| La flagelada y la bacante |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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"La flagelada y la bacante"
La pintura en el arte romano tuvo al parecer una repercusión considerable, a tenor de su interés en imitar los modelos griegos, que sabemos que copiaron con el mismo entusiasmo que sus esculturas, y a partir también de los descubrimientos importantes que se han realizado de sus restos de pintura mural. Dichos vestigios se circunscriben a las obras que la fortuna permitió conservar después de las erupciones del S. I a.c que asolaron Herculano y Pompeya, así como a las que se han ido descubriendo paulatinamente en el Palatino de Roma o en las necrópolis de El-Fayun en Egipto.
La pintura romana contiene un fuerte carácter decorativo, más bien suntuario, por tanto profano, que se aplica preferentemente a la decoración de interiores en las viviendas particulares, tratando así de encubrir con la pintura la pobreza de sus mampuestos, que caracterizaba al parecer el interior de las casas romanas. Más adelante y sobre todo cuando se trata de villas importantes y grandes mansiones, la pintura acentúa su carácter ornamental buscando incluso otros efectos, como los juegos de perspectiva y con ello la ampliación ficticia de los espacios interiores. Técnicamente, se trata de una pintura que hoy podríamos considerar innovadora, pues utiliza con adelanto recursos como el de la perspectiva geométrica, que prácticamente no se vuelven a "redescubrir" hasta la llegada del Quattrocento. Se emplea asimismo con maestría el uso de la pincelada suelta y libre, sobre todo en el llamado Cuarto estilo. Pero por otra parte, la pintura romana resulta en ocasiones excesivamente rígida y envarada en sus composiciones, poco natural en la culminación de sus situaciones o de su expresión gestual, y muchas veces en exceso teatral.
A pesar de su vigencia antes señalada, la clasificación dejaría un poco de lado algunas representaciones estrictamente figurativas, por lo que se establece también una segunda clasificación para completar la anterior: Paisajes de Casa de Livia y Villa Farnesio; Grupo Pompeyano de figuras; Grupo Pompeyano de escenas y paisajes. Y los retratos de El Fayún, que proceden de sarcófagos del Bajo Egipto, aunque realizados en época romana. Son todos muy realistas, al representar la cara de los difuntos sobre las tapas de los sarcófagos. Se realizan en tabla o lienzo y con técnicas de Encásutica. Un ejemplo sería el Retrato de una joven del Museo de Berlín. Considerando la importancia de los restos hallados en
En este caso, la mujer desnuda perseguida por los flagelantes se refugia en el halda de la falda de una compañera. Junto a ella, otra mujer baila tocando los platillos metálicos. Pero todo ello con un gran ritmo compositivo, de tal manera que la obra está dominada por la cadencia sinuosa y animada de las figuras, inmersas además en el tono rojo del fondo que marca el sentido denso, cálido y sensual de toda la representación. A ello contribuye también la línea curvada de la danzarina de espaldas y el vuelo agitado de alas y pañuelos. Incluso a través de la diagonal que señala la posición de tirso y que acentúa el movimiento. En última instancia se trata también de potenciar la sensación de volumen de las figuras, que adquieren indudablemente un sentido escultórico. Por el contrario, la solución no siempre afortunada de los rostros, idealizados en ocasiones e insípidos en otras, contrasta con el mayor logro conseguidos en el trabajo sobre la composición y el color. ![]()
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