Lluís Dalmau: "Verge dels Consellers" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

”Verge dels Consellers.”

Lluís Dalmau.

MNAC. Barcelona.

1445.


Una clasificación aproximada de la pintura gótica en los reinos hispánicos, parte de la diferente influencia que recibe en los distintos periodos: francesa en un primer momento, italiana posteriormente, cuando triunfa en toda Europa el arte de Giotto o la Escuela de Siena, para seguir después los dictados del Gótico Internacional que se extiende por toda Europa, y finalmente, ya en los SS. XIV-XV, la influencia flamenca, común también a la arquitectura y la escultura de este periodo, sobre todo en Castilla.

Por todo ello se pueden establecer los siguientes periodos en los que dividir la evolución de la pintura gótica en nuestros reinos hispánicos: en primer lugar el Gótico Lineal, todavía muy apegado a la tradición románica e incluso a la estética desarrollada por las propias vidrieras. De tal forma que predominan los perfiles muy marcados y los trazos rotundos. Las fechas en que se desarrolla este periodo habría que ceñirlas al periodo que va entre 1250 y 1350, y son sus principales ejemplos Capilla de San Martín de la Catedral Vieja de Salamanca (obra de Antón Martín), así como las pinturas mudéjares de la techumbre de la Catedral de Teruel o las que decoran las salas del Castillo de Alcañiz.

Un segundo estilo de la pintura gótica es España sería la Italo-Gótica. LLega a nuestro país en la primera mitad del siglos XIV, aunque en otros puntos de Europa había comenzado a desarrollarse a mediados del anterior. Le caracteriza la poderosa influencia de la pintura florentina a través de la personalidad de Giotto y de la Escuela de Siena. Es por tanto una pintura mucho más sutil y delicada, que busca también la monumentalidad y el volumen, acercándose a pasos agigantados hacia un naturalismo que anticipa ya el Renacimiento. Destacan en la Península durante este periodo los pintores de la Corona de Aragón y en concreto Ferrer Bassa (Capilla de San Miguel del Monasterio de Pedralbes); los hermanos Serra: Jaime y Pedro Serra; así como la obra igualmente importante del Tríptico relicario del Monasterio de Piedra de autor desconocido.

El tercer estilo es el Estilo Internacional. En realidad constituye una síntesis de la aportación técnica e iconográfica del gótico lineal y el italo-gótico. Se desarrolla alrededor del S. XV, y son sus mejores ejemplos los nombres de Luis Borrassá, Bernardo Martorell, ambos en Cataluña, y Juan de Leví en Aragón.

Finalmente el estilo Hispano-flamenco desarrollará una pintura sobre tabla enormemente influenciada por los grandes maestros procedentes del grupo de los Primitivos flamencos. Se pinta siempre sobre tabla, al óleo y con un detallismo asombroso. En este periodo que coincide ya con la segunda mitad del siglo XV, se nota al igual que ocurre con la pintura y la escultura, un avance considerable de Castilla respecto a los reinos de la Corona de Aragón. Asimismo, al igual que ocurre en las otras artes, son los propios artistas extranjeros los que acuden a Castilla y trabajan allí directamente, o simplemente influyen sobre nuestros artsitas, como ocurre con los casos de Van Eyck o Van der Weyden. Ello no obsta para que la tradición pictórica tan fuertemente arraigada en Cataluña y Aragón siga dando nombres también durante este periodo, como Lluis Dalmau, Jaime Huguet (que aunque cordobés, trabaja en Aragón) o Bartolomé Bermejo. En Castilla destaca la figura principal de Fernando Gallegos.

En Cataluña la introducción de la pintura flamenca presenta dos fases claramente diferenciadas: Por una parte la que representa Lluís Dalmau, de una total identificación con los modelos y el estilo pictórico de Jan Van Eyck; y la segunda, protagonizada en este caso por Jaume Huguet, de un tono más personal y que llegará a crear escuela en el Principado.

Ciertamente, la pintura de Luis Dalmau es de un mimetismo absoluto con la obra de Van Eyck, que sin duda le deslumbra cuando la conoce en su viaje a Flandes de 1431. Por ello todo el realismo flamenco, el detallismo pormenorizado de Van Eyck, la rotundidad de las formas, la nitidez de las escenas y la rutilancia de la luz están igualmente presentes en las obras de Dalmau.

Una de sus tablas más conocidas y que mejor ejemplifica esta vinculación al magisterio de Van Eyck es esta Verge dels Consellers que le encargan los propios consellers de la ciudad de Barcelona en 1443. La tabla representa junto a la Virgen y su hijo en brazos, a Santa Eulalia a un lado y San Andrés al otro, un coro de ángeles, y a cinco consellers (concretamente Joan LLull, Francesc LLobet y Joan Junyent en una parte y Ramon Savall y Antonio de Vilatorta en la otra) que habían de quedar bajo el amparo de la propia Virgen.

Como no podía ser de otra manera, la imagen resulta de una composición muy ordenada, con una estructura claramente simétrica; un encuadre de arquitecturas goticistas resueltas con el preciosismo que es característico de las tablas flamencas, y aperturas al fondo de la línea de horizonte por medio de paisajes de un detallismo exquisito. El mismo que se advierte en todos los aditamentos de la obra, desde el trabajo en bordados y tejidos hasta el taraceado del suelo o los primores del trono de la Virgen.

Tal vez tanta deuda con los modelos eyckinianos resultara excesiva. De hecho los rostros resultan arquetípicos y el conjunto de la escena parece que adolezca de la necesaria espontaneidad y frescura. En cualquier caso tampoco puede cuestionarse su calidad técnica, que por otra parte nunca logra alcanzar, como es natural, el nivel de su maestro.


 

 

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