| N. Foster: Banco Nacional de Hong Kong |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Banco Nacional de Hong Kong. Norman Foster. La oposición al lenguaje que había impuesto El High-Tech deriva principalmente de la utilización masiva de elementos relacionados con la tecnología y la industria, de hecho, la denominación de High-tech, deviene del aprovechamiento de elementos tecnológicos, que además quedan explícitos en las formas constructivas cara vista. Así, los conductos de ventilación o agua, las escaleras mecánicas, las grúas para limpieza de cristales, las armaduras metálicas, etc, se evidencian hasta convertirse en el elemento más significativo de la construcción. A ello se podría añadir el laminado exterior de las estructuras metálicas, y el cierre de muros por medio de cristal reflectante, que potencia la rotundidad de lineas al exterior y completa ese aspecto brillante y agresivo tan característico de la alta tecnología. La arquitectura High-tech, tuvo su primer ejemplo ampliamente conocido en el Centro Pompidou de París (1977), realizado por Renzo Piano y Richard Rogers. De este mismo autor es también otra de las obras emblemáticas de este estilo, el Edificio Lloyd´s de Londres (1986). Con una estética quizá menos mordaz, y de formas limpias y muros de cristal, pero utilizando invariablemente la tecnología, se inscribe la obra del francés Jean Nouvel y en especial su Instituto del mundo árabe, construido en París (1987), o Aunque tal vez el más conocido y afamado de este movimiento sea Norman Foster, premio Pritzker de arquitectura 1999 y reciente Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2009. Él es sin duda uno de los representantes más concidos de ese grupo elegido de “arquitectos-estrella” que acumulan la mayoría de las autorías de los edificios más importantes del mundo y de la arquitectura actual. Entre las más sobresalientes destacaríamos el Banco Nacional de Hong-Kong, que hoy comentamos, la nueva cúpula del Reichstag de Berlín, el London City Hall y el Millenium Bridge, ambos en Londres. También en la misma ciudad levanta una de sus obras más afortunadas, la conocida como Torre Swiss Re, en atención a la firma de seguros suiza titular del edificio, El High-tech, aúna el criterio racionalista de aprovechamiento funcional de los espacios construidos, con una apariencia formal que en su descaro y desnudez nos recuerda el atrevimiento incial del primer racionalismo de Gropius, que por primera vez dejaba cara vista elementos funcionales de la edificación. Aunque evidentemente, aquella arquitectura no tenía la agresividad visual y formal de esta otra. Ambos aspectos, ponen en relación esta expresión de la arquitectura tardomoderna con el lenguaje del Racionalismo tradicional, que da contenido al Movimiento Moderno. El Banco de Hong-Kong se construye entre 1980 y 1986 con la intención de servir de emblema no sólo a una importante Institución financiera, sino también como una imagen del nuevo Hong-Kong, el Hong-Kong centro económico de Asia, pero también el Hong-Kong que aun siendo un epicentro del mundo capitalista, iba a pasar a soberanía china en 1997. El proyecto de Norman Foster para amalgamar con éxito todos estos factores no puede ser más rotundo y agresivo, un edificio formidable cuyo recubrimiento espectacular de muros acristalados encajados en un enorme mecano de metal pulido, le otorga por una parte la apriencia rotunda de lineas firmes y deslumbrantes que requería como bandera de una Institución tan poderosa, y por otra el diseño atrevido de la última vanguardia, como exigía su apuesta de futuro. La construcción es por tanto auténtico High-tech: su esqueleto se apoya en ocho grandes mástiles metálicos que permiten colgar literalmente, los pisos en alturas correspondientes al nivel 11, 20, 28, 35 y 41. Su funcionalidad también es la que debía esperarse, como queda demostrado al interior. Un espacio reservado a oficinas que mantiene el mismo entorno de estructuras metálicas y brillantes que el exterior. Si bien aquí el aprovechamiento del espacio es total, al distribuir las áreas útiles en los extremos del edificio, dejando para ello una gran nave abierta en el centro, lo que facilita la distribución racional del espacio y sobre todo localiza el ámbito de trabajo junto a las ventanas exteriores, lo que favorece la entrada directa de luz donde más falta hace. Su vinculación con la tecnología punta, tan característico también de este movimiento, se manifiesta en el empleo de sofisticados sistemas de iluminación y regulación térmica controlados por ordenador. El banco de Hong-Kong es así una muestra espectacular de arquitectura tardomoderna, por su impresionante apariencia externa y su belleza formal de brillos metálicos y rotundidad de formas, pero también por haber alcanzado un criterio de monumentalidad inverosímil y revolucionario.
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