| Pagoda de las Seis Armonías |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Liu Ho-t’a. Pagoda de las Seis Armonías. Hangzhou (China). S. X. S. XII. (Reconstruida en el S. XV). El arte chino marca la pauta en el desarrollo de lo que genéricamente llamamos arte oriental, porque China es la civilización superior que todos los demás países procurarán imitar. Un arte que nos sorprende, sobre todo porque nada tiene que ver con el concepto artístico que se desarrolla en occidente. El arte chino es un arte de la minuciosidad y la paciencia, de la perfección técnica y la meticulosidad en el proceso de ejecución, lo que explica que se le dé más importancia a lo que nosotros llamamos genéricamente como artes decorativas, que a las que en Europa se han denominado tradicionalmente como artes mayores: arquitectura, escultura, pintura. Sólo la pintura también es considerada en China un arte mayor, pero como lo son también la caligrafía, la cerámica, el trabajo de la seda o del jade, de cuyas obras conocemos a sus autores, verdaderos artistas para los chinos al igual que lo son para ellos los poetas. No ocurre lo mismo con arquitectos o escultores, cuya mera condición de artesanos nos priva de conocer sus nombres. Otro aspecto esencial del arte chino tiene que ver con su propia concepción del mundo y del universo, que tiene mucho que ver con sus creeencias religiosas: principalmente el Confucionismo y el Taoismo. El Confucionismo aparece en el periodo de la dinastía Zhou, impulsado por la figura de Confucio, sabio que vivió en el S. V a.c. Su propuesta es esencialmente humanista y con ella se pretenden cultivar las mejores cualidades del ser humano, a ello se añade una concepción del mundo y del universo inalterable, que impone unas normas y leyes que hay que respetar por encima de todo. Se entiende a partir de aquí la devoción casi sagrada de los chinos por la naturaleza, cuya repercusión en el arte será fundamental. En cuanto al Taoísmo, es desarrollado por Lao-Tse, y como tantas religiones basa sus ideas en un libro sagrado: el Dao, “Libro del camino y la virtud”. En él se proponen toda una serie de criterios éticos y de convivencia, que también contribuyeron a marcar una forma de vida y pensamiento en la sociedad china durante siglos. Desde un punto de vista estrictamente religioso se trata de una propuesta basada en la reflexión y la búsqueda de la verdad a partir del yo. La enorme importancia que según estas creencias como hemos visto adquiere la naturaleza explica la importancia del paisaje en el arte chino y paralelamente, el lugar secundario de la figuración humana. Y lo que es más importante, la naturaleza no se trata como un encuadre o marco de representación, la naturaleza tiene una valoración en sí misma con un simbolismo que trasciende siempre en sus representaciones. En el arte chino la valoración de una obra de arte sigue unos criterios distintos a los que se aceptan en el arte occidental. Si nosotros estamos habituados a la apreciación del arte desde una valoración principalmente visual, en China todos los sentidos deben tomar parte en la apreciación de la pieza. En occidente es difícil, a veces es imposible, valorar siquiera el tacto en la escultura, y eso que es un elemento consustancial a su naturaleza. En China no se concibe una obra de arte que no haya pasado por el filtro de todos los sentidos, desde el tacto por supuesto, a su sonoridad, a sus valores visuales también, a su olor incluso. Lógicamente por ello se aprecian mucho más objetos que nosotros llamaríamos de artesanía, que las grandes artes, como la arquitectura donde esta valoración es imposible. Por último, el arte chino es también un arte inalterable, es decir, un arte cuyas caraterísticas prácticamente no han cambiado en más de veinticinco siglos. Hay muchas razones para ello, la propia inmutabilidad del universo que proclama el confucionismo hace recelar de los cambios en general, el trabajo eminentemente artesanal que se valora tanto en el arte chino es poco favorable a los cambios radicales, y el mismo respeto a las tradiciones, muy unido al respeto a los mayores que es consustancial a la educación del chino, también pone trabas a los cambios En cuanto a la arquitectura queda claro que no es una manifestación propiamente artística para el pueblo chino, siempre se la consideró una actividad meramente artesanal y por ello desconocemos a sus autores. Aun con todo, la importancia de la arquitectura china queda expresada en la variedad de sus construcciones, los logros técnicos de algunas muestras de arquitectura civil como la famosa muralla china, y la singularidad de algunos edificios que crean un verdadero sello de identidad, caso sobre todo de la pagoda china, pero también de sus conjuntos funerarios o de sus templos. La arquitectura china es una arquitectura fundamentalmente de la madera (aunque también exista arquitectura en piedra), y de la simplicidad de estructuras, aunque la deslumbrante decoración exterior que la caracteriza le de un apariencia más compleja. En general predominan las plantas rectangulares; las estructuras adinteladas, de disposición simétrica y sencilla en la distribución de los espacios, y una evidente concepción de la proporcionalidad y el módulo constructivo, al seguir patrones fijos de correspondencia en las medidas del edificio. Sus construcciones, sea cual sea su función, suelen constar de un basamento de piedra, ladrillo, que sobrealza el edificio; el bloque construido propiamente dicho, que habitualmente suele estar realizado en madera, con soportes a base de pilares o columnas exteriores que así aumentan la amplitud de los espacios interiores, y muros perimetrales que cierran al exterior el edificio. En cuanto al tejado, es uno de los elementos más característicos de la arquitectura china: es de enormes dimensiones y requiere para su soporte de un complejo trenzado de vigas y tirantes de madera, recubriéndose al exterior de brillantes y coloristas tejas que le dan una apariencia extraordinariamente vistosa. Pueden ser dobles, es decir, estructuras de dos tejados superpuestos, y a dos o cuatro aguas, ofreciendo habitualmente un perfil curvo, consecuencia en gran medida del característico repunte respingón de las esquinas del tejado, curvadas hacia arriba y hacia adentro. Las pagodas chinas tienen una función religiosa ligada al culto a Buda procedente de El ejemplo que hemos elegido, la pagoda de las Seis Armonías, está en la cumbre de la montaña de Yuelun, a orillas del río Qiantang, de tal forma que sus luces sirvieron durante siglos de referencia para la navegación sobre le río. Como su nombre indica es una pagoda hexagonal, consta por tanto de una planta de seis lados que simbolizan los cuatro puntos cardinales, más el cielo y la tierra, lo que todo unido representa a los seis elementos armónicos según la concepción estética de los chinos antiguos. Originalmente la primera pagoda de las Seis Armonias, construida en el S. X contaba con nueve pisos de ladrillo, que alcanzaba la considerable altura de En cuanto a su decoración externa cuenta también con todos los elementos consustanciales a la arquitectura china que se han comentado anteriormente: los tejados curvos, la propia superposición de tejados, puesto que cada uno de los pisos de la pagoda tiene el suyo, las esquinas curvas, y la decoración exuberante y colorista al exterior. Único recuerdo de la antigua stupa india será el remate final del edificio, que conserva el vástago con parasoles superpuestos ensartados, que significaba simbólicamente en el contexto budista el eje del universo. En la de las Seis Armonías el vástago es muy modesto y las paredes se decoran también con figuras talladas de divinidades budistas, animales, pájaros y flores. ![]() Otros artículos de esta sección...
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