| Portada de Saint-Pierre de Moissac |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Portada de Moissac. Francia. 1120-1135. La escultura románica se desarrolla principalmente en los espacios que le proporciona la arquitectura, de la que será su principal soporte ornamental y a la que se adapta de forma estricta. Esculturas en relieve la mayoría, que beben de influencias romanas en muchas ocasiones y que siguen un criterio de densidad figurativa que frecuentemente deriva en motivos de horror vacuii. Se advierte especialmente este planteamiento escultórico en las portadas de las iglesias románicas, en las que se imponen las normas que definen el estilo: adaptación formal al marco arquitectónico; contenido religioso; soluciones plásticas características, tendentes al expresionismo muy poco naturalista; y distribución de las imágenes de forma abigarrada que hemos dado en llamar en horror al vacío. Pero puesto que las portadas son sin duda el punto más importante donde se concentra la mayoría de los programas escultóricos de un edificio románico, habrá que distinguir sus principales espacios. Dentro de ellas cabe distribuir tres zonas: El Tímpano, donde se localizan habitualmente las representaciones más importantes: Cristo en Majestad y los cuatro Tetramorfos (San Mateo-Hombre; Marcos- León; Lucas-Buey; San Juan-Águila.); Los veinticuatro ancianos (Símbolo de la virtud de los hombres premiada con larga vida. Se representan los 12 apóstoles más los 12 patriarcas de Jerusalén); El tema de En las arquivoltas suelen situarse los veinticuatro ancianos; temas del bestiario románico, o temas historiados; escenas del Antiguo y Nuevo testamento, o simple decoración vegetal o geométrica. En Jambas y Capiteles, también temas historiados del Antiguo testamento (veterotestamentarias); vidas del Santo al que está dedicado el templo, etc. En todos los casos estas imágenes están marcadas por una impronta estética basada en un arte de símblos, fuertemente expresivo y antinaturalista, que modela las imágenes deformándolas, sin representación de volumen real, sin canon de proporcionalidad, y definidas por su rigidez y ausencia de movimiento. Insistiendo siempre en su simplicidad para su mejor entendimiento, y en su intensa carga espiritual. que les aleja de una represenatción del mundo real. Por lo que se refiere a Iconográficamente preside la portada un inmenso tímpano (de 5' La solución gestual del Pantocrator transmite con su fuerte expresionismo toda la intensidad espiritual que acompaña la contemplación de su imagen. En cuanto a los Cuatro tetramorfos es curiosa la diferente calidad en la representación de los distintos símbolos: el Ángel de San Mateo; y el buey de San Lucas, está resueltos con naturalidad y acierto porque no eran imágenes extrañas a la hora de encontrar modelos para su realización. Pero no ocurre lo mismo con el águila de San Juan y el león de San Marcos, en los que está claro que sus autores en su vida habían visto ni uno ni otro animal. El águila está cubierta de escamas y más parece un armadillo, y el león nos recuerda un anfibio. Aunque también podría tratarse de la tendencia igualmente característica a representar el bestiario de la época con toda su simbología. El dintel está decorado por ruedas de fuego que simbolizan las llamas infernales del Apocalipsis En el parteluz también se desarrolla un programa escultórico caracterizado por su estricta adaptación al marco arquitectónico. La jamba del parteluz presenta festones a modo de olas, con "mordeduras" o picos en sus laterales a los que se adaptan perfectamente las imágenes de Jeremías a un lado y San Pedro al otro. En el caso del primero, la adaptación al marco resulta un paradigma del estilo románico: su cabeza se acopla a uno de los festones; la cadera se apoya en otra; sus rodillas cruzadas en otra, y los pies en la inferior. Todo lo cual obliga a un alargamiento del canon muy desproporcionado, pero indicativo de esta norma tan característica de la escultura románica, en este caso además alcanzando en su solución una indudable belleza. También en esta misma zona del parteluz observamos tres parejas de leones rampantes, dispuestos transversalmente, que sujetan el dintel. Algunos expertos los relacionan con Cristo pero también podrían aludir a un símbolo del mal.
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