T. Jefferson: "Monticello" PDF Imprimir Correo
(0 votos, media 0 de 5)
Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

"Monticello"

T. Jefferson.

Charlottesville. Virginia. USA. 1768-1809.

En USA, la arquitectura Neoclásica adquirió carta de naturaleza al mismo tiempo que el país iba afianzando progresivamente su poderío e independencia. El Neoclasicismo de tipo greco-romano alcanzó entonces un enorme éxito, hasta convertirse en un estilo nacional que daba carácter mayoritariamente a los edificios públicos, pero también a las casas de campo y las instituciones privadas.

La elección precisamente de este estilo encuentra causas bastante justificadas: en primer lugar se sigue la arquitectura que se está haciendo entonces en Francia, país de referencia para USA inmediatamente después de la Independencia. Era además la oportunidad de desarrollar un estilo historicista, lo que encontraba un lógico entusiasmo en un país acomplejado por su falta de historia. Por otra parte, precisamente lo griego y lo romano encontraban una significación simbólica especial en Norteamérica como antecesores remotos de la democracia que allí acababa de triunfar. Eso sin olvidar la afinidad política con otros símbolos de Roma, como las instituciones del Senado y el Capitolio. Por todo ello, el Neoclasicismo se adoptó sin reservas, y a lo largo de muchas décadas fue prácticamente el único estilo constructivo, cuya definitiva imagen oficial la terminaron de acuñar la Casa Blanca y el Capitolio de Washington.

No obstante tampoco fueron conocidos los arquitectos del momento ni especialmente importantes sus obras. En una primer etapa, aún en el siglo XVIII, destacan a duras penas en medio de la mediocridad, los arquitectos Latrobe y Thomas Jefferson.

Éste último añade a su condición de arquitecto la de haber sido el tercer presidente de los USA (1801-1809), además de Vicepresidente entre 1779-1781, uno de los principales redactores de la Declaración de Independencia norteamericana y fundador de la Universidad de Virginia. Su categoría intelectual y la importancia de su obra arquitectónica es posible que no haya sido suficientemente reconocida, pero suyas son aparte de la villa de Monticello que vamos a estudiar, otras obras como el Capitolio del Estado de Virginia o la Universidad de Virginia, en Charlottesville, que influirían enormemente en la adopción del clasicismo en la futura arquitectura del país.

Monticello, que en realidad significa en italiano “pequeña montaña” fue la residencia de Thomas Jefferson. Su localización, en una colina a unos trescientos metros de altura, da sentido a su nombre. La casa comenzó a construirse en 1768, pero la obra se prolongó ampliamente en el tiempo, pues aunque el grueso del edifico se había concluido en 1782, los posteriores viajes de Jefferson por Europa le animaron a rehacer buena parte de la construcción, que en realidad no estuvo completamente concluida hasta 1809.

En Monticello, se advierte la doble influencia greco-romana, del neoclasicismo típicamente norteamericano, con una clarísima inspiración palladiana, que Jefferson debió de asimilar en sus viajes a Europa, y que a la larga tantísimo éxito tendría en la arquitectura norteamericana. Aunque es en este caso probablemente más que en ninguno donde se advierte esa influencia de la arquitectura de Andrea Palladio y más concretamente de su obra más famosa, la Villa Rotonda, de la que Jefferson toma prestados varios elementos. En primer lugar el pórtico adelantado en la fachada, que tiene su réplica simétrica en la parte posterior. Dicho pórtico sigue el dictado de las fachadas de los templos romanos, que a su vez sirvieran también de fuente de inspiración a las villas palladianas: en este caso abierto al exterior por una columnata tetrástila de orden toscano y un entablamento con un friso de triglifos y metopas, y un amplio frontón.

La disposición interior también sigue el criterio de las villas de Palladio, con una organización del espacio muy simétrica, en el centro de la cual se abre un amplio espacio centralizado, que sirve de distribuidor de todas las estancias y que se refuerza en su concepto centralizador por medio de una cúpula como remate. También en este caso está clara la inspiración en la Villa Rotonda, que articula sus espacios a partir de un círculo central enfatizado por una cúpula que da sentido a su propio nombre. En el caso de Monticello la cúpula es modesta, pero sobresale notablemente en altura, convirtiéndose en una de sus señas de identidad. Consta de un tambor octogonal de elevada altura, con óculos en cada una de sus caras, sobre el que apoya la cúpula propiamente dicha. El resto del edifico persevera en sus líneas rectas y uniformes y en la nitidez de sus volúmenes exteriores, con sus ventanas cuadradas y escuetas, su arquitrabe jónico recorriendo a modo de friso todo el perímetro del edificio, y sus balaustradas sencillas de un blanco inmaculado.

Tal vez sea este detalle el que le otorgue a Monticello una contemplación especial: el color, porque es indudable que la alternancia cromática, roja y blanca del exterior, tan sumamente vistosa y alegre, le da al edificio un tono diferente al resto de las construcciones neoclásicas, caracterizadas por su tono blanco monocorde. El entorno hace el resto. Un paisaje delicioso en medio de la vegetación y la fronda de Virginia, que se abarca en toda su grandiosidad desde lo alto del altozano donde se encuentra la casa.




Si te ha gustado este artículo también te pueden interesar...
Otros artículos de esta sección...

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar