P. Brueghel: "La boda" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

”La boda”.

P. Brueghel el Viejo.

Museo Nacional de Viena. 1565.

 

Aunque el Renacimiento es un proceso eminentemente italiano, superada la etapa del Quattrocento y a partir del 1500, comienza a difundirse con rapidez por toda Europa.

Varios factores contribuyen a ello: La aparición de la imprenta y con ello la divulgación de grabados; los viajes a Italia de los artistas europeos; la contratación de artistas europeos en las cortes italianas; también el fenómeno contrario, la contratación de artistas italianos en las cortes europeas; así como, la importación generalizada de obras italianas.

En pintura, la influencia italiana se combina muchas veces con la secuela dejada por la pintura flamenca desde el S. XV, si bien el llamado Renacimiento flamenco no resulta exactamente un fenómeno homologable al italiano. Carece de su fundamento teórico y se halla en cierto modo desligado del modelo cultural clásico, por lo que más bien se trata de un movimiento todavía medieval en muchos aspectos, pero que eso sí, abre nuevas perspectivas técnicas, gracias sobre todo al empleo del óleo.

En la mayoría de los países europeos se van aceptando nuevos formalismos pictóricos procedentes de Italia, pero sobre técnicas de tradición flamenca y bajo temáticas que siguen fieles muchas veces a motivos góticos. Sólo de forma pausada y progresiva irán propagándose el sfumato leonardesco, el puro clasicismo rafaelesco y el dramatismo miguelangelesco, que sin solución de continuidad derivarán a finales de siglo hacia el Manierismo.

En los Países Bajos es lógicamente donde más notable permanece la tradición flamenca, que no obstante se ve afectada por la ruptura política que supone la división entre las provincias del sur, católicas, y las del norte (Holanda) convertidas al protestantismo. Surgen por ello géneros nuevos, sobre todo en el norte, como el retrato, el paisaje, la pintura costumbrista o el bodegón, que adquirirán enorme éxito en el S. XVII. Dos casos sin duda singulares en este contexto de la pintura renacentista en los Países Bajos son los que personifican Hieronymus Bosch van Aeken, el Bosco, y Peter Brueghel el Viejo. El primero por su originalidad temática, aunque técnicamente esté todavía muy vinculado a la tradición flamenca del S. XV. El segundo, estuvo en contacto con Italia y añade a su técnica realmente novedosa el humor de sus escenas, y lo peculiar de sus temas, que lo relacionan sin duda con el anterior.

Peter Brueghel el Viejo (Breda? 1528/30- Bruselas 1569) recoge muchos de los elementos que son característicos de este Renacimiento flamenco y que también pueden rastrearse en su paisano el Bosco. No sólo el sentido técnico de la miniaturización, palpable en su Triunfo de la muerte del Museo del Prado (hacia 1565), sino también su renacimiento poco italianizante, a pesar de haber viajado varias veces a Italia, y sobre todo su sentido de la caricaturización con el que nos muestra un mundo irracional e incoherente con el que ironizar contra la Humanidad y sus debilidades.

En Brueghel, (lo mismo que en el Bosco) hay que poner en relación su obra con el Elogio de la locura de Erasmo de Rótterdam, esa obra que pretende criticar irónicamente a la Humanidad exagerando con extravagancia sus debilidades y mostrándonos para ello un mundo irónico e irreal, un mundo “al revés”, en el que los vicios se muestran como virtudes para ahondar en su crítica. Brueghel asume la idea, pero insistirá más en lo grotesco de sus figuras y personajes; aprovechándose  de la consideración burlesca que se tenía en su tiempo del campesinado, cuya vida rústica, primitiva y simple se convertía en el contrario de la vida racional y artificiosa que se trataba de criticar. En última instancia se trataría nuevamente de invertir los términos, exaltando en este caso la simpleza de los campesinos para contraponerla con ironía a la insensatez de la humanidad. En este sentido sus famosos Proverbios resultan un paradigma de lo que estamos diciendo, al exaltar toda una amplia serie de acciones estúpidas, absurdas e inmorales con las que insistir desde la ironía o la broma en la propia estupidez de una Humanidad, soberbia y vanidosa.

La boda es también un buen ejemplo de ello. El cuadro refleja todo lo dicho anteriormente, sobre todo en las figuras que podríamos considerar principales: la novia, sentada delante de un amplio paño azul, con sus manos plegadas y una sonrisa de evidente satisfacción en su estúpido rostro.

La ironía queda así manifiesta en una escena de la que habría que destacar sobre todo el protagonismo de lo anecdótico, captado admirablemente por su autor.

Aunque tal vez por encima de este valor se halle la original composición de la obra. Especialmente a través del concepto del movimiento que supone el avance hacia primer plano de la muchedumbre del fondo, hasta enlazar con los porteadores de platos de primer plano, que a su vez sirven para retroceder la composición hacia los novios situados al fondo, gracias en este caso de una parte a la diagonal que marca el hombre que desde la mesa coge un plato dejando otro con la otra mano, y de otra, a la propia línea de la mesa.

Este retranqueo de elementos visuales, muy ágil y dinámico, no sólo contribuye a crear el ambiente movido y agitado de una fiesta, sino también a configurar un espacio lleno de gente pero que no da sensación en ningún momento de confusión o agobio. Es más, puede considerarse realmente "moderno", por no decir "protomanierista", la marginación a segundo plano del tema principal, la boda, y la consideración de un episodio anecdótico, el transporte de platos, como principal. Y no es desdeñable en absoluto la influencia que este tipo de composiciones ejercería sobre otro pintor del entorno aunque algunos siglos posterior, puesto que también Van Gogh jugará con el retranqueo de planos en muchas de sus obras para agitar y dinamizar la composición.

A estos méritos habría que añadir la viveza de los colores y el modelado orondo de sus figuras, tan característico y tan propicio además para transmitir la imagen campesina de la felicidad redonda y simple.


El novio, por su parte, se abandona a engullir su comida, como el resto de comensales, afanados nada más en comer y beber. Por contra, el músico observa la comida con envidia, mientras al fondo una multitud se agolpa con un mismo afán desordenado de participar en el festín.

 

 

 

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