con otros usos, como hotel y oficinas.

El edificio, en el que prevalece un sentido de bloque, no alcanza aún las alturas que caracterizan los protorascielos posteriores, aunque cuenta con una torre central que destaca en altura y hay una estructuración en vertical que se manifiesta expresamente en el diseño estratrificado de toda la fachada. Fachadas que son un elemento esencial en este tipo de edificiaciones porque se entienden como un simple cerramiento externo y por ello tratan de evitar la decoración gratuita, pero al mismo tiempo no acaban de desligarse totalmente de la inercia por agraciarlos con ornatos aunque sea mínimamente. Por eso, Sullivan, sin perder una estética de racionalidad reiterativa en la repetición y disposición regular de los vanos diversifica los tipos de ventanas en altura, alternando las de medio punto con las más sencillas, simplemente adinteladas, y asimismo variando el paramento, en un recuerdo clasicista de los palacios florentinos cuyos tres pisos se diferenciaban precisamente por la diversidad de su mampuesto. En este caso los primeros pisos son de granito rústico bastante almohadillado, y los superiores de arenisca.

El resultado es un edificio que combina a la perfección su monumentalidad y pragmatismo, con la sencillez de su estética de la sobriedad, pero que sobre todo resulta de una exquisita armonía en la estructuración de los volúmenes, que no obstante y a pesar de todo, empiezan ya a mirar en altura, como si el cielo fuera el gran reto a conquistar de la arquitectura contemporánea.

 

 



 

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