Philip Johnson: Sony building PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

”Edificio Sony”. (Antiguo AT&T).

Ph. Johnson & Burgee Architects.

New York. 1982

 

Al abocar la década de los ochenta está claro que el Movimiento Moderno parece un proyecto acabado, sobre todo a partir de las críticas que desde la teoría y la constructiva han desarrollado autores como Robert Venturi o Charles Moore, cuyas obras algunos consideran ya propiamente postmodernas. Se critica abiertamente su excesiva frialdad, su diseño reiterativo y por ello aburrido, y su distanciamiento con el público no especializado. Por ello se aboga ahora por una arquitectura variada, imaginativa, divertida incluso, y próxima a esta sociedad nuestra cada vez más superficial, relativista y en la que parece haber desaparecido cualquier tipo de ideología. Y así, al Less is more (“menos es más") de Mies van der Rohe, que sellaba el principio básico de la arquitectura racionalista, base del Proyecto Moderno, ellos oponen el less is a bore (“menos es aburrido”) de R. Venturi.

A partir de aquí, el lenguaje arquitectónico empleado por los primeros postmodernos como Philip Johnson o Michael Graves, tratará de aunar el código cultista, que no desaparece, a base de referencias historicistas sobre todo, combinado con toda una serie de recursos “populares” que aproximen este lenguaje al común de los públicos y lo haga así reconocible y asimilable. No faltan tampoco los guiños ofrecidos a la sorpresa, la ironía, el humor, que hagan también atractivos estos edificios. En cuanto a esas referencias historicistas las hay muy variadas según criterio de los arquitectos, pero prevalecen notoriamente las referencias clásicas. A veces tomadas con cierto purismo y a veces utilizadas con sentido kistch o humorístico.

Uno de los estereotipos constructivos que va a cambiar radicalmente a partir de la postmodernidad va a ser el de la tipología del rascacielos tradicional. El modelo invariable promovido por Mies van der Rohe de prisma acristalado mediante un muro cortina, se va a ver ahora alterado y transformado de múltiples maneras en un alarde de creatividad e imaginación.

Uno de los ejemplos más emblemáticos y espectaculares es el AT&T Building de Philip Johnson, hoy Sony building. Un arquitecto que ya para entonces disfrutaba de un prestigio que le convertía en uno de los principales padrinos de la arquitectura americana. De su reputación da idea el precio que según parece se le pagó por esta obra, unos 200 millones de dólares. Aunque dicha trayectoria siguió caminos muy diferentes desde sus comienzos, no hay que olvidar que Johnson nacido en 1906, tenía ya 76 años cuando realiza este edificio, prototipo de la posmodernidad arquitectónica. Atrás quedaban algunos ejemplos que demuestran su proximidad al Estilo Internacional, como su famosa Glass House en New Canaan (Connecticut) de 1949, o el IDS Center en Minneapolis de 1973. Al fin y al cabo había sido ayudante de Walter Gropius cuando este trabajaba en su exilio de Harvard, y tampoco debe de olvidarse que participa como coautor junto a Mies van der Rohe del Seagram Building de Nueva York, muestra paradigmática del rascacielos clásico y de su vinculación al Estilo Internacional. Pero es cierto que con la década de los ochenta el estilo de Johnson se adhiere al proyecto posmoderno y así surgen otros ejemplos igualmente emblemáticos como el que hoy nos ocupa, así el Nacional Bank Center de Houston de 1983, o el famoso Lipstick tower situado en la calle 53 con la Tercera avenida de Nueva York de 1986, Ya octogenario aún construiría hermosos modelos posmodernos como el One Atlantic Center de Atlanta, el Comercial tower de Detroit, o en España la Puerta de Europa construida en Madrid y terminada cuando ya tenía 92 años. Moriría algunos años más tarde, en 2005, a los 98 de edad.

El Sony building es un proyecto novedoso e imaginativo, brillante e irónico. En realidad lo que hace Johnson es construir en medio de la Madison Avenue de Nueva York, un inmenso armario de cajones apoyado sobre delgadas patas y un “faldón” mural, y rematado por un frontón partido por dos volutas. Claro, no todos lo vieron así. Tal ruptura con el modelo habitual de construcción en altura fue muy criticado y tachado burlonamente de ser mas bien una inmensa cabina telefónica, con su ranura en lo alto para la moneda y la caja de devolución en el enorme arco de la parte inferior.

La idea de Jonhson no obstante, resultaba tremendamente atractiva. Primero por su lectura irónica: al fin y al cabo los ejecutivos de la poderosa AT&T trabajaban encerrados en gigantescos cajones y los viandantes neoyorkinos eran verdaderos liliputienses debajo de este descomunal armario. Pero además, el edificio sobresalía por encima de todos y no por su altura, sino por su originalidad y su indudable monumentalidad. Porque el Sony Building sabe compaginar esta visión desenfadada en construcción, con una rotundidad de líneas y una solidez formal que lo hacen a la par de un enorme severidad.

No faltan, como no podía ser de otra forma tratándose de un edificio postmoderno, los resabios historicistas: el remate en frontón partido por volutas retoma una iconografía claramente clásica; el faldón mural que sirve de fachada al edificio recuerda la Capilla Pazzi de Brunelleschi; el vestíbulo interior aúna el concepto espacial románico y la decoración en opus reticulatum del arte romano, y se concibe también una sala hipóstila de tipo Neoclásico. Pero para que tanto cultismo no solape el tono sarcástico que tiene esta forma de entender la arquitectura, en este mismo vestíbulo tan lleno de referencias históricas, se coloca en medio una escultura de dudoso gusto, el Golden Boy, que allí, elevado sobre un pedestal, le da el tono vulgar que tampoco suele faltar en un edificio postmoderno.

 


 

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