| Olimpia. E. Manet |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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"Olimpia"
E. Manet Museo d’Orsay. París. 1863.
Habitualmente, la figura de E. Manet se relaciona con el origen del Impresionismo, y es indudable que la influencia de Manet sobre el grupo de jóvenes pintores que darán nombre al grupo impresionista fue muy importante, pero lo fue más como un artista de referencia, que por su técnica o su estilo. Y fue un artista de referencia por varios motivos: en primer lugar porque su mayor edad le convirtió en el mentor de los pintores de la siguiente generación; en segundo lugar porque un fue un artista innovador, que rompió abiertamente con los moldes tan rígidos de la pintura del momento, estableciendo la libertad del artista como el valuarte más sagrado de la actividad artística; pero sobre todo, Manet fue un nombre de referencia porque fue un extraordinario pintor, de una enorme calidad, cuyos cuadros por sí solos llenan una página entera de
Es más, solemos considerar la aparición de la pintura impresionista en la famosa exposición de 1874 como el punto de partida de una revolución que inicia un nuevo camino en la evolución de la pintura moderna, pero ciertamente ese punto de inflexión se produce antes, concretamente el año 1863 cuando la obra de Manet alcanza su mayor grado de innovación y cambio. En ese años dos cuadros marcan especialmente esa transformación: “El almuerzo sobre la hierba” y la “Olimpia”, dos obras que escandalizaron especialmente a la opinión pública y a la crítica especializada. La razón no era una simple provocación gratuita, sino más bien una manera radicalmente distinta de entender el lenguaje pictórico: en esos cuadros cambiaba el concepto del modelado, el de la perspectiva, el del color y el tratamiento del tema, lo que todo junto provocó una conmoción en el mundo de arte que transformó toda la evolución de la pintura posterior. Ya “El almuerzo campestre” resultó un cuadro trasgresor por los motivos que hemos citado, y de hecho se presentó al Salón de 1863, siendo rechazado y objeto de las críticas más mordaces, pero aún más escandaloso resultó este otro cuadro de Manet presentado en el Salón de 1865: Olimpia. Así como en el “Almuerzo campestre” Manet buscó la referencia pictórica en el “Concierto campestre de Giorgione, en este otro caso queda clara su vinculación a
Pero si aquella Venus era un modelo de desnudo y de belleza femenina aceptada por la opinión general por tratarse de un desudo clásico,
También desde el punto de vista estético el cuadro introduce interesantes novedades que provocan su rechazo: el juego de cortinas que en el cuadro de Tiziano buscaba la profundidad, aquí busca precisamente el protagonismo del color. Primero porque el rojo crea la necesaria ambientación sensual que reclama todo desnudo, y segundo porque el contraste cromático entre el fondo oscuro de las cortinas y el tono blanco del cuerpo, acentúan la luminosidad y la morbidez de Olimpia. Varía también el modelado, que se resuelve a base de grandes pinceladas de colores planos; varía la técnica, a base de pinceladas libres, llenas de mancha y de espontaneidad y vigor; varía el sombrado, a base de tonos de color y nunca de grises, y sobre todo varía el concepto del color, que adquiere un nuevo protagonismo, tanto como elemento protagonista en la solución del lenguaje pictórico del cuadro, como por su simbolismo: ya hemos hablado del cuerpo nacarado de Olimpia, pero no es menos curioso el tratamiento de la criada, una mujer de raza negra, lo que ya de por sí era considerado un exotismo de mal gusto para ponerlo en un cuadro, sino porque su presencia crea un marcado contraste cromático con el cuerpo de Olimpia, y además al adelantarse al primer plano, subraya el mencionado contraste de color, que desde un segundo plano hubiera sido menos evidente. Manet había aprendido a utilizar todos estos recursos conociendo de cerca la pintura española en sus viajes a Madrid y a las colecciones reales que se exhibían en el Prado, especialmente la obra de Velázquez y de Goya, que de esta forma se convierten en sus influencias más efectivas, sobre todo por lo que se refiere al tratamiento del color y a la técnica abierta y libre. A partir de aquí la pintura seguirá un camino totalmente diferente, cuyos herederos, los pintores impresionistas, no harán más que confirmar y completar, hasta el punto de influir ellos mismos posteriormente en la obra de Manet, que también pintará cuadros totalmente integrados en el elenco pictórico de grupo impresionista. Aunque tal vez, mirando serenamente a Olmpia eso sería lo de menos, lo mejor de este cuadro es centrarse en su belleza, esa belleza de Olimpia que en realidad no es sino la belleza de la pintura, de una pintura magnífica que nos enamora. ![]()
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