Polimedes: Cleobis y Bitón PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   
"Cleobis y Bitón"

Polimedes
610-580 a.c. Museo de Delfos


El origen de la escultura en Grecia es difuso porque no se han conservado muchas piezas, pero sí quedan restos al menos de unas pequeñas estatuillas de madera con una función votiva, las llamadas Xoanas, que estarían en el germen de las primeras esculturas en piedra. De todas formas parece que las primeras manifestaciones estatuarias se darían en Creta, con imágenes votivas normalmente femeninas y de culto a la fertilidad, así como en las mencionadas Xoanas.

Posteriormente aparecerán los dos modelos característicos de la primera estatuaria griega en piedra: Los KURÓS, imágenes masculinas y las KORÉS, muchachas vestidas con la indumentaria griega, que en ambos casos actuarían como piezas de devoción o exvotos de carácter religioso. Unos y otras aparecen en torno al 600 a.c y les caracteriza una tendencia reiterativa a la rigidez, al sentido de bloque del que no parecen poder desprenderse y una composición de tipo frontal. Predominan los elementos geométricos en la soluciones anatómicas, imponiendo a la vez una estética de músculos poderosos y ojos globulares, así como una característica sonrisilla muy arcáica.

Los primeros Kurós suelen ser de notables dimensiones imitando claramente modelos egipcios, es el caso del grupo de Cleobis y Bitón de Delfos o el Kurós de Naixos de 9 m. de altura. Con posterioridad y especialmente en los talleres atenienses, las tallas se hacen menores y con una mayor libertad en su ejecución.

En todos predomina la rigidez y la frontalidad ya mencionadas, tímidamente compensada por la posición de un pie adelantado, que por cierto, manifiesta de nuevo una clara influencia egipcia. El cuerpo se reduce a una formulación esquemática, con las rótulas muy aristadas; el ángulo inguinal muy geométrico, y los pectorales muy poco formados. Si bien a pesar de estos convencionalismos se reconoce en el Kuró un cuerpo terso, capaz de trasmitir una patente sensación de tensión compositiva.

La expresión muy difícil de ajustar en estos primeros tiempos, ya perfila el ethos que caracterizará toda la escultura posterior y en especial la plenamente clásica, si bien frecuentemente se conforman, como hemos dicho con una sonrisilla arquetípica, no siempre afortunada. Los ojos grandes y misteriosos, las orejas en forma de volutas y el cabello profusamente trabajado por ser un elemento de gran importancia ceremonial, completaban el repertorio expresivo de los rostros de estas primeras esculturas.

Como ejemplo de todo ello hemos elegido una de las piezas anteriormente mencionadas, que son de mayor tamaño y por tanto más espectaculares: el grupo de Cleobis y Bitón, que como nos indica la inscripción que preside su basa, es obra del escultor Polimedes, que debió tallarlos entre el 610 y el 580 a.c. aproximadamente.

Estos dos personajes nos cuenta Herodoto que eran hijos de una sacerdotisa del Templo de Hera, en Argos. Cierto día debían de subir a su madre al santuario que estaba en alto, pero como quiera que los dos bueyes que uncidos al carro debían de tirar de él para subir a la madre, tardaban en llegar, los dos hijos, por amor a su madre y de consagración al deber, no tardaron en uncirse ellos mismos al carro sustituyendo a los bueyes, trasladando así a su madre a una distancia de 45 estadios (unos 8 Kms.) y cuesta arriba. Después, al acabar el esfuerzo, la diosa Hera, orgullosa de los hijos de su sacerdotisa, en premio al esfuerzo les otorgó a los dos hermanos el sueño eterno.

En la pieza los dos jóvenes aparecen representados en un tamaño que como ya hemos indicado es superior al normal, más de dos metros de alto, cuando las tallas normales suelen oscilar entre el medio metro y el metro. Su tipología y composición es la habitual en los Kurós: rigidez, frontalidad, sentido de bloque y pierna adelantada, en este caso con más motivo, pues son el recurso expresivo para trasladar al espectador la actitud resuelta y valiente de los hermanos dispuestos a tirar el carro. Como es igualmente habitual, están desnudos, y con los brazos pegados al cuerpo y los puños cerrados, postulando de esta forma esa sensación de tensión compositiva a la que antes nos referíamos.

En cualquier caso no se trata de unos Kurós arquetípicos, porque aparte del tamaño, este grupo tiene algunas singularidades: en este sentido impresiona la robusta y atlética talla de los cuerpos y su vigorosa musculatura, así como una expresión que sin peder sus recursos estereotipados, adquiere en este caso un tono de mayor agresividad, ligado a la iconografía que nos representan.



 

 

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