| R. Serra: Serpiente |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Serpiente”. R. Serra. Museo Guggenheim. Bilbao. 1997. El arte minimal surge a mediados de los años sesenta como una reacción al arte pop, más concretamente a la frivolidad y la popularización en la que había caído el arte de los artistas pop. También a la figuración. Es una vuelta por tanto a la intelectualización del arte, pero bajo presupuestos radicales de simplificación y reduccionismo. Tanto es así que algunos autores incluidos en el apartado de la abstracción post-pictórica, pueden perfectamente considerarse pintores minimal, caso de A Reinhardt, tanto en lo referente a sus obras como a sus postulados teóricos. No obstante, el minimal es ante todo un arte de los objetos, de la obra de arte considerada como "objeto tridimensional" en palabras de uno de los principales minimalistas actuales, Donald Judd. Naturalmente dichos objetos buscarán las formas geométricas más puras, cubos, cajas, planos, realizados con materiales industriales, acero, plástico, formica, aluminio, etc, sin referencia formal alguna y cuyo resultado no es otro que una abstracción totalmente simplificada. En cierto modo se trataría del paso final al que habría que llegar desde las propuestas de Mondrian o Malevitch. El reduccionismo del minimal va no obstante, más allá del diseño de la forma. Busca una simplificación tal de la obra de arte que haga innecesaria la intervención intelectual del espectador al contemplarla. El objeto minimal lo es todo en sí mismo y no necesita más, de ahí que en numerosas ocasiones las obras carezcan de título. Así dice uno de sus principales teóricos, Robert Morris, que la obra minimalista conduce necesariamente a la desaparición de la intervención perceptual del sujeto que la contempla, y no interviene porque los objetos presentados, las esculturas simples, no permiten separación perceptiva, no ofrecen elección: el sujeto es expulsado de la percepción en el acto de la percepción. Es como si estuviéramos de más, al observar estos objetos en una exposición, porque no hay nada que interpretar, de ahí la incomodidad que suele producir esta tendencia en el espectador, que siempre busca en estos objetos qué quieren decir y precisamente lo que ocurre es que ni quieren decir nada, ni tienen nada que decir. El minimal es una tendencia totalmente vigente en la actualidad, no sólo en ámbitos como el diseño o la decoración, sino en la obra de artistas tan reconocidos como Donald Judd o Richard Serra. En la enorme galería de la planta baja del Museo Guggenheim de Bilbao, la denominada “el pez” o “el barco” se ha realizado expresamente una de las esculturas de Richard Serra más espectaculares y atractivas. Richard Serra es uno de los minimalistas más personales, algunos lo consideran un postminimalista, tal vez porque sus obras sí parecen transmitir un contenido o una magia especial ante la que el espectador no puede quedar indiferente. La serpiente que realizara para el Museo Guggenheim de Bilbao, se adapta perfectamente a las características tremendamente originales de todo el edificio en su conjunto realizado por su amigo Frank Gehry, y a las de la sala en la que se ha situado especialmente. Se trata de un espacio de ciento setenta metros de longitud y veinticuatro de anchura, sin columna ninguna que rompa el espacio y con un diseño en planta alargado y curvilíneo, en donde cuadra a la perfección la enorme serpiente imaginada por Serra. La obra es igualmente descomunal pues consta de tres grandes olas de acero laminado, de más de treinta metros de largo y cuatro de altura, que serpentea por el suelo dejando entre medio dos pasillos angostos e irregulares. Angostos e irregulares no sólo por la escasa anchura que dejan las láminas entre sí y por la altura de las piezas, sino porque las planchas no sólo se curvan a lo largo de todo su recorrido, sino que se ondulan en altura, con lo que los espacios entre ellas, se cierran y se abren al tiempo que se enroscan. Lógicamente la posibilidad de experimentar la sensación que produce atravesar estos espacios resulta absolutamente irresistible. De ahí que Por lo demás la obra es de una sencillez aplastante y de una reducción pasmosa de recursos plásticos, y sin embargo alcanza un grado de monumentalidad y fascinación difícilmente igualables. Probablemente la obra maestra de R. Serra. |