Retablo Mayor de la Catedral de La Seo (Zaragoza) PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Retablo Mayor.

Catedral de San Salvador de La Seo.

Pere Johan & Hans Piet d’Ansó & Gil Morlanes

& Francisco Gomar.

Zaragoza

1434-1480.


El retablo Mayor de la Catedral de La Seo en Zaragoza es una de las piezas más importantes de la escultura gótica europea, tanto por la categoría internacional de sus autores, como por la calidad de las tallas, como por la riqueza iconográfica y formal de todo el enorme mueble.

Un retablo se coloca cubriendo toda la altura de la pared posterior del ábside, detrás de la mesa de altar. En realidad es una consecuencia del cambio litúrgico que supone la colocación del oficiante delante del altar y no detrás como ocurría anteriormente. La nueva disposición del sacerdote tapaba la decoración de los tabulum o mesas, que solía ser una pintura en su frontis, razón por la cual se decide traspasar dicha decoración detrás de las mesas (retrotabulum) y con la suficiente altura como para que se viera completa. Nacen así los retablos, que son también una novedad del periódico gótico.

Un retablo consta de un sotabanco o zócalo en la parte inferior, banco o predella encima, un cuerpo principal dividido en calles, normalmente en número de tres, pisos y un remate final que se denomina ático.

En el caso concreto del retablo Mayor de la Catedral de La Seo hay que destacar en primer lugar el papel del obispo que decide la realización del mismo, Dalmacio del Mur, que no repara en gastos y contrata como maestro del proyecto al escultor catalán Pere Johan, un artista ya consagrado y que había trabajado bajo su mecenazgo en la diócesis de Tarragona de donde provenía el mencionado obispo.

Aunque no todo el retablo es obra de Pere Johan como ahora veremos, sí es suya la mayor parte de la obra a la que le aporta buena parte de sus mejores cualidades, las mismas que ya había desmotrado en una de sus obras más conocidas, el Sant Jordi que decora en medallón uno de los muros del Palacio de la Generalitat de Barcelona: una perfecta talla de gran delicadeza y precisión, y un refinamiento, característico del periodo del Gótico Internacional, que aplica a los rostros y que suele derivar en composiciones de ritmos suaves y trazos curvos, que otorgan a las escenas un tono dulce y afable.

Su obra en el retablo de La Seo se concreta principalmente en el sotabanco, en el banco, y en los pilares que separan las calles del cuerpo principal. Todo ello realizado en alabastro de Aragón. En el sotabanco o zócalo se sitúan los escudos del obispo y los del cabildo de la Catedral, todos ellos sostenidos por ángeles. En el banco se alternan casetones en los que se representan escenas de la vida de santos aragoneses (San Lorenzo, San Valero y San Vicente mártir) y entre ellos los tres que enmarcan los bustos-relicario en plata y esmaltes de los tres mismos santos, que llegaran al retablo como regalo personal de Benedicto XIII (el Papa Luna). Toda esta parte está ricamente aderezada con todo tipo de motivos vegetales y zoomóficos, en los que se muestra claramente la mano de Pere Johan y rematados en elaborados doseletes, como es habital en los trabajos del momento. Es por tanto un ejemplo característico del estilo Gótico Internacional.

En los extremos de toda esta parte inferior se abren dos puertas laterales cuyas representaciones en madera serían realizadas en primera instancia por Francisco Gomar, autor a su vez de la Sillería de coro de la misma Catedral.

Curiosamente el mismo Pere Johan realiza las tres escenas principales del cuerpo central del retablo, y según parece las realiza en madera y bajo una iconografía que sería la misma que se conserva en la actualidad, pero llegado al arzobispado la figura de Juan de Aragón, decide éste sustituir la obra de Pere Johan por la de un artista procedente de Alemania, Hans Piet d’Ansó, también conocido como Hans de Suabia, que introducirá un estilo muy diferente a la iconografía del retablo. La contratación de artistas procedentes del centro de Europa y de los Países Bajos será una constante a partir del S. XV y durante el XVI especialmente en Castilla, en parte debido a su reconocido prestigio y en parte al deseo de los mecenas de contar con artistas de renombre, que si además eran extranjeros parecían de más lustre.

Así ocurre también en la obra del retablo aragonés, que a partir de 1467 inicia una segunda fase protagonizada por este artista que se afincaría definitivamente en Zaragoza, donde se casaría y moriría de peste en 1478. Con él la parte principal del retablo sigue dividida en las mismas tres calles que ya lo estaba y desarrollando en cada una las mismas escenas que ya se habían establecido anteriormente: en el centro la Epifanía, la Transfiguración a la izquierda y la Ascensión a la derecha. Eso sí, cambia totalmente el estilo de la obra: las imágenes tienen ahora un concepto escultórico muy distinto, son tallas de mucho más bulto y volumen, más estilizadas y con una carga dramática en la expresión que dista mucho del tono amable de la parte inferior realizada por Pere Johan. Puede decirse así que si la primera fase del retablo se inscribe dentreo del estilo Internacional, el cuerpo principal estaría mucho más próximo a la influencia flamenca.

El remate final sería ya una obra postrera realizada a partir de 1473, y consistente en una labra muy aparatosa de doseletes calados, estatuillas y follaje, que se disponen en una estructura en forma de cruz, y que terminaría ya el escultor de Daroca Gil Morlanes, pues Hans de Suabia no había podido concluir toda la obra. También entonces se colocan dos ángeles erguidos en los laterales del zócalo, en madera y policromados, con las armas de los dos arzobispos que habían mecenado el retablo, Dalmacio del Mur y Juan de Aragón.

Sobre la escena principal del cuerpo central se abre como en tantos otros retablos aragoneses un óculo expositor a modo de custodia u ostensorio, aunque también en este caso la obra se realiza por sustitución de una anterior, la realizada en alabastro por Pere Johan y que representaba a Dios padre bendiciendo.

 

 




Pere Johan: "Martirio de San Lorenzo"


Hans de Suabia: "Epifanía"


 

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