L.B. Alberti: Fachada de la Iglesia de Santa María Novella. PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Fachada de la Iglesia de Santa María Novella

L. Bautista Alberti.

 

Florencia. 1470.

 

León Bautista Alberti (1406 1472) no es solamente el segundo gran arquitecto del Quattrocento, sino además un teórico de primer orden en este campo. Hijo natural de un exiliado florentino, realizó sus estudios en Padua y Bolonia, si bien su auténtica formación artística se produce en Roma. Es allí donde descubre toda la grandeza del arte clásico e inicia su obra erudita ("Descriptio Urbis Romae").

Al llegar a Florencia en 1434, encuentra en Brunelleschi, el verdadero maestro al que considera la referencia principal de la arquitectura del momento, y por tanto el ejemplo a seguir. Quedan en esta ciudad como obras más conocidas el Palacio encargado por la familia Rucellai y la fachada de la Iglesia de Sta. María Novella.

En Roma trabajará también como arqueólogo y restaurador de edificios antiguos, sin olvidar su principal actividad como teórico, dando lugar a su obra básica arquitectónica al modo de Vitrubio, "De re aedeficatoria".

Algún tiempo después trabaja también en Rímini, donde realiza el Templo de Malatesta, y en Mantua, donde construyó las iglesias de San Sebastián y de Sant'Andrea.

Fue por tanto Alberti un típico humanista y hombre del Renacimiento. Poeta, teórico del arte, arquitecto, urbanista, estudioso, encarna el ideal del Hombre artista y polifacético del Quattrocento.

En el caso concreto de la Iglesia de Santa María Novella se trataba de recubrir la fachada de un edificio anterior, como ya había ocurrido con el Templo-mausoleo de Segismundo Malatesta en Rímini, que Alberti diseña sobre la estructura existente de una iglesia gótica. Ahora ocurre otro tanto, porque la Iglesia de Santa María Novella es una basílica ampliada para una congregación dominica en 1279 y por tanto construida en estilo gótico

La mayor dificultad estribaba en la cubrición de una fachada que se compartimenta en una estructura basilical, porque ello siempre supone una la dificultad añadida para salvar la diferencia de altura y de anchura entre la nave central y las laterales. De ahí el interés arquitectónico de la solución adoptada por Alberti.

En primer lugar, divide la fachada en dos niveles, articulados e interrelacionados a través de dos elementos principales: el módulo de proporcionalidad empleado y el color. El módulo es un cuadrado, cuya representación en diferentes medidas se repite en toda la fachada, destacándose además por medio del color.

El color en efecto destaca gracias a la utilización de la taracea de mármoles de colores, recurso que concita la armonía cromática de toda la construcción, y que además enlaza con la tradición clásica de la arquitectura romana, así como con edificios medievales como San Miniato.

Como elementos formales hay que destacar en el primer nivel el empleo de columnas enmarcando la puerta principal y en los extremos laterales. La puerta central en arco de medio punto está flanquedada por otras dos laterales más estrechas, y arcosóleos, que delimitan la anchura de los arcos laterales. Todo ello asentado sobre un amplio basamento.

Entre el primer piso y el segundo inserta Alberti un piso intermedio o medsannino, que hace las veces de entablamento y evita la desarmonía de ejes verticales entre los dos niveles principales.

Por último, en el nivel superior se articula un cuerpo a modo de fachada clásica, con pilastras que dividen el espacio en tres calles, un pequeño rosetón en su centro y un remate en frontón. Aunque tal vez la solución más original de todo el conjunto se encuentre en el recurso utilizado para armonizar la diferencia de anchura entre los niveles inferior y superior. Utiliza Alberti para ello dos aletones en forma de voluta, motivo que tendrá una gran repercusión en la arquitectura religiosa del S. XVI.

La aportación de esta fachada al nuevo lenguaje del Renacimiento será ejemplar porque en ella aparecen ya los recursos que marcan la impronta de una nueva arquitectura: así la utilización de un módulo básico de proporcionalidad para establecer un patrón de armonía clásica al conjunto; la utilización de mármoles de colores como revestimiento mural; la recuperación de recursos clásicos como el arco de medio punto, arcosóleos y basamento; el remate final a modo de templete clásico con sus tres calles rematadas en entablamento y frontón; así como las volutas en forma de aletón que lo flanquean.

Si Brunelleschi inicia la nueva andadura de la arquitectura del Renacimiento, Alberti la certifica definitivamente.

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