Patesi Gudea PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

Gudea. Príncipe de Lagash.

Louvre. París.

Periodo Neosumerio. Hacia 2120 a.c.

 

 

La producción escultórica a lo largo del largo periplo histórico de los distintos pueblos mesopotámicos tiene dos formas básicas de expresión: la escultura exenta o de bulto y el relieve. Ambos presentan coincidencias formales y temáticas que otorgan una cierta unidad a todo el amplio repertorio escultórico que se prolonga a lo largo del tiempo y del espacio en el territorio mesopotámico.

De las dos formas de expresión, la más utilizada fue el relieve. La escultura exenta o de bulto queda reducida preferentemente a la producción de imágenes del poder: bien reproducciones de los administradores sumerios; de los patesi, príncipes-sacerdotes de época neosumeria, o retratos reales, como ocurre con numerosos gobernantes de periodos posteriores. Plásticamente las soluciones van variando con el tiempo, pero son constantes algunos tratamientos generales como la disposición frontal, la rigidez, la concepción de bloque de las figuras o la ausencia de movimiento. En cuanto a los materiales utilzados son variados, pero dada la ausencia de piedra en el entorno, son extrañas las grandes obras monumentales que podían verse en el arte egipcio. Se utilizan en cambio otros materiales duros como la diorita, el alabastro, el basalto, etc, pero siempre en proporciones pequeñas, dándole a la figura cánones menores para lo cual se recurre a la disposición de las figuras sentadas o en cunclillas. Sólo los lamasus, asirios y persas, tienen un mayor canon monumental. Por todo lo dicho se explica que también fuera frecuente la utilización de metales fundidos, como el bronce, en la producción artística.

De las piezas exentas conservadas del arte mesopotámico, una de las más conocidas, sobre todo por la proliferación que se hizo de ellas, es el retrato de Gudea, patesi o gobernador de la ciudad de Lagash, durante el periodo denominado Neosumerio, datable alrededor del 2120 a.c. Estamos por tanto ante una de las primeras manifestaciones artísticas en las que la obra de arte se utiliza con una finalidad propagandística, en este caso por igual del poder politico y religioso, pues ambos al parecer coincidían en la figura del patesi, como lo prueban los textos alusivos y su propia iconografía. De hecho en las numerosas representaciones de este patesi conservadas se repite su misma indumentaria y su misma actitud devota. En efecto, luce el patesi una túnica de hombros descubiertos que cuelga sobre sus rodillas a modo de faldellín y que se aprovecha en este caos para localizar allí todos los escritos que en cuneiforme nos informan de su vida y de sus logros políticos. Sabemos por ellos que fue un gobernante durante casi veinte años, que construyó templos y palacios, también obras de irrigación para los campos, y que mostró un interés poco usual entre los gobernantes de su época por cuestiones culturales. Luce también su característico gorro de tipo ceremonial, y adopta una actitud devota, con las manos unidas en gesto de oración. Todo lo cual aúna los símbolos mayestáticos de su poder político con los de su autoridad religiosa.

Desde el punto de vista formal, la pieza responde a las características que ya hemos comentado que son habituales en el estatuaria exenta mesopotámica. Una frontalidad en la composición, una rigidez en la estructuración de la pieza, y un cierto hieratismo expresivo, componentes por lo demás característicos de las primeras fases de la historia de la escultura, en las que encontrar los recursos del movimiento y la multiplicidad de puntos de vista es difícil de conseguir, aparte de que este tipo de soluciones, tan envaradas y estáticas, contribuían también a reflejar la autoridad que debía de presidir el retrato. También contribuye a ello el material utilizado, en este caso diorita negra, aunque otros retratos del mismo patesi son de alabastro, pero siempre materiales muy duros, lo que explica también la geometrización de los rasgos y la estructura de bloque que predomina en todo el conjunto. El material tan duro explica como ya comentamos su disposición sentada y en un canon de pequeño tamaño.

Su descubrimiento se produjo en dos fases. En una primera, en 1877 se descubrió la cabeza, y en 1903 el resto del cuerpo, aunque no se hallaban muy separadas, pues ambas se encontraban entre las ruinas del templo de E-ninnu a 25 Km. al noroeste de la antigua Lagash en la actual Irak. Su descubridor, Ernets de Sarzec, cónsul francés en Basora, llevaría la pieza s su país, razón por la cual hoy puede contemplarse en el Museo del Louvre.

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