S. Davis: "Pochade" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Pochade.

Stuart Davis.

Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. 1958.


En la Historia de la pintura norteamericana, el periodo anterior a la II Guerra Mundial es una fase en la que no ha acabado de emerger en ese país el arte de vanguardia y se mantiene un cierto aislacionismo cultural respecto a Europa. Hubo un intento de enlazar la vanguardia y el arte americano a través de la famosa exposición del Armory Show, que en 1913 recorrió USA con las mejores obras de artistas europeos y americanos. Más adelante incluso, llega a surgir una tendencia, el Preciosismo, influida por las vanguardias en sus formas geométricas y atracción por las máquinas, cuyo máximo exponente es Ch. Sheeler, y hasta hubo algunos herederos del Armory Show que desarrollaron una pintura personal, pero fuertemente influidos por las vanguardias europeas, como fue el caso del propio Stuart Davis, que ahora comentamos, autor en el que se advierte la impronta del Cubismo sintético y el collage.

Pero aquella línea de interrelación entre América y la vanguardia no cuajó, el arte americano siguió encerrado en sí mismo y muy ligado al llamado regionalismo, imágenes muy americanas de praderas y granjeros, y al realismo inherente a su representación. La prueba es que artistas de una calidad tan contrastada como E. Hooper, que había participado en la Armory Show, terminará rechazando la influencia vanguardista, apostando en cambio por un arte propiamente americano, en el que se sigue conservando una visión serena de los rincones de América, aunque eso sí, bajo un intimismo evocador de gran valía.

Stuart Davis (Filadelfia 1894-New York 1964) representa precisamente ese eslabón de engarce entre el realismo localista de la pintura norteamericana y la vanguardia pictórica que después de la II Guerra Mundial convertirá a los Estados Unidos en el epicentro mundial del arte contemporáneo. De ahí su importancia.

Stuart Davis aunque muy joven, ya participó en la Armory Show, si bien más que su aportación la verdadera importancia que tuvo la Exposición en su obra surgió de la admiración que como una verdadera revelación le suscitaron las obras traídas de Europa procedentes de movimientos como el Fauvismo o el Cubismo. Por ello fue él el verdadero impulsor de las vanguardias en su país, a las que además les aporta un sello peculiar, enfatizando las obras con mensajes escritos y utilizando colores vivos y planos que anticiparán en cierto modo el arte pop de años después. En este sentido resultará determinante su marcha a París, su íntima relación con el cartelismo y las artes gráficas y la vinculación que allí experimenta con el Cubismo sintético.

La consecuencia será una pintura de líneas claras, de planitud en espacios y colores que es lo que lo relacionan con el Cubismo sintético, de tonos vivos y alegres entre los que se incrustan mensajes escritos igualmente desenfadados, y que sobre todo ya en los años cuarenta prodigará temas relacionados con el mundo del jazz. Es esa alegría que destilan sus cuadros, sus vivos colores, la inclusión de textos y el aire desenfadado de sus temas lo que lo convierten en un precursor del Pop art.

En esta pintura se advierten buena parte de los aspectos que acabamos de comentar. Se trata ya de una obra tardía y por tanto no puede extrañarnos una cierta relación con las primeras manifestaciones del arte pop que él mismo había contribuido a potenciar, sin que por ello falten otros elementos que lo siguen vinculando a la tradicón del Cubismo sintético en el que se encuadra buena parte de su primera obra de vanguardia.

En Pochade, obra de 1958, se nota que el estilo ha cambiado, dando lugar a un último periodo que el mismo autor denominó “Nuevo Estilo Universal”. Curiosamente el título del cuadro alude a una palabra, “pochade”, que en francés significa boceto o bosquejo, lo que resulta irónico porque pocos cuadros tan elaborados como éste. Realizó tres estudios preparatorios, y dos versiones previas sin color para la perfecta distribución de los planos. Porque ciertamente la estructura del cuadro es compleja. Puede decirse que se divide en dos grandes mitrades horizontales. Una dominada por el blanco y el negro, hace alusión a una de sus aficiones predilectas, el Jazz (de ahí el término “cat”, que aparece escrito y que es recurrente en otros cuadros suyos), y en la que el propio artista aparece autorretratado, sentado mirando hacia la izquierda y fumando un cigarro. Si agregamos el concepto “News” que también aparece en este mismo encuadre, podríamos hablar del estado de felicidad que nos arroba cuando nos deleitamos en una sesión relajada de periódico y música de jazz entre el humo de un cigarro. La otra mitad está dominada por el rojo y su interpretación es más difícil, aunque parece representar el estudio del pintor, en el que la palabra “elite” podría aludir a la importancia y el significado del arte. Y todo ello encuadrado por un marco pintado en verde presidido por la firma del artista.

De todas formas el cuadro tiene una belleza plástica que en nuestra opinión deja en lugar secundario cualquier simbolismo o esfuerzo de interpretación. El mismo Stuart Davis siempre se negó a explicar la iconografía de sus cuadros porque prefería que estos se valoraran en términos estrictamente plásticos. Y eso es lo más sobresaliente de éste, el perfecto juego de líneas y planos perfectamente imbricados entre sí y la potencia de un color plano y reducido apenas a cuatro tonos: negro, blanco, rojo y verde, complementarios los unos con los otros y de una fuerza visual indiscutible. Queda en él un lejano recuerdo de Cubismo sintético, pero prevalece a todas luces un guiño significativo al arte Pop que estaba ya a punto de eclosionar.

 

 


 

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