| Pórtico de la Gloria |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Pórtico de
Maestro Mateo.Catedral de Santiago de Compostela. S. XII
El Pórtico de La portada original abierta en este lado occidental de En cualquier caso y como ya se señaló en el comentario referido a Esta reforma de las naves y del nuevo acceso al templo se produce en el último tercio del S. XII y en pleno apogeo del Camino de peregrinación. Se encarga la obra a un nuevo artífice, el Maestro Mateo, que en primer lugar debe de salvar el desnivel existente en el terreno a los pies de la iglesia, razón que se arguye como el motivo que habia impedido terminar el templo, para lo cual se construye por ello la famosa cripta de la catedral, que de esta forma salva el desnivel y sirve además de basamento a la portada; se amplian las naves, y se levanta el nuevo pórtico. Es aquí donde la obra del Maestro Mateo en el plano escultórico alcanza su máximo esplendor. Desde el punto de vista iconográfico ya se puede establecer una primera lectura entre los tres grandes niveles en que se ha estructurado la nueva construcción, de tal forma que la cripta vendría a simbolizar el mundo terrenal; el Pórtico, Por su parte el programa escultórico se articula alrededor de tres grandes arcos: el central está dividido por un parteluz o mainel en el que se representa el Árbol de Jessé (supuesto árbol genealógico del Mesías), sobre el que aparece Santiago acogiendo bondadoso al peregrino. En el Timpano aparece Cristo Juez con los brazos abiertos, mostrando así las llagas, y rodeado de los Evangelistas, representados como Tetramorfos. El remate, se identifica con Los arcos laterales carecen de tímpano, y en ellos se identifica, a la izquierda temas del Antiguo Testamento, como Adán y Eva, el cautiverio de las tribus de Israel y diversos profetas, y en el de la derecha, el Juicio Final. Por último, tanto en las pilastras que separan las arquivoltas, como en los arcos exteriores, se utilizan estatuas-columnas en las que se representan profetas a la izquierda y apóstoles a la derecha. Finalmente en la parte inferior del parteluz, de espaldas al Pórtico y de frente al altar de Aunque si no para Dios, sí para el hombre es una obra verdaderamente excelsa. Lo es además por numerosos motivos. En primer lugar por su talla renovadora y de unas calidades únicas, en las que destaca su novedoso naturalismo. También por su capacidad rítmica, logrando un nivel de captación del movimiento, especialmente a través del juego de paños y de la interrelación psicológica de los personajes, que sobre todo en las piezas realizadas en las jambas de la portada, logran romper con uno de los axiomas más característicos de la escultura románica, el de la total adaptación de las figuras a su marco arquitectónico. Por el contrario, en el Pórtico de Por otra parte, el tratamiento anatómico es además mucho más realista y el trabajo de los pliegues enormemente dinámico, con caídas elegantes y muy naturales, sin olvidar el cromatismo intenso de las piezas, que aunque perdido, realzaría aún más su naturalismo. El volumen de las figuras es también mayor y ello añadido a la sonrisa sempiterna que alegra todos los rostros, está cargando ya la escultura de un tono humano y más sensible que será característico de la nueva estética de la escultura gótica, adelantándose así a su tiempo en la configuración de un nuevo estilo. Por todo ello el Pórtico de
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