| Leonardo da Vinci: "Retrato de Mona Lisa del Giocondo" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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"Retrato de Mona Lisa del Giocondo" (La Gioconda)
Leonardo da Vinci Museo del Louvre. 1504-1515.
El periodo artístico que conocemos con el nombre de Cinquecento, coincide cronológicamente con las primeras décadas del S. XVI, un momento de plenitud artística, pimero porque se ha llegado a la plena madurez de un estilo que fue fraguándose a lo largo del Quattrocento, y también porque además la calidad de las obras que se suceden en estos años y la coincidencia de tres genios universales de la pintura (Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Angel), hacen de este periodo un momento irrepetible de la historia del arte. Puede decirse que el Cinquecento representa la plenitud clásica que durante el S. XV había ido experimentándose y madurando. Un estilo por tanto definido por la pulcritud formal, la claridad compositiva, el equilibrio y la mesura, las luces suaves y los colores en armonía. Un concepto clásico de la belleza, dominado por el ethos y el naturalismo, que en pintura supera algunas conquistas del periodo anterior. Así, principalmente el concepto de la perspectiva, que sustituye la geométrica o lineal por una fórmula mucho mas realista que aporta precisamente el mismo Leonardo, la perspectiva aérea. Se alcanza también una mayor hondura psicológica, una exquisita elegancia en los portes y las formas, y en general un mayor dominio técnico, que transforma las figuras un tanto estáticas y envaradas del Quattrocento, en obras llenas de vida y naturalidad. El proceso en cualquier caso será breve, apenas las tres primeras décadas del S. XVI, pues pronto comienzan nuevos cambios y experimentos, en un esfuerzo de relectura clásica que dará al traste con el pleno clasicismo y abrirá el camino a un nuevo movimiento, el Manierismo. A medio camino entre el Quattrocento y el Cinquecento aparece la figura extraordinaria de Leonardo da Vinci (Vinci, Florencia 1452‑ Castillo de Cloux, Amboise 1519). Un hombre de una inquietud y curiosidad inagotables, que en su afán por ser consecuente con su propio principio de que el artista debía lograr la mayor experiencia posible de la realidad que lo circunda, resultó un ejemplo universal de síntesis entre la personalidad del artista y del científico. Inició su formación muy joven, en el taller de Verrochio con el que aprende el arte de la pintura, que para él no era más que una parte de su formación intelectual. No olvidemos que Leonardo, a parte de realizar obras fundamentales en Leonardo se nos presenta así como el hombre por definición del Renacimiento: un humanista, que como tal dejó por escrito sus conclusiones en su conocido Tratado de pintura, que como muestra también de su inquietud experimental, lo escribió de derecha a izquierda para impaciencia del lector. Curiosamente su influencia artística y doctrinal entre los grandes maestros del Cinquecento explica que lo incluyamos en el ámbito cronológico del pleno Clasicismo, aunque generacionalmente pertenezca al Quattrocento. Entre las aportaciones más importantes que desarrolla en la renovación de la pintura destacamos primordialmente dos: a) una nueva perspectiva aérea, que tiene en cuenta la bifocalidad de la visión humana y la existencia de aire entre los objetos y el observador; y b) la técnica del sfumato, una práctica que añade a la pintura un aire de misterio, de formas aparentemente inacabadas y perfiles difuminados, que recrean ese aire de fugacidad que caracteriza su pintura. La difuminación de los colores y la acumulación de azules en los fondos son otras características de su estilo, en este caso consecuencia directa de la aplicación de la perspectiva aérea. Siendo igualmente singular la utilización de una luz tibia y difusa en sus cuadros, habitualmente crepuscular, que contribuye a recrear el aire distante y misterioso que ya hemos dicho que caracteriza sus cuadros. De todo ello y mucho más hay en En realidad se trata de un típico retrato renacentista, es decir de busto prolongado en los brazos, equilibrado en la composición y mesurado en la apariencia gestual. Lo que ocurre es que algunos elementos de la representación lo hacen muy distinto, otorgándole una magia especial que es lo que lo convierte en un cuadro realmente genial. En primer lugar el típico tratamiento leonardesco de la luz: El sfumato que rodea la figura y difumina sus perfiles, contribuyendo a que quede envuelta en un aura de misterio. El paisaje que la enmarca es una consecuencia directa de la perspectiva aérea, incluyendo su lógica acumulación de azules al fondo. Pero es también un elemento de inquietud formal, primero porque el paisaje parece independiente del rostro, pero sobre todo porque la línea de horizonte no es coincidente a la derecha y a la izquierda de la figura, lo que engaña la composición, crea dos planos de visión y aumenta su sentido enigmático. Por último, hay que destacar por encima de todo el dominio leonardesco de la expresión, que si esta vez alcanza su fama universal se debe en parte al trabajo preciso de claroscuro en los ojos y la comisura de los labios, elementos básicos de la expresión, que de esta forma quedan imprecisos en su ambigüedad, como si el tiempo ciertamente se hubiera detenido en su mirada. Pero es indudable que algo hay también en la sonrisa de Mona Lisa, que nos deja embaucados. Ya le dejó al propio Leonardo, que hacía esfuerzos constantes por entretener a la modelo para que no dejara de sonreír. Tanto le obsesionó la sonrisa que la obra nunca llegaba a terminarla, y de hecho la comienza en 1504 y la da por concluida ya en 1515 cuando está en Francia al amparo de Francisco I. Pero es el elemento consustancial a la magia de cuadro. Y a partir de ella se han multiplicado las teorías que se han escrito, sin mucha fortuna la mayoría, sobre la interpretación del cuadro: desde que representa el mito de la madre de Leonardo (la teoría de Freud), a que en ella se autorretrata Leonardo, dando pie con ello a una manifestación de su homosexualidad.
Es cierto que su sonrisa parece que nos abre su intimidad, pero a nosotros nos encanta esta pintura simplemente porque es un cuadro precioso, y creemos que esa es toda su magia, la magia de la obra de arte perfecta.
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