| M. Duchamp: "Fuente" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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"Fuente"
M. Duchamp. Gal. Schwarz. Milán 1964
(Original perdido. 1917.) Después de
Rechazan todo lo que la sociedad consideraba inmutable, la lógica, la razón, la ética, y desafían también al arte que se había desarrollado hasta entonces. Su profundo desencanto les lleva a un nihilismo radical que, a su vez, desembocará en una nueva concepción del arte basada en la provocación al espectador, en la subversión de los valores plásticos tradicionales y en un constante ejercicio de rechazo a todo. Este movimiento es el Dadaísmo, cuyo nombre al parecer fue escogido al azar por el fundador del grupo Tristán Tzara. Defienden la espontaneidad y la libertad total en la práctica del arte y la literatura, convirtiendo la expresión plástica en un continuo rechazo a todo lo establecido, especialmente convenciones y principios sociales. Buena prueba de ello son algunas obras tremendamente provocativas de Marcel Duchamp, Hans Arp o Francis Picabia. Aunque en realidad las obras propiamente dichas carecían de importancia alguna. Lo único realmente importante eran sus actitudes, sus actitudes de rebeldía y rechazo, sus actitudes beligerantes contra todo lo establecido, incluido el arte. Por ello mismo el colmo de la paradoja y el mayor fiasco al que podían llegar estos dadaístas es que en la máxima expresión del sarcasmo histórico dichas obras se hallen hoy en los Museos y se reconozcan como valiosas aportaciones a
No hay por tanto criterios artísticos, ni manifiestos de conjunto (“Estoy por principio contra los manifiestos, como también estoy contra los principios” dice Tzara). Sólo actitudes. No obstante se pueden distinguir tres centros diferentes en la gestación y expansión del Dadaísmo : Berlin, Zurich y Nueva York. En Berlín se notan ciertas posturas de carácter político, porque también en Alemania las circunstancias posteriores a
Pero en las manos y el talento de Marcel Duchamp, el Dadaísmo llegaría mucho más lejos, porque lo que en un principio nació como una provocación, especialmente sus famosos ready-mades, pronto se convirtió en realidad en una pregunta lanzada a los cuatro vientos y que nunca había encontrado respuesta: ¿qué es el arte? Lo gracioso es que Duchamp fue el primero que encontró la respuesta en la pregunta misma, porque lo que deja claro la obra de Duchamp es que nadie sabe qué es el arte ni como definirlo, a no ser todo aquello que interroga la inteligencia del espectador, preguntándole si eso en efecto es arte, y si no lo es, cuál sería su respuesta. No sólo anticipa en muchas décadas la aparición del Arte conceptual, cuya esencia será precisamente ésta, sino que además Duchamp establece desde su obra un eje rector que atraviesa todo el siglo XX hasta su final, y cuyos principios serán la libertad plena, la provocación, la participación siempre directa y cómplice del espectador y la principal, que la obra de arte sólo tiene una diana, la inteligencia. Las muestras más representativas de la provocación dadá y de su rebeldía contra los cánones artísticos y estéticos establecidos son los famosos ready-made (“ya hecho”) de Marcel Duchamp. Se trata de objetos vulgares, de uso común, cuya descontextualización de su uso habitual consigue el efecto de provocación y a la postre los ha convertido en obra de arte. Dice Duchamp : “Ya en 1913 tuve la feliz idea de montar una rueda de una bicicleta sobre un taburete de cocina y observar cómo giraba (Rueda de Bicicleta. Duchamp. MOMA. New York. 1913)...En Nueva York, en 1915, compré en una tienda de viejo una pala para la nieve y le agregué esta inscripción : Inadvance of the broken arm. Fue más o menos por entonces cuando se me ocurrió la palabra ready-made para designar este tipo de manifestaciones...La elección de esos ready-mades jamás me ha sido dictada por un placer estético. Dicha elección siempre está basada en una reacción de indiferencia visual, al mismo tiempo que en una ausencia total de buen o mal gusto”. Junto al mencionado taburete con su rueda de bicicleta, otros ready-mades famosos del mismo autor serían El gran vidrio (Tate Gallery. Londres. 1915) ; El botellero (Galería Schwarz. Milán. 1914 -versión actual de 1964), y por supuesto su famosa Fountaine presentada en 1917 al comité de selección de obras de los Independientes de Nueva York. En esta ocasión no firmó el objeto con su nombre, es más lo envió de forma anónima, sino con el de R. Mutt, un conocido fabricante de sanitarios: en realidad estaba claro su propósito, denunciar el formalismo del mundo del arte y su farsa, porque si el urinario lo firmaba un simple comerciante, la pieza sería rechazada como obra de arte (como así fue); mientras que si la firmaba un artista se reconocería como obra de arte, como así ha sido igualmente, pues como tal obra de Ducham se exhibe en una galería y se encuentra en todos los libros de arte. La cuestión va más allá, nos plantea no sólo la hipocresía en la que vive en el mundo del arte, sino sobre todo la total ignorancia en la que nos movemos a la hora de definir el arte y de valorar cuándo una obra de arte lo es o no. Al menos queda clara una cosa, el arte es ante todo un concepto, una idea, una reflexión, más que un objeto o una técnica, más que en una forma. ![]()
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