P. Uccello: "La cacería en el bosque" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

La cacería en el bosque.

P. Uccello.


Ashmolean Museum. Oxford. 1465-1470.

 

 

La pintura del Quattrocento en Italia también rompe con la tradición del último episodio medieval, y tiende progresivamente hacia un mayor naturalismo en el que la búsqueda de la perspectiva se convierte habitualmente en obsesión. Un paso que ya habían dado los Primitivos flamencos, pero que ahora se carga de un humanismo temático y de una inspiración abiertamente clasicista que es lo que hace de ella un movimiento radicalmente nuevo e innovador.

Muchos son los autores que personifican este cambio en la pintura del momento, pero si hay que hablar precisamente de obsesión por los estudios de perspectiva es sin duda Paolo Uccello su representante más avezado.

Paolo  di  Dono (Pratovecchio, Arezzo 1397‑Florencia 1475),  llamado Paolo Uccello por su afición a pintar pájaros (uccello en italiano) constituye una figura singular y atípica en el contexto  artístico del Quattrocento. En su estilo singular influiría el hecho de que además de pintor fuera escultor, mosaicista y artista de marquetería. Oficios todos ellos que pesarán en su forma de trabajar, especialmente por representar sus figuras y objetos con una singular insistencia en remarcar sus formas volumétricas y estructurales, así como por un tratamiento de la luz sobre los objetos que también contribuye a subrayar su corporeidad. Influye así mismo en su estilo su formación en el taller de Ghiberti, y probablemente también el haber participado en la restauración de algunos mosaicos de la Catedral de San Marcos de Venecia, lo que le familiarizaría con la rigidez icónica de las imágenes del arte bizantino, que luego imitará en sus figuras que parecen taraceadas con la misma solidez y consistencia de los iconos.

Pero como hemos comentado, si algo destaca en su trabajo es su peculiar concepto de la perspectiva lineal, sobre la que trabajó con una dedicación absoluta y siguiendo complejos estudios matemáticos.

Así lo vemos en el cuadro que nos ocupa, La cacería en el bosque, su última obra conocida, de la que no sabemos ni su propósito, ni la identidad de los protagonistas, aunque hay quien lo pone en relación con los cassoni, o arcones con pìnturas alegóricas en sus lados, que se regalaban en las bodas de las familias ricas en la Italia del Renacimiento, si bien en este caso se trata de una pintura demasiado grande para ese fin (178 x 75 cm.). Es probable en cualquier caso que el encargo se enmarque en el círculo florentino de Lorenzo de Médici.

Su estudio de perspectiva lineal es característico: se trata en primer término de trazar el haz de líneas que estructura el entramado de toda la representación, buscando el centro focal en el que convergen estas líneas, y que en este caso se encuentra en la figura del ciervo, que al fondo del cuadro parece que escapa del acoso de mastines y cazadores.

Las líneas de fuga vienen dadas por todos los componentes de la escena, en un ejercicio de perspectiva total: así la disposición de caballos y perros, de figuras a pie, de los troncos de árboles caídos, de la delgada línea que marca el río a la derecha y de todos los detalles de la vegetación. Cuenta además con una estructuración de la escena perfectamente simétrica, pues los árboles de primer plano dividen la tabla en cuatro espacios proporcionados y equidistantes que le dan la consabida armonía a toda la composición.

Por otra parte al desplegar el paisaje en un espacio continuo, en el que tanto la arboleda como el resto de detalles se repiten reiteradamente hacia el fondo, se crea un efecto visual continuado,  ininterrumpido,  que  contribuye  también  a la ilusión perspectiva.

No es ésta la única singularidad de la obra de Uccello. Su peculiar trazo otorga a sus figuras unos perfiles rotundos y unos volúmenes muy nítidos, pero al punto de convertir sus imágenes en formas envaradas, de una rigidez acartonada un tanto artificial, que más parecen autómatas o marionetas que objetos reales. Por lo mismo su sentido del movimiento es extraño y artificial, lo que unido a la luz engañosa, de nocturno espectral, y los colores aplicados, igualmente irreales, recrean un mundo fantástico, de fábula, y un efecto escenográfico en todo el conjunto que nos resulta más teatral que realista.

Todo ello comporta un paisaje idealizado y un concepto de la naturaleza, que lejos de afirmar el sentido realista que irá imponiendo el Renacimiento parece insistir en reproducir un mundo espiritual y poético, similar al que definirá el estilo de Sandro Boticelli. En este sentido nos parece oportuno establecer las similitudes entre esta tabla y una de las cuatro que conforman La historia de Nastagio degli Onesti, pintada por Boticelli. Concretamente, la del primer episodio que se encuentra en el museo del Prado, y que tanto por la idealización ambiental, como por la estructuración del paisaje (especialmente la arboleda), como por la disposición de las figuras y su concepto del movimiento, teatral y fantástico, como en fin por la irrealidad de la escena, nos parecen curiosamente coincidentes.

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S. Boticelli: "La historia de Nastagio degli Onesti". Museo Prado. 1483.

 

 

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