N. de Stäel: "Bateaux" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

Bateaux

 

N. de Stäel

Col. Particular. Francia. 1954.

 

 

Entre los pintores que aparecen en el panorama artístico de postguerra en Europa, Nicolas de Stäel es una de sus figuras más sigulares. Stäel nació en San Petesburgo en 1914, pero los avatares de la Revolución rusa le llevaron primero a Polonia donde morirían sus padres, y después a Bruselas donde sería acogido por una familia de su país de origen. Con el tiempo Staël se asentaría en París y se convertiría en ciudadano francés.

Su relación con el mundo del arte comienza en la Real Academia de Bellas de Artes de Bruselas, y se completaría con sus viajes por Europa y el norte de África, así como por su realción sentimental con la también pintora Jeannine Guillou. Poco después y ya viviendo en París sería alumno de Léger, fraguando amistades en la capital francesa que incluía a algunos artistas tan conocidos como Jean Arp, el matrimonio Delaunay, y ya después de la guerra a otros, como Georges Braque, André Lanskoy o el alemán J. Friedlander.

Inmerso por tanto en el ambiente artístico del París de postguerra la obra de Staël empezó a madurar y a conocerse más, hasta convertirse en un pintor de éxito, al mismo tiempo que surgían en el nuevo panorama artístico europeo una serie de artistas que darían forma al Informalismo europeo de postguerra. Generacionalmente por tanto Stäel puede incluirse en este grupo de pintores, que se encuentran ante un mundo destruido y desolado que sólo les produce desánimo. De ahí esa pintura de Dubuffet, Fautrier, el mismo Giacometti, o los españoles Saura o Tapies, llena de violencia en las líneas, estridencia en el color y dramatismo en sus iconografías, en un reflejo lacerante pero fiel de lo que se estaba viviendo aquellos años en Europa.

Sin embargo, la pintura de de Säel no es así. En realidad su pintura es la antítesis de este informalismo desgarrador que caracterriza al resto de sus coetáneos. La pintura de Staël por el contrario es un remanso de armonía y serenidad, donde sólo parece contar la cadencia del color. En sus obras intenta conciliar abstracción y figuración, y así emplea planos o bloques de color que sugieran paisajes, bodegones o figuras. En cualquier caso, lo importante es la mirada. Cómo nuestra mirada se posa tranquila en las obras de Staël y recorre un mundo de alegre color y hermosas formas. De una sensibilidad, sólo comparable a la de Matisse.

De ahí también su éxito, que le convierte en uno de los grandes nombres propios de la década de los años cincuenta, con contratos ambiciosos firmados con marchantes tan reconocidos como Leo Castelli, Paul Rosenberg, y exposiciones por todo el mundo. Por ello también sorprende que justo en ese momento de mayor éxito profesional una profunda depresión fuera minando su equilibrio emocional durante dos largos años, hasta llegar a su trágico suicidio en 1955, lanzándose desde la terraza en la planta decimoprimera de su estudio de Antibes, ciudad a la que se había trasladado buscando la paz,

Fue por tanto la suya una carrera breve de apenas quince años y de un éxito efímero que apenas alcanzó una década, pero que aún así dejó una obra amplia de más de mil cuadros y un legado muy personal. Al principio comenzó con paisajes, bodegones y retratos, consecuencia de sus primeras influencias procedentes de Cézanne y Matisse, y de las enseñanzas de su maestro Léger. Aunque progresivamente el imperio de la abstracción en la pintura del momento, el ascendente que también ejerce el Expresionismo abstracto norteamericano y su propia evolución pictórica le encaminan hacia una pintura más abstracta, que no por ello pierde su característico lirismo.

Pero su estilo clamaba por una vuelta a la figuración, y así ocurre precisamente a partir de su serie de “Les footballeurs”, una colección de 24 cuadros cuyo tema recurrente es el fútbol y que nace curiosamente con un partido entre Francia y Suecia al que asistió con su mujer el 26 de marzo de 1952 en el Parque de los Príncipes de París. Sería aquel espectáculo el que le animó a profundizar en la figuración, que se generalizaría a partir de entonces en representaciones de marinas, músicos de jazz, deportistas y los ya citados futbolistas.

La obra que hemos seleccionado de Stäel para nuestra Mirada de hoy corresponde a esta última etapa. Es una obra de 1954, un año antes de su muerte, y combina a la perfección su característica utilización de superficies coloreadas de amplias manchas en planos geométricos, de raíz abstracta, con una intención figurativa que permite reconocer en la imagen la realidad. Todo ello con una serenidad en el trazo y la composición que llenan de plenitud la escena, y con un protagonismo del color que contribuye decisamente a la belleza del lienzo y a su armonía plástica.

Bateux es de las últimas telas pintadas en Antibes, en las que prevalecen blancos y grises sobre fondos de un intenso azul. El editor y amigo de Stäel, Pierre Lecuire, con quien intercambió una intensa relación epistolar se expresaba así sobre estos últimos cuadros: “desarrollan una claridad uniforme, plena, untuosa, que hacen soñar, trazando una trasparencia intencional, como acumulada, llena de recursos y permitiendo el canto de una parte sobre otra o sobre muchas otras”

Es inevitable que ante esta extensión del color que se convierte en el verdadero mensajero de sus emociones, encontremos una coincidencia con la obra de Rothko, de la que lo aleja su insinuación por lo figurativo, pero que a la vista de su aplicación del color en amplias superficies y su fuerza expresiva, es claro que su anterior relación con el Expresionismo abstracto había derivado al final de su obra en una deuda con el Espacialismo cromático, en pleno auge en aquellos mismos años.

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