Rembrandt: La ronda de noche PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

”La ronda de Noche”.

Rembrandt van Rijn.

Rijkmusum. Ámsterdam. 1642

 

 

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669) representa el momento culminante del arte holandés del S. XVII. Nace en Leyden, pero se forma en Amsterdam, donde transcurrirá su vida. Su biografía y su pintura estarán muy influidas por sus dos matrimonios: El primero, con Saskya, una joven de la alta burguesía, coincide con su primera etapa pictórica, en la que Rembrandt satisface los deseos artísticos de sus clientes burgueses con una pintura realista, que refleja con nitidez su mundo honesto y sus honrados oficios.

Pero la muerte de Saskya y su segunda relación con Hendrikje Stoffels, cambiará su vida y su pintura. Se trataba en este caso de una mujer de extracción humilde, de hecho había trabajado como sirvienta en su propia casa, con la que no se casó y además tuvo una hija, Cornelia, razón por la cual aquella sociedad burguesa, tremendamente puritana, rechazará a Rembrandt y lo marginará socialmente. Desde ese momento, desaparece paulatinamente su clientela burguesa y huérfano de encargos se dedica a pintar para sí mismo, lo que otorga a su obra plena libertad, y le permite innovar y renovar su arte. La muerte de Hendrikje y de su hijo Tito, convertirán los últimos años del artista en una etapa de profunda crisis, pobreza, soledad y tristeza.

La pintura de Rembrandt alcanza una categoría y personalidad extraordinarias. Porque aunque su formación sigue la línea que marca la época, un naturalismo típicamente barroco enmarcado en los fuertes contrastes lumínicos del tenebrismo, lo cierto es que su estilo adquiere pronto una orientación singular y única, en un caso similar al de Velázquez, prácticamente contemporáneo suyo y con el que coincide en desarrollar una singular creación pictórica, más allá del encuadre puramente barroco. En el caso de Rembrandt destaca la técnica excelente y la hondura psicológica de sus personajes, que por sí solo dan vida plena a la mayoría de sus obras. No es de extrañar por ello que fuera un consumado retratista; retratista de grupos en su primera etapa, retratista individual con numerosos ejemplos, y retratista de sí mismo, cuando la suerte le dé la espalda y prácticamente no tenga a nadie más que retratar que así mismo, si bien es cierto que también hizo autorretratos en su juventud y su madurez, a través de los cuales podemos comprobar la evolución de su persona, la evolución de su técnica y las huellas que la vida, cada vez más adversa, irán dejando en su piel.

Como Velázquez, Rembrandt desarrollará una técnica espontánea, de fuertes empastes, llena de viveza y fuerza expresiva, de colores intensos, de fuertes claroscuros, y de un naturalismo lleno de nitidez y movimiento. Él mismo llegaría a decir que con su pintura sólo pretendía conseguir, el mejor y más natural movimiento.

En cualquier caso, se podrían diferenciar dos grandes etapas en la evolución pictórica de Rembrandt, y aunque ambas participan en general de las características que hemos indicado, hay no obstante algunas variantes. La primera etapa coincide con su primer matrimonio, y con esa fase de éxito profesional que le convierten en un pintor de moda, con una amplia clientela seleccionada entre los grandes clanes y gremios de burgueses. Es la suya por aquel entonces una pintura más alegre, más luminosa y más satisfecha de sí misma, acorde con su propia satisfacción personal. Abundan los retratos colectivos e individuales, como “Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp”, o Los síndicos de pañeros de Ámsterdam”.

La segunda etapa supone una lenta transformación de su técnica y sus temas, sobre todo a partir de la muerte de Saskia, de su unión con Hendrikje y del ostracismo social al que le lleva esta relación y que en última instancia provoca también su marginación profesional. Su pintura se vuelve más sombría, los colores pierden su intensidad, los temas se vuelven más lúgubres, la pincelada se hace más temperamental y se encarga de empaste, y el claroscuro se intensifica. Pero no por ello pierde la intensidad de su expresión y el realismo de toda su obra, sólo que ahora, más libre a la hora de pintar, sus pinceladas se cargan de mancha y el impacto visual de sus cuadros nos impresiona, como lo hará dos siglos después a los primeros impresionistas.

La ronda de noche, cuyo verdadero título es en realidad La compañía del capitán Frans Banning y el teniente Willem van Ruytenburch, es un cuadro fundamental en la propia evolución artística del pintor y en la historia de la pintura.

Su estructura actual no es la original, ya que la obra sufrió la amputación de una parte de su lateral izquierdo (del que llegan a desaparecer dos figuras y parte de otra) y de sus bordes superior e inferior, cuando en el S. XVIII se decidió colocarlo entre dos puertas del Ayuntamiento (situado en la Plaza del Dam), debiendo ajustar sus medidas para que cupiera, porque con el tamaño primitivo no cabía en el lugar establecido. Esto lógicamente afectará en parte a la propia composición de la obra y a su interpretación.

Pero ello no merma la importancia fundamental que hemos dicho que tiene la tela. Con ella, Rembrandt abandona los retratos de grupo estáticos que habían caracterizado las obras de su primera etapa, y opta ahora por una representación vital e instantánea. La escena se resuelve a partir de un trabajo excepcional de la luz y del color: Es la luz la que estructura el cuadro y establece parte de su composición: se trata de una luz relampagueante, fulgurante, que destella y se oculta alternativamente en distintas partes del lienzo, lo que otorga toda la dinamicidad, espontaneidad y viveza que llenan la escena. La luz además actúa como elemento de perspectiva, unida en este caso, igual que ocurría en los cuadros de Velázquez, a una técnica muy atrevida, que destaca por su perfecto realismo en primer plano, pero se diluye en formas vagas de pincelada suelta, libre, audaz y casi "protoimpresionsista" en los segundos y terceros planos.

El color por su parte, complementa el efecto relampaguenate de la luz, destacando en las figuras protagonistas el rojo (de la banda del Capitán Banning) y el amarillo (del traje del teniente Ruytenburch), que a su vez se repiten como un eco cromático hacia los laterales en otras gamas rojizas, anaranjadas y marrones, que destacan y centellean todavía más, si consideramos el tono en general oscuro de la obra, pero que se sobreponen a él destacando en sucesivos fulgores.

En la composición habría que considerar también el análisis psicológico de la serie de retratos realizados; la multiplicidad de posturas y gestos que inducen al bullicio general en el que se mueve la escena, así como la multiplicidad de líneas de fuga que cruzan toda la tela, a veces introduciendo profundidad (escorzo del brazo de banning o espada de Ruytenburch); a veces creando pantallas visuales de perspectiva (lanzas de la parte derecha), parecidas a la utilizada por Velázquez en la Rendición de Breda, y a veces también con líneas diagonales que abren la composición hacia el exterior.

Por todo ello la Ronda de noche, es un ejercicio pictórico innovador en su momento, porque en esta pintura como en ninguna consigue Rembrandt su objetivo, la plena naturalidad en movimiento, en un magnífico experimento de luz, color, perspectiva, pincelada y composición.

 

 

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