"Togado Barberini" PDF Imprimir Correo
(1 voto, media 5.00 de 5)
Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   


”Togado Barberini”

 

Museos Capitolinos. Roma. S. I a.c.

 

 

 

La escultura romana se desarrolló a lo largo de su Historia bajo el doble auspicio de la influencia griega por un lado y de la etrusca por otro. Y no sólo debido a la admiración que los romanos prodigaron por ambas, especialmente por el arte griego, sino por su propia limitación a la aventura de la plástica, que pareciera ajena a sus criterios vitales. Así como la arquitectura y la ingeniera se asumieron como una necesidad útil y gracias a ello dieron pie a una aportación insuperable en esos campos, en el terreno de la escultura y la pintura, tan distantes sus valores prácticos, los romanos prefierieron dejarse arrastrar por los logros de quienes ya habían demostrado su valía. Con todo y con eso, un elemento de utilidad sí que le encontraron a la expresión plástica de la escultura, el de la perpetuación en el tiempo del recuerdo de quienes eran reproducidos en piedra o en bronce, bien con una finalidad funeraria o bien como elemento propagandístico. En el primer caso esto dio pie a una de las manifestaciones escultóricas más genuinamente romanas, el retrato funerario, y en el segundo al aprovechamiento político del retrato republicano primero e imperial después.

 

Como género propio, el retrato entronca con la tradición etrusca de las Imágenes maiorum o mascarillas de difuntos hechas de cera o yeso y tomadas directamente de la cara del difunto, que se perpetúan en Roma y que explican la capacidad de verismo y de realismo físico y gestual del retrato romano. Suelen ser representaciones de busto y hay que destacar que tan importante como el realismo físico de los retratados lo es también su profundidad psicológica. No obstante y dado el origen de dichas imágenes no faltaba una cierta rigidez gestual, un aspecto inerte y un cierto rictus cadavérico. Con posterioridad esta disponibilidad de las imágenes maiorum, reservadas originalmente únicamente a los patricios, se extenderá también a los plebeyos, siendo frecuente asimismo la utilización de materiales más duros y por tanto más duraderos en su factura, como la terracota.

 

En la época republicana esta capacidad es aprovechada por la aristocracia para inmortalizar sus propias efigies. Posteriormente, el mismo sentido propagandístico que muestra el Poder en el ámbito de la arquitectura, se refleja también en el retrato de emperadores y personajes vinculados a la Corte. Son por ello numerosísimos los retratos romanos, tanto de época republicana, referidos en este caso a nombres de patricios muchos de ellos desconocidos, como de época imperial, donde no hay Emperador o personaje de su entorno que no cuente con un retrato, fiel reflejo de sus rasgos, de su personalidad e incluso de ciertos aspectos anecdóticos en cada época como el peinado o el vestido.

 

De época republicana por tanto es el retrato de este desconocido romano que porta los bustos de sus antepasados, y que se conoce como Togado Barberini.

 

Fueron muy habituales como hemos dicho este tipo de retratos de patricios durante esta etapa, perpetuándose también durante la etapa augustea. La mayoría pertenecerían probablemente al orden ecustre, todos concebidos y ejecutados con el mismo realismo que es habitual en el retrato romano de cualquier época.

 

Se trata en este caso de uno más de los numerosos retratos de cuerpo entero y togados que proliferaron entonces, aunque en este caso presenta no obstante una curiosa singularidad, porque al portar en cada mano los retratos de sus antepasados nos está demostrando la importancia que para el pueblo romano de cualquier época y desde tiempo de los etrsucos tenía el retrato dentro del ámbito funerario.

 

Por otra parte es también un auténtico documento de la tradición, todavía viva, de las Imágenes maiorum, porque la facilidad y naturalidad con las que este desconocido porta los retratos ancestros demuestra la livianidad de aquellas imágenes, que en origen no podían ser ni de piedra ni de bronce, sino de cera o de barro.

 

Desde el punto de vista plástico, se perpetúa un estilo de tradición griega en la solución formal de la figuración, con un ligero contraposto en la posición del cuerpo, y un trabajo prolijo en los paños que consigue un efecto elegante y vivaz de luces y sombras, muy expresivo y lleno de naturalismo, con sus pliegues de amplias oquedades y dobleces profundos. A lo cual se añade el ya comentado realismo de los retratos, que constituye la seña de identidad de su procedencia romana. Diferentes los tres entre sí, marcados sus rasgos físicos y de personalidad y que compositivamente completan un perfecto triángulo que termina de estabilizar la figura.


 



 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar