"Muchacha con mandolina" P. Picasso PDF Imprimir Correo
Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   
Miércoles, 13 de Junio de 2007 10:11
"Muchacha con mandolina"
Pablo Picasso
MOMA. N.Y. 1910

    La tesis fundamental del Cubismo es lo opuesto a las teorías de impresionistas y fauvistas, para los que privaba el valor cromático por encima de la valoración de las formas. Para los cubistas por el contrario, lo importante son las formas, y no sólo como las vemos, sino como sabemos que son. Lo que importa por tanto en la representación de las cosas, es su esencia, lo sustantivo, aquello que hace que siempre sean ellas mismas y por tanto iguales, por más que la luz pueda hacer variar su imagen.

    Esta visión totalitaria y esencial de las cosas, obliga en primer término a reducir los objetos a sus formas geométricas esenciales, tal y como ya había hecho Cézanne, que de esta forma se convierte en una referencia fundamental sin la que no podría explicarse el cubismo. Pero no basta sólo con reducir los objetos a sus formas básicas y geométricas. Hay que introducir en el cuadro la representación absoluta de los objetos, es decir su visión plasmada desde todos los puntos de vista. Esta premisa obliga a la descomposición de la figura en múltiples elementos prismáticos que nos permitan contemplar a la vez todos los ángulos posibles de una misma figura.

    Pero tampoco basta con esto. Si de verdad queremos transmitir en la imagen una visión auténticamente total de las cosas, no será suficiente con las tres dimensiones del espacio, habrá que introducir también la cuarta dimensión, es decir, el tiempo. Ahora bien, no se trata de representarlo deteniéndolo, como hacían los impresionistas, sino por el contrario expresando su continuidad. De otra forma resulta contradictorio, porque el tiempo que es siempre devenir y que jamás se para, ¡cómo se puede representar deteniéndolo! Para ello habrá que plasmar también en la pintura la sucesión múltiple de visiones que un objeto experimenta en distintos momentos. Es decir, que hay que representar el objeto moviéndose, lo que sólo es posible hacer plasmando imágenes sucesivas de una misma figura a base de compartimentar sus distintas estructuras o partes.

    Por todo ello, el Cubismo supone la plasmación de la realidad mental o intelectual de las cosas, que de esta forma no se representan como vemos que son, sino descompuesta en múltiples planos y prismas, producto de la visión desde múltiples puntos de vista y de la sucesión temporal que mueve constantemente esas figuras. Y las cosas, aunque no las veamos así, también son así, porque la realidad que nos circunda no existe nada más que en nuestro pensamiento y es por tanto y ante todo, una realidad meramente intelectual. Aspecto éste que los cubistas quieren subrayar por encima de todo.

    No es de extrañar así que los cubistas en general y Picasso en particular despreciaran por superficial y frívola la pintura de impresionistas y fauvistas, es decir, la pintura sólo inspirada en lo que los ojos ven.

    A esta nueva y revolucionaria concepción de la pintura se la denominó Cubismo Analítico, pero la evolución de este cubismo en un intento de colmar la pintura aún de mayor realismo derivará en la aparición del Collage, o aplicación de elementos reales como recortes de papel, madera, etc, al lienzo.

    Más adelante, esta misma ansia de realismo determinará la representación de las formas reducidas a planos, más ricos de color y con un mayor encanto poético. Esta nueva tendencia se denominará Cubismo Sintético.

    Las derivaciones de este movimiento serán múltiples : desde el Orfismo de Delaunay, al tubismo de Léger, las obras más o menos personales de Duchamp, Picabia, Metzinger, Feininger, o las tendencias más figurativas de María Blanchard o el pintor mejicano Diego Rivera.

    En cualquier caso ha quedado claro que el Cubismo es una aportación personal del genio pictórico de Pablo Picasso, que iniciaría esta nueva andadura expresiva a partir de una obra emblemática que debe considerarse el manifiesto del Cubismo: “Las señoritas de Avinyó”. Con anterioridad, Picasso se había visto atraído por el Expresionismo, aunque también por otras muchas corrientes, incluidas algunas tan exóticas como el arte ibérico y el africano. Son estas influencias, su rechazo rotundo al concepto pictórico de impresionistas y fauves y el magisterio de Cézanne, lo que explican la trayectoria cubista iniciada por Picasso en 1907 con el cuadro de las Señoritas de Avinyó. Pero Picasso no se estancó en un único estilo o forma de expresión, sus innovaciones posteriores fueron continuas, el Collage, el Cubismo sintético, etc, y aunque el cubismo quede siempre latente en toda su obra, no cesará de aventurarse en nuevas experimentaciones. Así vuelve años más tarde a un clasicismo miguelangelesco, al que aporta su vena expresionista y un matiz personalísmo. También crea decorados y vestidos para el ballet ruso de Diaghileff, e incluso hace incursiones muy afortunadas en el campo de la escultura.

    Hemos elegido para su comentario una de las múltiples obras que realiza entre 1907 y 1912, momento álgido de su producción cubista, en nuestra opinión una de las más poéticas y hermosas, porque a pesar de que el Cubismo aporta en esta obra todo su caudal de complejidad formal y abstracción intelectual, la figuración también está presente en este cuadro con toda su delicadeza y sensibilidad.

    Por supuesto, no faltan todas las derivaciones cubistas: la figura descompuesta en cubos y prismas, la maraña de líneas entrecruzadas y formas geométricas; o la reducción de color a una serie de tonalidades, dentro de una misma gama de ocres o grises. En cierto modo, podemos decir que la muchacha con la mandolina es un pretexto para desarrollar una composición meramente plástica. Es pintura pura. Es la belleza de las formas y los colores. Es poesía plástica pura, porque en el intrincado laberinto de prismas y cubos, de líneas curvas y rectas, se identifican la cara, el cuerpo, la mandolina..., pero no es eso lo que hay que ver. Es la belleza de las cosas reducidas a su esencialidad, una mera abstracción de la realidad.

    De aquí a la abstracción pura ya no habría más que un paso, en este caso, la figura encantadora de esta muchacha, absorta ella también en la contemplación de su mandolina.



Última actualización en Jueves, 03 de Abril de 2008 18:44
 

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