La flagelada y la bacante PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   


"La flagelada y la bacante"


Villa de Los Misterios. Pompeya. S. I a.c.



La pintura en el arte romano tuvo al parecer una repercusión considerable, a tenor de su interés en imitar los modelos griegos, que sabemos que copiaron con el mismo entusiasmo que sus esculturas, y a partir también de los descubrimientos importantes que se han realizado de sus restos de pintura mural. Dichos vestigios se circunscriben a las obras que la fortuna permitió conservar después de las erupciones del S. I a.c que asolaron Herculano y Pompeya, así como a las que se han ido descubriendo paulatinamente en el Palatino de Roma o en las necrópolis de El-Fayun en Egipto.

La pintura romana contiene un fuerte carácter decorativo, más bien suntuario, por tanto profano, que se aplica preferentemente a la decoración de interiores en las viviendas particulares, tratando así de encubrir con la pintura la pobreza de sus mampuestos, que caracterizaba al parecer el interior de las casas romanas. Más adelante y sobre todo cuando se trata de villas importantes y grandes mansiones, la pintura acentúa su carácter ornamental buscando incluso otros efectos, como los juegos de perspectiva y con ello la ampliación ficticia de los espacios interiores.

Técnicamente, se trata de una pintura que hoy podríamos considerar innovadora, pues utiliza con adelanto recursos como el de la perspectiva geométrica, que prácticamente no se vuelven a "redescubrir" hasta la llegada del Quattrocento. Se emplea asimismo con maestría el uso de la pincelada suelta y libre, sobre todo en el llamado Cuarto estilo. Pero por otra parte, la pintura romana resulta en ocasiones excesivamente rígida y envarada en sus composiciones, poco natural en la culminación de sus situaciones o de su expresión gestual, y muchas veces en exceso teatral.


Aunque como se ha comentado, los restos de pintura conservados no son abundantes se han establecido cuatro etapas diferentes en la pintura mural existente, que dan lugar a los Cuatro estilos tan conocidos de la pintura romana, establecidos desde 1882, en base a los restos encontrados en Pompeya, pero que siguen siendo vigentes en la actualidad: así, el Primer estilo, es el más antiguo, ya que se da a comienzos del S. II a.c, y conserva muchos elementos de vinculación con el mundo helenístico. Se le denomina de Incrustación por aparentar la representación de ricos mármoles, y suele distribuir la pared en tres bandas: el zócalo inferior, un alto rodapié intermedio, y un remate a modo de entablamento. Un ejemplo sería la Casa de Salustio en Pompeya.

El segundo estilo, llamado Arquitectónico, nace en Roma a comienzos del S. I a.c, y consiste en la recreación ilusionista de ambientes irreales, a base principalmente de arquitecturas que reproducían los distintos órdenes clásicos. Frecuentemente sobre estos "marcos" arquitectónicos se plasmaban escenas figurativas al modo de las representaciones teatrales griegas. Un ejemplo, El jardín de la villa de Livia en Prima Porta del Museo de las Termas en Roma, así como los encontrados en la Villa de los Misterios de Pompeya.


El Tercer estilo es una evolución del anterior, con las formas arquitectónicas más estilizadas, y que se imbrican más naturalmente en las escenas representadas, que ahora aparecen más "libres" y menos enmarcadas. Es el momento en el que mayor grado de perfección se alcanza en la utilización de recursos ilusionistas como la perspectiva. Un ejemplo, El Mural de la Villa Farnesia , también en el Museo de las Termas.


El Cuarto estilo surgió en Pompeya durante la reconstrucción de la ciudad después del seísmo del año 62 d.c, denominándose en ocasiones Teatral, porque no se limita a decorar sino que pretende recrear un ambiente, introduciéndose así en las representaciones no sólo las consabidas arquitecturas, sino también múltiples espacios ilusorios. Es una pintura mucho más ambiciosa y por ello sólo queda dentro de las posibilidades de las villae de los clientes ricos.

A pesar de su vigencia antes señalada, la clasificación dejaría un poco de lado algunas representaciones estrictamente figurativas, por lo que se establece también una segunda clasificación para completar la anterior: Paisajes de Casa de Livia y Villa Farnesio; Grupo Pompeyano de figuras; Grupo Pompeyano de escenas y paisajes. Y los retratos de El Fayún, que proceden de sarcófagos del Bajo Egipto, aunque realizados en época romana. Son todos muy realistas, al representar la cara de los difuntos sobre las tapas de los sarcófagos. Se realizan en tabla o lienzo y con técnicas de Encásutica. Un ejemplo sería el Retrato de una joven del Museo de Berlín.

Considerando la importancia de los restos hallados en la Villa de los Misterios de los restos de Pompeya, hemos elegido una de sus obras para completar nuestras “Miradas”. Al parecer repite modelos de tradición griega que se remontarían a los siglos IV ó III a.c.

La Villa de los Misterios recoge escenas vinculadas a ritos iniciáticos y de culto dedicados a Diniosios, y son obras realmente espectaculares no sólo porque las figuras son de tamaño natural, sino por su excelente estado de conservación, que se advierte principalmente en la potencia de sus colores. En concreto se representan aquí, en la obra que nos ocupa, escenas del Gineceo, algunas cotidianas y otras relacionadas con el delirio báquico y el frenesí danzarín de las bacantes, que actúan desnudas.

En este caso, la mujer desnuda perseguida por los flagelantes se refugia en el halda de la falda de una compañera. Junto a ella, otra mujer baila tocando los platillos metálicos. Pero todo ello con un gran ritmo compositivo, de tal manera que la obra está dominada por la cadencia sinuosa y animada de las figuras, inmersas además en el tono rojo del fondo que marca el sentido denso, cálido y sensual de toda la representación. A ello contribuye también la línea curvada de la danzarina de espaldas y el vuelo agitado de alas y pañuelos. Incluso a través de la diagonal que señala la posición de tirso y que acentúa el movimiento. En última instancia se trata también de potenciar la sensación de volumen de las figuras, que adquieren indudablemente un sentido escultórico.

Por el contrario, la solución no siempre afortunada de los rostros, idealizados en ocasiones e insípidos en otras, contrasta con el mayor logro conseguidos en el trabajo sobre la composición y el color.





 

 

Comentarios  

 
#1 thais 02-08-2011 11:26
muy interesante la pintura y la informacion me gustaria saber quien pinto el cudro el autor y q año
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