R. Lichtenstein: "Mujer en el baño" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Mujer en el baño.

R. Lichtenstein.

Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. 1963.


El arte pop es un fenómeno artístico y cultural íntimamente ligado al cambio sociológico que se produce en la década de los años sesenta del S. XX y que se encuadra en el contexto artístico de las Neovanguardias, que responden con una creatividad carente de pasión al arte lleno de sentimiento que habían definido los Informalismos.

De todas las Neovanguardias, entre las que se inscriben movimientos como la Abstracción postpictórica, el Arte öptico y el Arte Cinético, el Neodadaísmo, el Minimalismo, o el Hiperrealismo, tal vez sea el Pop art el que alcance un mayor grado de desenfado y frivolidad, llegando a convertirse para muchos en una mera ilustración, a veces simpática y a veces divertida, del entorno social de los sesenta. Por ello mismo sus motivos de inspiración eran tan variados, como los mitos de Hollywood, la publicidad o el cómic, que aquellos jóvenes pintores del momento convirtieron a su vez en iconos de una época.

De hecho, ellos mismos encarnan aquella etapa irrepetible y sus nombres definen aquellos años: Andy Warhol industrializando con sus serigrafías el mundo del arte; Tom Wesselmann, ironizando sobre el mundo del sexo y la libertad de costumbres que se abrían paso en aquel entonces entre barreras de puritanismo, y Roy Lichtenstein, que encuentra en el lenguaje del cómic el medio de creatividad artística con el que renovar el arte del momento.

Roy Lichtenstein (Nueva York 1923-1997) utiliza un método de trabajo que busca precisamente, como todas las Neovanguardias, un distanciamiento entre la obra de arte y el autor, “enfriando” de esta manera el proceso artístico, y aunque esto también parezca que es como en el caso de Warhol, una simple industrialización del proceso artístico, no es así, ni tampoco es una falsa copia de imágenes reales de cómics como se le ha criticado.

El proceso en concreto seguía los siguientes pasos: con un proyector de opacos agrandaba la imagen original que iba a servirle de soporte, sobre la imagen proyectada, Lichtenstein la remodelaba, la retocaba y le daba su sello personal, reforzando habitualmente su fuerza expresiva y su impacto visual. Completaba la imagen acentuando los trazos, utilizando las tintas de la imprenta (la cuatricromía de amarillo, rojo, azul y negro sobre blanco) aplicaba el color, siempre plano, y finalmente imitaba la trama de puntos que asemejaba la obra a una viñeta de cómic con la colaboración de un ayudante, como hacían los clásicos. Un proceso cuyo resultado él mismo explicaba así: “Los signos y las tiras de cómic son interesantes como tema. Hay algunas cosas en el arte comercial que son útiles, pues están llenas de fuerza y vitalidad”.

Podría pensarse después de lo dicho que su trabajo consistía en una simple copia, pero no es del todo exacto, porque de la imagen original al cuadro terminado había muchas diferencias, las que el autor había ido introduciendo en todo su proceso de trabajo. La obra de Lichtenstein a partir del cómic, en primer lugar resulta de una enorme personalidad, como ocurre con cualquier cuadro del estilo que sea, y en segundo lugar tienen dos grandes virtudes, su indudable belleza formal y su enorme fuerza expresiva, a pesar de su aparente frialdad. Una y otra surgidas del dibujo preciso y nítido, del encanto con que las dotaba su autor y de su colorido plano e intenso.

Los temas siguen siendo banales y su tratamiento siempre sobrio y sencillo, pero eso no impide que sean también al mismo tiempo, de un indudable impacto visual.

En este caso en concreto, la obra, como todas las suyas, tiene como base otra imagen, probablemente sacada de la publicidad, aunque algunos especialistas ven otras influencias, inlcuida la del grabado japonés y más concretamente de Hokusai, que como él, recorta el encuadre de la figura que de esta forma no se ve completa, lo que refuerza el protagonismo del rostro y con ello de su expresividad. Lo demás es puro Lichtenstein, tintas planas, color reducido, nitidez en el trazo, claridad en el dibujo, y en este caso concreto un indudable encanto en la imagen que nos hace tan atractiva la figura, sin perder por ello ese aire de banalidad, de insulsa autocomplacencia con la que esta mujer en el baño es el símbolo perfecto de una sociedad de consumo igualmente banal, autocomplaciente y tan simple y tan feliz de verse a sí misma tan hermosa.


 

Comentarios  

 
#1 gatilla 13-04-2011 16:47
me pareze jenial esta web...(L):)
un beso a todos los chicossss
i love we (L)grandes besos muack
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