| "Leona herida". Arte asirio. S. VII a.c. |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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"Leona herida". Museo Británico. S. VII a.c.
La producción escultórica a lo largo del largo periplo histórico de los distintos pueblos mesopotámicos tiene dos formas básicas de expresión: la escultura exenta o de bulto y el relieve. Ambos presentan coincidencias formales y temáticas que otorgan una cierta unidad a todo el amplio repertorio escultórico que se prolonga a lo largo del tiempo y del espacio en el territorio mesopotámico. De las dos formas de expresión, la más utilizada fue el relieve. La escultura exenta o de bulto queda reducida preferentemente a la producción de imágenes del poder: bien reproducciones de los administradores sumerios; de los patesi, príncipes-sacerdotes de época neosumeria, o retratos reales, como ocurre con numerosos gobernantes de periodos posteriores. Plásticamente las soluciones van variando con el tiempo, pero son constantes algunos tratamientos generales, como la disposición frontal, la rigidez, la concepción de bloque de las figuras o la ausencia de movimiento. En cuanto a los materiales utilizados son variados, pero dada la ausencia de piedra en el entorno, son extrañas las grandes obras monumentales que pueden verse en el arte egipcio. Se utilizan en cambio otros materiales duros como la diorita, el alabastro, el basalto, etc, pero siempre en proporciones pequeñas, dándole a la figura cánones menores. Sólo los lamasus (toros alados protectores de las entradas a los palacios persas y asirios), tienen un mayor canon monumental. Por todo lo dicho se explica que fuera frecuente la utilización de metales fundidos, como el bronce, en la producción artística Por su parte el relieve, mucho más utilizado como forma de expresión plástica en todos los periodos de la historia mesopotámica, desarrolla una mayor variedad de temas y de soluciones técnicas. La mayoría tienen un carácter narrativo, haciendo así relato de múltiples actividades, desde las más trascendentes como la guerra o las hazañas de sus reyes, hasta las más cotidianas, como trabajos domésticos o labores de campaña militar. En todos se aprecia la utilización de numerosos convencionalismos, tanto para la solución plástica de sus formas de expresión como para desarrollar su narrativa, y que son más numerosos entre los más antiguos. Cabría citar entre otros, la perspectiva torcida, al modo egipcio, sobre todo en las figuras, representadas con la cabeza y piernas de perfil y el cuerpo de frente; la utilización de registros para ordenar la sucesión narrativa; o la ausencia de perspectiva. Pero no es menos cierto que en determinados momentos de la historia artística de los pueblos mesopotámicos el relieve alcanza un nivel técnico y plástico extraordinario, convirtiéndose como en el caso del arte asirio, en una verdadera seña de identidad cultural. En efecto, los relieves asirios podemos considerarlos una de las aportaciones artísticas más importantes del Próximo Oriente. En primer lugar constituyen un registro narrativo de un enorme interés histórico, porque relatan visualmente y de forma fidedigna todo tipo de acontecimientos, lo mismo hechos de armas y campañas militares, que escenas de carácter cotidiano. Pero también tienen un gran interés desde el punto de vista puramente artístico: no faltan recursos plásticos de representación variados y a veces complejos: la movilidad de las escenas; el sentido del movimiento que adquieren las figuras; la representación figurativa de los cuerpos, tanto de animales como de personas, que resulta muy naturalista en muchas ocasiones; y sobre todo su extraordinaria capacidad expresiva, si no tan evidente en las figuras humanas, sí en las de los animales. Aún así no faltan convencionalismos tradicionales: como la ausencia de perspectiva, la proyección de la profundidad a través de la repetición de perfiles o miembros, o la narración en registros, que también se utiliza en ocasiones. En cualquier caso, se pueden apreciar diferencias según las distintas etapas históricas en las que se realizan. Así, los primeros relieves de importancia realizados hacia el S. IX a.c. en tiempos de Assurnasirpal II, frecuentan temas religiosos, como la figura simbólica de los genios alados, sin que se advierta aún un excesivo protagonismo de los reyes. Son figuras estáticas, pero el naturalismo de las anatomías es ya de gran mérito. En época de Salmanasar III, aún en el S. IX, son famosas las puertas de su palacio, forradas con relieves en bronce (las famosas Puertas de Balawat) en los que se reproducen acciones militares y hazañas del propio rey, destacando especialmente por el cruento realismo que alcanzan las imágenes de las torturas y castigos que infringían a sus enemigos. Son muy impresionantes, pero formalmente de menor calidad. Durante las etapas siguientes, el relieve asirio mantendrá su importancia narrativa, en ocasiones con textos cuneiformes sobre el relieve de la imagen, y acentuará el carácter propagandístico de sus reyes, hasta alcanzar su punto culminante en tiempos de Asurbanipal, ya en el S. VII a.c., en el que proliferan escenas de caza e imágenes de animales. Formalmente mantienen un estilo muy tradicional: en las composiciones, muy simétricas; la figuración, un tanto estática; y la utilización de los convencionalismos habituales, pero no es menos cierto que su realismo escénico, el modelado muy naturalista de las imágenes y la expresividad de las fieras, hacen de estos relieves tal vez los más famosos de todo el arte asirio. El relieve de la “leona herida” es uno de los más famosos y conocidos de todo el amplio repertorio de los relieves asirios. Se inscribe entre los relieves de tipo cinegético o de escenas de caza, que se desarrollan en tiempos de Asurbanipal, por tanto ya en el S. VII a.c. Sabemos que este tipo de escenas son habituales en las representaciones de la época, y no sólo como una simple demostración de las habilidades del rey en una acción deportiva, por el contrario, la caza de leones y animales salvajes encuentra en la cultura asiria una valoración ritual y simbólica, y además permite al rey aparecer ante su pueblo como un protector de la sociedad, puesto que acaba con los animales que se consideraban destructores del orden y la civilización. Por ello son muy abundantes las escenas de caza con el rey como protagonista, pero también hay relieves que toman como único protagonista al animal aisladamente, aunque siempre heridos y vencidos ya por las flechas. Así, los relieves del león moribundo, animal que agoniza mientras expulsa sangre por sus fauces, y sobre todo, esta leona herida, asaeteada por todo el cuerpo, pero con una flecha clavada en su columna vertebral, que la obliga a arrastrar sus patas traseras rugiendo de impotencia. En uno y en otro, pero sobre todo en este último, se demuestra el nivel artístico alcanzado por los artífices de estas piezas, porque tanto su extraordinario realismo, patente en un minucioso estudio de la anatomía y del movimiento realmente excepcionales, pero sobre todo su expresionismo dramático, alcanzan aquí cotas inimitables. ![]()
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