| Madinat al-Zahara |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Palacio de Madinat al-Zahara”. Córdoba. S. X. Ya desde época Omeya, la arquitectura civil musulmana, cuya máxima expresión es el Palacio, desarrolla una tipología característica. Dicha disposición adopta el arquetipo de los castillos omeyas del desierto levantados en las actuales Siria y Jordania, concretamente los de Qasr al-Hayr al Sargi, Msatta o Jirbat al Mayfar, todos ellos del S. VII. En todos los casos se desarrolla un plano rectangular con torreones semicirculares en los paños, un patio abierto en el centro con alberca y en los extremos menores del rectángulo los salones palaciegos y las dependencias regias. El Palacio hispanomusulmán seguirá esta misma línea, articulándose las distintas dependencias en torno a un patio abierto rectangular. En los lados menores del rectángulo se disponen las estancias más importantes: oratorio, Salas de audiencias, habitaciones importantes, baños, etc. En los lados mayores, se localizan dependencias secundarias. Se trata además de un ámbito fortificado en el que también destaca el contraste existente entre unos exteriores pobres de materiales y de apariencia simple, y unos interiores que destacan precisamente por lo contrario, por su lujo y suntuosidad. Esta tipología con mayores o menores variantes se observa en los tres grandes Palacios del arte hispanomusulmán: El Palacio de Madinat al-Zahra; El Palacio de Madinat-al-Zahara ("ciudad brillantísima"), comienza a construirse muy próximo a la ciudad de Córdoba, en el momento en que Abd-al-Rahman III convierte el emirato en califato independiente, es decir a partir del 929, y más concretamente en el año 936. Las razones de su construcción obedecen a motivos de carácter político y propagandístico: la fundación de esta nueva ciudad es un símbolo del poder del califa y más ahora que se ha independizado política y religiosamente; por otro lado es una forma de mostrar su superioridad sobre sus grandes enemigos, los fatimíes de Ifriqiyya, la zona norte del continente africano. Además de oponentes políticos, lo eran también en lo religioso, ya que los fatimíes, chiíes, eran enemigos de los omeyas, mayoritariamente de la rama islámica suní. Madinat-al-Zahara, construida por el maestro alarife Maslama ben Abadía a partir del 936 es más que un Palacio, pues engloba todo un amplio y complejo núcleo urbano palacial. Su extraordinaria importancia lo convierte en el "taller" que configura el desarrollo de todo el arte califal del S. X. Medinat al-Zahara está emplazado en la ladera de una sierra, se dispone en una planta rectangular de aproximadamente En todo este conjunto monumental del que sólo se ha logrado excavar un 10 % del total, destacan tres estancias principales: la mezquita u oratorio, y dos salones de recepción, el llamado Salón rico y el Salón grande. A lo que habría que añadir la muralla que rodeaba la medina. Dicha muralla tuvo un carácter eminentemente defensivo, siendo construida con sillares de piedra y reforzada por torres rectangulares y contrafuertes exteriores. Al parecer se abría en el centro de la muralla una puerta que conectaba con el camino que llevaba a la ciudad de Córdoba, y que hoy se encuentra notablemente transformada como consecuencia de las restauraciones realizadas en la década de 1930, poco fieles a su estructura original. La mezquita situada en la terraza inferior se construye en un tiempo realmente breve, en 48 días dicen las fuentes y está comprobado arqueológicamente que fue en verdad una construcción muy rápida. Presenta una planta rectangular de El Salón rico o Salón de Abderramán III se utilizaba para la recepción de embajadas, así como para celebrar diversas festividades y acontecimientos importantes, y es también un encargo personal del califa que se levanta entre el 953 y el 957. Se trata de una habitación rectangular precedida de un pórtico rectangular muy ancho, flanqueado por dos alcobas laterales. El salón propiamente dicho tendría una estructura basilical de tres naves separadas por columnas y arcos de herradura de estilo puramente califal cordobés, trasdós descentrado y despiece de las dovelas a la línea de impostas. Presenta decoración de yeserías de ataurique y zócalos de mármol, en la línea que se verá también en el mihrab de la mezquita de Córdoba construido en tiempos de Al Hakam II. Se cubre la sala con un artesonado de madera. Es posible que fuera en este salón donde se concentraba todo el aparato propagandístico del califa del que nos hablan algunas crónicas, ya no sólo por la construcción en sí y toda su magnificencia que se prolongaba al exterior en el Jardín Alto, sino por los recursos de carácter escenográfico que se utilizaban al interior, desde el lujo del mobiliario, como la lámpara regalada por el rey de Constantinopla o las puertas de marfil o los revocos de oro y plata en algunos muros, a la famosa fuente de azogue que deslumbraba a las embajadas extranjeras, y que al parecer, desde el centro de la estancia irradiaba continuamente rayos de luz provenientes del reflejo del sol o de la mencionada lámpara sobre el mercurio. El Salón grande es muy similar al anterior, aunque de mayores proporciones y no tres, sino cinco naves en el salón propiamente dicho. Dichas naves no se separan por columnas y arquerías, sino por vanos abiertos en los muros. Por desgacia, esta construcción de semejantes dimensiones y tanta riqueza acumulada, sobrevivió muy poco tiempo, pues sería destruida y saqueada en el contexto de las guerras que acabarían con el Califato de Córdoba e impondrían el nuevo orden de los reinos de Taifas.
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