| Palacio de Versalles |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Palacio de Versalles.
Le Vau/ d'Orbay/ Mansart/ 1661-1703. La importancia histórica que tiene para Francia el S. XVII se refleja claramente en sus artes. En primer lugar porque el propio auge político del país supone una expansión de las manifestaciones artísticas, sobre todo en el campo del urbanismo y la arquitectura. Pero también se advierte en función de la propia situación política, y así, el mismo absolutismo monárquico se proyecta en el mundo del arte en la creación de las Academias, que desde ese momento impusieron una auténtica dictadura sobre los artistas. Por la misma razón el papel de los reyes que jalonan este siglo en el país vecino (especialmente Luis XIII y Luis XIV) tuvieron un protagonismo destacado en el mecenazgo y en la propia creación artística, en la que nunca faltó un evidente sentido propagandístico del poder, característico de las Cortes absolutistas, que supieron ver tempranamente el papel tan importante que podía jugar la representación artística como eficaz sistema de divulgación de una idea o de una determinada manera de entender el poder. Por ello, Luis XIV está determinado a traslardarse de París y del Palacio del Louvre: no quiere que posibles revueltas populares le alcancen a él directamente. El Louvre además resulta incómodo y más para una Corte que crece sin cesar (hasta 20.000 personas llegaron a constituirla); al tiempo que de esa forma se aislaba también a la nobleza en un lugar apartado para dedicarla a una vida de holganza descarada sin que nadie se enterara, lo que por otra parte era de interés para el rey que así la tenía entretenida y controlada, con lo que evitaba también sus posibles levantamientos. El lugar ideal para esa marcha es Versalles, distante Curiosamente las distintas etapas en que se pueden dividir las sucesivas ampliaciones del Palacio de Versalles, concretamente tres, coinciden con momentos importantes del acontecer político y sentimental del país y del propio rey: La primera etapa entre 1661 y 1668 coincide con la relación amorosa del rey con su amante oficial Louise de La segunda etapa (1668-1678) comienza con ocasión de la firma del Tratado de Aquisgrán (1668) posterior a Luis XIV decide convertir definitivamente Versalles en residencia de La tercera etapa coincide con la firma de Desde 1682 Versalles ya era la sede permanente de En conjunto la obra resulta imponente y desmesurada, tanto por sus medidas y proporciones como por su poderosa monumentalidad. Los exteriores no obstante, aparentan una cierta sobriedad, sobre todo por la reiteración en las formas y sus elementos, que constrasta sin duda con los interiores cuya decoración profusa y recargada, resulta el paradigma del lujo y la ostentación aúlica del llamado estilo Luis XIV y del que fue su principal mentor Charles Le Brun. En definitiva Versalles es el perfecto reflejo de lo que fue el rey Sol y su política, porque es el epicentro colosal de un poder colosal. Un edificio gigantesco donde arquitectura, decoración, jardinería y múltiples obras de arte forman el marco cortesano idóneo no sólo para el trabajo de
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