Le violon d'Ingres PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Le violon d'lngres


Man Ray.

Centre Pompidou. Musée National d'art Moderne.

París 1924.

 

La fotografía nace en el contexto histórico de finales del S. XVIII y principios del S. XIX, en una época dominada por el positivismo e ilusionada con las posibilidades de la ciencia. La primera fotografía de la historia se la debemos a J.N. Niépce, al que se le puede considerar padre de la fotografía, porque en 1829 es el primero en impresionar una imagen por medio de una placa de estaño cubierta de betún sensible a la luz y lavanda. Más adelante en 1839, J.L. Daguerre, inventa el daguerrotipo, empleando como materiales de soporte una lámina de cobre cubierta de plata y vapor de yodo, y como revelado vapor de mercurio y sal común. No obstante, la foto obtenida era única y no se podía repetir. Será por tanto determinante el descubrimiento del físico inglés W.H. Fox Talbot, que utilizando nitrato de plata y yoduro potásico, y sales de plata en el revelado, obtenía imágenes que podían copiarse sobre un soporte de papel infinitas veces.

A partir de aquí la fotografía irá mejorando y facilitando sus procesos de reproducción y revelado, lo que fue acercándola al gran público: en 1884 G. Eastman puso a la venta la primera película en rollo sobre papel; y en 1888 la Compañía Kodak, fundada por el propio Eastman, sacó al mercado la primera cámara en serie, lo que popularizó el uso de la fotografía.

Desde un punto de vista artístico, la fotografía pronto encuentra su lugar en el panorama de las artes plásticas porque comparte con la pintura muchos de elementos de su lenguaje, aparte de añadir los suyos propios. En este sentido a lo largo de los siglos XIX y XX se suceden tendencias y estilos muy variados, en muchas ocasiones coincidentes con las propuestas estéticas de los propios movimientos de vanguardia. Con el tiempo, la mejora de las posibilidades técnicas de la fotografía aumentó también sus horizontes artísticos, siendo innumerables las posibilidades que ofrece tanto en los recursos de ejecución de las fotos como a través de las innumerebles manipulaciones del revelado y del positivado.

Desde su aparición son muchos los fotógrafos que con una intencionalidad artística van elevando la fotografía a la categoría de las artes plásticas. En el S. XIX, además de los pioneros ya citados, cabrá destacar la figura de Félix Nadar, tan vinculado como sabemos a la primera exposición del grupo impresionista en 1874.

Ya entrado el S. XX, la fotografía sigue su experimentación y sus conquistas artísticas, en muchos casos vinculadas a los movimientos de Vanguardia que hacen su aparición en las primeras décadas del siglo. Es en este contexto en el que hay que situar la figura de Emmanuel Radnitzky (Filadelfia 1890- París 1976), conocido por todos con el nombre de Man Ray.

Sus inquietudes artísticas le venían ya de pequeño, cuando quería ser cantante; en su primera juventud fue bailarín, y aunque rechazó una beca para estudiar arquitectura, sí entró en la Escuela de Disñeo de Nueva York. No obstante, su biografía artística comienza cuando junto a Marcel Duchamp y Francis Picabia, forma el grupo Dadá de Nueva York. Poco tiempo después marcha a París, en 1921, donde continuará con las experimentaciones sobre papel fotográfico que ya había empezado en Nueva York. Será no obstante, por mediación de Jean Cocteau como se convirtió en el fotógrafo oficial de muchos intelectuales y artistas que compartían con él el ambiente bohemio de aquel París de principios de siglo. Retrató a Gertrude Stein, Constantin Brancusi o Marcel Proust, entre otros muchos. Desde ese momento su dedicación a la fotografía será exclusiva, y siempre con una clara vocación experimental.

Primero fue la rayografía, consistente en impresiones de un objeto sobre un papel fotosensible; después fue su vinculación al grupo Surrealista y sus juegos de imágenes, en los que lo mismo realizaba composiciones surreales, que fotomontajes pensados para provocar al espectador. En este marco artístico es en el que hay que situar la foto que hoy nos ocupa, El violín de Ingres (Le violon d'lngres).

La obra, tanto por sus simbolismos como por sus juegos visuales responde perfectamente a las características del Surrealismo. En realidad se trata de jugar con un desnudo femenino, pero otorgándole diferentes significados. Como tal desnudo es en primer término una incitación al erotismo, componente inherente al Surrealismo. Un erotismo que además en este caso tiene nombre propio, el de Alice Prin, mucho más conocida como Kiki de Montparnasse, una de las musas más tentadoras de los artistas de aquel comienzo de siglo, que como Pablo Gagallo, Chaim Soutine, Jean Cocteau o el propio Man Ray, que la haría su amante, sucumbieron a su atactivo.

Fotografiada de espaldas, Man Ray aprovecha las curvas naturales del cuerpo seductor de la muchacha y las dos efes u "oídos" caracteristicos de la caja de resonancia del instrumento, pintadas con tinta china a los lados, para darle a la mujer la forma de un violín.

De aquí se derivan una serie de asociaciones mentales típicamente surreales: por una parte el instrumento resultante se relaciona con los violines e instrumentos afines representados en muchas obras de vanguardia, en especial cubistas. Por otro, el turbante en la cabeza, el incipiente desnudo de las nalgas, la posición de espaldas y el título dado a la fotografía, se relaciona con la obra de Jean Auguste Dominique Ingres, y más concretamente con dos de sus cuadros más conocidos, La bañista de Valpinçon, y El baño turco. El primero, pintado en 1808, es una muestra de su ideal de belleza femenina, enviado desde Italia, donde está pensionado, para la Academia francesa. En El baño turco reaparece en primer plano la misma bañista de Valpinçon, aunque ahora en un ambiente mucho más sensual, cargado de las connotaciones eróticas que le transmitera al pintor Lady Montagu, esposa del embajador inglés en Constantinopla, que visitó en dicha ciudad un baño femenino. Sus descripciones hablan de doscientas mujeres desnudas entregadas al placer ocioso de cuidar sus cuerpos, que en su obra Ingres reproduce como si las estuviera observando un voyeaur.

No se olvide además un último componente simbólico, el de que los instrumentos están para tocarlos, lo que en el caso de Kiki y de Man Ray, nos invita a otro juego conceptual, porque se deduce que lo mismo que a Ingres le encantaba tocar el violín, a Man Ray le gustaba tocar el suyo.

Sobre la obra de Man Ray todas estas relaciones se entremezclan, hasta dar lugar a una obra cargada de referencias sensuales, de motivos de vanguardia, y de parentesco con el mundo del arte, en el que la fotografía se eleva así a la altura de los grandes nombres de la Historia del arte.

Su surrealismo es patente en toda una serie de referencias: su relación con lo clásico (habitual en la obra surrealisa); su juego de símbolos y conceptos; su universo inconsciente, relacionado en sus connotaciones sexuales; y su aportación experimental, reflejada en la innovación técnica que aporta la fotografía.

Dicha contribución técnica se expresa en la intensidad del blanco y negro, que potencia la fuerza expresiva de la fotografía; en la luz contrastada, que enfatiza el desnudo; y en el toque desvaído de los contornos, revelado en un flou sutil, que consigue así un toque cargado de feminidad y delicadeza. A su vez la sencillez compositiva y estructural, y el realismo inherente a la fotografía se relaciona con el estilo academicista de Ingres. Su proceso de revelado es igualmente innovador, pues requirió realizar la fotografía de espaldas, alterarla después con tinta china para pintar los oídos en efe del violín, y volverla a fotografiar.

Por todo ello, El violín de Ingres es una de las grandes fotografías del S. XX, y como tal, una obra de referencia del arte contemporáneo.

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J.A. Dominique Ingres: "La bañista de Valpinçon"              J.A. Dominique Ingres: "El baño turo"

 

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