| R. Piano & R. Rogers: "Centro G. Pompidou" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Centro G. Pompidou” Renzo Piano & Richard Rogers.
París. 1977.
Dentro de la tendencia arquitectónica que conocemos como Tardomoderno se deriva una de las propuestas que deben estudiarse independientemente, el High-tech. La denominación de High-tech, deviene de la utilización obsesiva de elementos tecnológicos, que además quedan explícitos en las formas constructivas cara vista. Así, los conductos de ventilación o agua, las escaleras mecánicas, las grúas para limpieza de cristales, las armaduras metálicas, etc, se evidencian hasta convertirse en el elemento más significativo de la construcción. El laminado exterior de las estructuras metálicas, y el cierre de muros por medio de cristal reflectante, potencia la rotundidad de lineas al exterior y completa ese aspecto brillante y agresivo tan característico de la alta tecnología. La arquitectura High-tech, tuvo su primer ejemplar ampliamente conocido en el Centro Pompidou de París (1977), realizado por Renzo Piano y Richard Rogers, y que hoy vamos a analizar. De este último autor es también otra de las obras emblemáticas de este estilo, el Edificio Lloyd´s de Londres (1986), aunque tal vez el arquitecto más conocido y afamado de este movimiento sea Norman Foster. Con una estética quizá menos mordaz, y de formas limpias y muros de cristal, pero utilizando invariablemente la tecnología, se inscribe asimismo en este grupo la obra del francés Jean Nouvel y en especial su Instituto del mundo árabe, construido en París (1987), o su obra más reciente, El High-tech, aúna el criterio racionalista de aprovechamiento funcional de los espacios construidos, con una apariencia formal que en su descaro y desnudez nos recuerda el atrevimiento incial del primer racionalismo de Gropius, que por primera vez dejaba cara vista elementos funcionales de la edificación. Aunque evidentemente, aquella arquitectura no tenía la agresividad visual y formal de esta otra. Ambos aspectos, ponen en relación esta expresión de la arquitectura tardomoderna con el lenguaje del Racionalismo tradicional, que da contenido al Movimiento Moderno. Francia y más concretamente París ha considerado con especial atención la construcción de edificios emblemáticos que dieran un tono de brillantez a la capital y mantuvieran para esa ciudad, cuna tantos años del arte, el prestigio monumental que le es consustancial. Así fue especialmente durante el largo mandato presidencial de F. Mitterand (con obras tan significativas como la ciudadela de El Concurso de adjudicación, en cuyo jurado se hallaban nombres tan prestigiosos como Phillip Johnson u Oscar Niemeyer, premió el proyecto tal vez más atrevido y heterodoxo, el de dos jóvenes arquitectos, Renzo Piano y Richard Rogers. La idea de ambos supone no sólo la construcción de un edificio que resularía emblemático, el Centro Cultural G. Pompidou, sino también una actuación urbanística que curiosamente dejaba libre la mitad del solar asignado al edificio, el Plateau Beaubourg, que se convertía así en un amplio foro de actividades al aire libre, donde realmente la vida ciudadana y la vida cultural alcanza cada día una integración sorprendente. Pero lo realmente espectacular era el edificio que serviría de sede al Centro Cultural y en el que se integra el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, una Biblioteca especializada, Centro de estudios e investigación y por supuesto, como todo Museo moderno, un amplio marco para actividades lúdicas. En cuanto a su revolucionario diseño formal, el edificio se concibe en realidad como un inmenso hangar de seis plantas, completamente diáfanas, que parece suspendido por todo un complejo entramado de vigas metálicas trianguladas de Tal apariencia externa sienta las bases de lo que será el High-tech de forma definitiva. El interior por su parte alcanza un grado extremo de funcionalidad. Todo el espacio interior queda como un inmenso espacio libre para estructurar y compartimentar en cada momento como se quiera según las necesidades. Máximo extremo al que se podía llegar en el concepto del flexibilización del espacio. La misma funcionalidad que también supone la estructura vidriada que cierra el edfificio y que permite la máxima entrada de luz natural, algo inherente a la función museística del edificio. El Centro G. Pompidou, dejó asombrado al mundo, y como era de esperar recibió innumerables críticas porque nadie podía concebir que en el corazón de París se hubiera levantado un Museo que más parecía una chatarrería gigante o una refinería de petróleo. Pero como ocurre siempre con las obras geniales, el tiempo les dio la razón a sus autores, y hoy el Centro Pompidou sigue siendo para todos un monumento realmente fascinante.
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