R. Motherwell: "Elegía por la República Española, 108" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Elegía por la República Española, 108

 

Robert Motherwell

MOMA. New York. 1967

 

Robert Motherwell constituye uno de los pilares fundamentales del Expresionismo Abstracto norteamericano, porque si bien es posible que otras figuras como Jackson Pollock, Marc Rothko o Willem de Kooning sean más conocidas por su aportación pictórica, Motherwell proporcionó al movimiento no sólo un estilo personal lleno de fuerza y vigor, sino también toda su rica formación intelectual y una capacidad de comunicación divulgativa que lo convirtieron en el mejor promotor de la nueva tendencia y de la pintura abstracta en su conjunto.

Y es que Robert Motherwell, nacido en el seño de una familia acomodada, irá completando desde muy joven una sólida formación intelectual. Estudió inicialmente en la Universidad de Stanford en San Francisco de la que se graduará en Filosofía y Literatura francesa. Al mismo tiempo estudia pintura en la California School of Fine Arts de San Francisco, y poco después se traslada a Harvard para completar sus estudios y comenzar su tesis sobre los Diarios de E. Delacroix. Por esa razón se trasladará a París, donde aprovecha para continuar sus estudios de pintura en la emblemática Academia Julian. Es por tanto un intelectual y un magnífico escritor y conferenciante, que a su vuelta a Estados Unidos impartirá clases en Universidades tan prestigiosas como la de Columbia en Nueva York, la de Oregón, el Hunter College de Nueva York o el Black Mountain Collage.

Pero como hemos visto, desde muy joven supo compaginar esta labor docente e intelectual con la actividad artística por la que se sentía especialmente atraído. Dos hechos influirán en el inicio de su trayectoria pictórica: en un primer momento la coincidencia con Meyer Schapiro en la Universidad de Columbia, que le pone en contacto con los surrealistas europeos. Son ellos los que influirán directamente en su forma de entender la pintura, lo mismo en realidad que les ocurrirá a la gran mayoría de los artistas del Expresionismo Abstracto, fascinados por una muestra artística basada en el automatización de las emociones, base de la expresión artística de ese movimiento. Más adelante se producirá el segundo hecho que marcará su evolución artística: su amistad con el pintor surrealista chileno Roberto Matta, que no sólo le afecta desde un punto de vista artístico, introduciéndole en el automatismo surrealista, sino que sobre todo le pone en contacto con la cultura hispánica por la que sentirá desde entonces una enorme atracción, cuyas primeros atisbos se habían producido en un primer viaje a Europa realizado con su familia en vísperas de la Guerra Civil española, acontecimiento que considerará un “símbolo para su generación” a la que veía como “un preludio dramático de la Segunda Guerra Mundial”.

De ahí esa serie de cuadros, unos ciento cincuenta realizados desde 1949, dedicados a nuestro país y más concretamente al drama de la Guerra Civil, hasta convertirse en uno de los pintores que mejor ha conocido España sin apenas haberla visitado, pues sólo viajó a nuestro país dos veces, en 1968 y en 1980. No hacía falta, fueron sus lecturas de Lorca y Alberti, la obra pictórica de Picasso o Miró, y el contacto con intelectuales españoles exiliados después de la Guerra lo que le permitió conocer el país en la distancia.

Durante la realización de la amplia serie de Elegías, Motherwell se haya en su momento de plena madurez pictórica, perfectamente adaptado al movimiento del Expresionismo Abstracto que él había ayudado a conformar, a partir sobre todo de los años cincuenta. Si solemos dividir la propuesta de esa Escuela estadounidense en diversas tendencias como el Action Painting, el Nuevo Surrealismo o el Espacialismo cromático, a Motherwell se le suele incluir en este último junto a Rothko, sobre todo por sus composiciones basadas en la yuxtaposición de grandes manchas circulares y rectilíneas, y la preponderancia del blanco y el negro, especialmente de este último, aplicado en grandes extensiones sobre el lienzo. Aunque como toda sistematización didáctica tiene sus equívocos porque siendo importante el color en la obra de Motherwell es igualmente cierto que su obra es una respuesta apasionada y de una vehemencia en la pincelada y el trazo que lo pone en relación con el action painting en muchos de sus cuadros.

Sus Elegías sobre la Guerra Civil tienen mucho de pintura emotiva. En primer lugar por el propio argumento, que como ya hemos dicho impactó con fuerza en la vida de Motherwell. Pero no sólo la Guerra Civil como el drama de un pueblo, sino como una afrenta ideológica para los que como él esperaban un mundo mejor y el final de los fascismos en Europa acabada la Segunda Guerra Mundial. No olvidemos que toda la serie se inicia al término de la Guerra Mundial como si España apareciera a la vista de él y de todos los intelectuales y demócratas del mundo como un residuo anacrónico de injusticia y totalitarismo, como una isla fascista en medio de un entorno democratizado.

Por ello su pintura es dolor, y de ahí la perfecta comunión entre su estilo y su pesar por España, porque sus lienzos recorridos por amplias franjas verticales de tonalidad negra y óvalos del mismo color, sobre un fondo de espacios verticales de tonos claros, recrean un mundo opresivo, una cárcel de borrones negros que ocultan la luz e imponen su trazo de pesimismo y de luto sobre la claridad del fondo. Una pincelada doliente, y una línea herida, como tantas veces en el Expresionismo Abstracto, pero en esta ocasión por una causa que lo reclama. Para Motherwell sus Elegías venían a ser como “un lamento o una canción funeraria” siendo para él “una obsesión, porque aquella muerte terrible no debía de ser olvidada “, aunque añadía que las pinturas no pasaban de ser “una metáfora de los contrastes entre la vida y la muerte y de su mutua interrelación”.

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