| R. Rauschenberg: "Estate" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Estate”. R. Rauschenberg Philadelphia Museum of Art. 1963. Un cierto cansancio parece alcanzar a los creadores norteamericanos ante la secuencia mística y abstracta en que se movía el arte desde la aparición del Expresionismo Abstracto. Y por ello, es por lo que empiezan a aparecer nuevas propuestas mucho más directas hacia el espectador y por ello con un renovado carácter figurativo y un aire informal y hasta divertido que se superpone al tono profundo e intelectual del Informalismo. Surgen así dos nuevas tendencias principalmente, el Neodadaísmo y el Pop Art, que tratan de superar la abstracción del Informalismo y de la Abstracción post-pictórica, volviendo a encontrarse con la figuración y la representación del objeto, lo que permita recuperar de una vez la comunicación verdadera con el espectador. Neodadaísmo y Pop Art, buscan alejarse de la excesiva intelectualización en la que ha caído el arte y no tienen reparo en frivolizarlo incluso, introduciendo objetos cotidianos o imágenes procededentes de los medios de comunicación de masas. Con ello lograrán representaciones de gran impacto visual y de enorme éxito popular. Los primeros en iniciar esta nueva corriente son dos jóvenes artistas norteamericanos Jasper Johns y Robert Rauschenberg. Sus obras encuentran claras referencias en los ready-made de Duchamp (sobre todo en el caso de Rauschenberg), de ahí la denominación de Neodadaísmo que se la da a sus obras. Más que nada porque como aquél, reaprovechan objetos cotidianos de la vida corriente del hombre corriente, hasta convertirlos en obras de arte. Pero, las coincidencias no van más allá, porque no hay ni el deseo de ruptura de las viejas vanguardias, ni la intención burlona y provocadora de las obras de Duchamp. Al contrario, se advierte una intencionalidad plástica mucho más ambiciosa, que dará lugar a imágenes de un indudable efecto, y se nota un deseo por encontrar la comunicación con el espectador y no su desconcierto, utilizando una iconografía de carácter popular, que heredará de inmediato el Pop y que volverá a repetirse reiteradamente hasta final de siglo. Eso es lo que busca R. Rauschenberg, si bien con un tono más procaz, más variado y de recursos múltiples, hasta el punto de que es difícil separar la pintura de la escultura en su obra, optando por mejor considerar el suyo un arte del objeto, o lo que él llamaba Combined paintings (Pinturas combinadas). Tal vez como pocos, Rauschenberg aspira a fundir en un solo concepto lo que es el arte y lo que es la vida. Y así sus cuadros, cuyo soporte pictórico no está lejos del Expresionismo abstracto, se enriquecen con todo tipo de objetos no artísticos y de materiales no estéticos. trapos, maderas, cartones, cajas, señales, etc. A las pinturas se le añaden fotografías o extractos de otros cuadros famosos en Por último se liberará plenamente, olvidándose del propio formato del cuadro, optando por la obra del objeto. Objetos de todo tipo, desde columnatas inquietantes construídas a base de libros viejos, hasta pilas de cajas de cartón, o remedos de embalajes. El arte ha bajado a la calle, mejor dicho, a las calles del último barrio, y nosotros espectadores de barrio, no podemos hacer otra cosa que mirar sumisamente ante su poder de admiración y desafío. Es como si el ojo enorme de Rauschenberg atrajera para sí y por lo tanto para su obra, y por lo tanto para el arte, todo aquello que mirara, con toda la fuerza de un imán, dejándolo preso en sus cuadros y combined. Por ello, todo lo que le rodea lo convierte en arte, como Midas convertía en oro todo lo que tocaba. Su obra tiene además un fuerte carácter expresionista de una enorme fuerza pictórica, por sus trazos valientes y la rotundidad de sus formas y colores. En absoluto es Rauschenberg un ejemplo de lo que llegó a ser el Pop art, por más que sus mentores fueran, como sabemos, Warhol y Lichtenstein. Su obra es mucho menos frívola, menos figurativa y tiene un contenido pictórico de una enorme calidad, que está incluso más cerca de la abstracción (por más que haya figuración en su obra) que de la figuración explícita del Pop art. Es también una obra con un peso intelectual que parece más próximo al Informalismo que al Pop. En cualquier caso es una pintura original, atractiva y de una enorme fuerza plástica. Sobre Rauschenberg dice significativamente G.C. Argan: “Rauschenberg se siente acuciado por la contradicción de su existencia de artista en una sociedad para la que el arte ya no puede tener ningún significado. Es una sociedad que sólo conoce el presente y que no siente ninguna piedad por lo que ya no sirve, por lo que ya ha pasado. Excluido de ese presente, que por lo demás no le interesa, el artista no puede sino manipular el pasado y volver a utilizar sus desechos, porque al salvarlos se salva él mismo de la condición de “desecho” a la que la sociedad le ha empujado...Para él, el arte es la entrada en el reino del desorden, en la dimensión de lo indiferenciado. LLega el momento en que una persona se disuelve y se identifica con ese amasijo de cosas, con el ambiente y entonces la presencia real de las cosas no hace más que revelar y proclamar su ausencia. Creo que éste es el sentido trágico de la pintura de Rauschenberg y de su desesperada denuncia de la inactualidad e imposibilidad del arte y de la inutilidad de ser artista”. Por todo ello, queda claro también hasta qué punto es Rauschenberg uno de los mejores testigos de nuestra propia realidad actual.
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