| Taj-Mahal |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Taj-Mahal”. Agra. Uttar Pradesh. 1632-1652. El arte hindú es un arte peculiar que merece un estudio aparte y que en su momento también abordaremos. Un arte que además se extendió mucho más allá de las fronteras naturales de la península Indostánica. La expansión de las rutas comerciales hacia el sudeste asiático, hizo posible la influencia religiosa y cultural de Se produce así una interferencia de influencias artísticas que en este caso no siempre cuajaron en un verdadero arte de síntesis. Realmente no era fácil, porque las diferencias de concepción religiosa, cultural y artística eran tan enormes entre el mundo hindú y el musulmán, que a pesar de la conocida y proverbial facilidad de los musulmanes para asimilar a su sentido artístico todos aquellos universos culturales que conquistaban por diferentes que fueran, en el caso de Los musulmanes conquistan parte de La fusión cultural y artística entre lo hindú y lo musulmán ya hemos dicho que era difícil de darse, sobre todo si tenemos en cuenta el abismo que separa sus criterios religiosos: el templo hindú es la morada del dios, la mezquita musulmana en cambio un lugar para la oración, difícilmente se podían adaptar los templos hindúes a esa nueva función religiosa; el Islam es monoteísta y rechaza la representación en imágenes de Alá y por ello prefiere las decoraciones abstractas de tipo geométrico; por el contrario, el arte hindú, se complace en su politeísmo y en la representación de todo su interminable repertorio de divinidades, santos, ninfas, genios, etc. El arte hindú es realista y además es curiosa pero muy notable la importancia de la temática sexual, que sólo podía repugnar a la mentalidad musulmana. Demasiadas diferencias para que se diera un arte de síntesis, que aún así se produjo en cierta manera y es a lo que llamamos arte indomusulmán. Su mayor exponente se encuentra en el arte que se desarrolla ya en el periodo del Imperio mongol, que si bien comienza con un predominio de los elementos hindúes sobre los musulmanes, al final se invierten los términos hasta imponerse éstos últimos, como puede apreciarse en un ejemplo que probablemente constituya el mejor del arte indomusulmán en cuanto al alcance de la síntesis conseguida por ambas culturas: el famoso Taj-Mahal de Agra. En este caso podría hablarse de síntesis entre el arte musulmán y más concretamente del arte musulmán desarrollado en un entorno cercano como Irán, y las tradiciones hindúes, algo que se repite también durante este periodo en el ámbito de la pintura, que también funde elementos de las tradiciones persas e hindúes. Probablemente se trate del mausoleo más famoso del mundo. El que mandó construir Sah-Yahan para su esposa Muntaz-i-Mahall, que le dio catorce hijos y a la que se ve que debía querer muchísimo. No se reparó en gastos ni en creatividad y así surge este imponente mausoleo, todo él construido a base de mármoles blancos de Rajasthan y decorado con incrustaciones de lapislázuli, malaquita, turquesas y todo tipo de piedras preciosas y semipreciosas, traídas de todos los rincones del continente. Estructuralmente se dispone en una planta octogonal, alusión a los ocho paraísos del profeta Mahoma y está recubierto con una inmensa cúpula bulbosa que también hace alusión a la bóveda celeste. Predominan por tanto los simbolismos musulmanes, pero aún más los elementos formales de tradición islámica y más concretamente los que se han desarrollado en el mundo iranio, con ejemplos similares a los de la gran mezquita de Masyid i-Yuma de Isfahan: no sólo la mencionada cúpula bulbosa, sino el pórtico de entrada a modo de iwan, los arcos aquillados de los distintos vanos, las celosías cubriendo huecos y por supuesto, los cuatro alminares que encuadran el perfil del edificio. El sepulcro se encuentra en el centro del mismo, colocándose años más tarde a su lado el de su marido, al que podemos considerar no sólo el promotor, sino el auténtico artífice del edificio, pues fue él antes que sus numerosos arquitectos, quien ideó, diseñó, y dirigió a pie de obra el trabajo de sus miles de obreros. Se completa el complejo con toda una serie de efectismos espectaculares, en los que participan el rumor de los cursos de agua, la vegetación de los jardines, y plantas y animales variados, que ciertamente dejan al espectador boquiabierto ante una obra colosal, que de tan perfectamente conservada, parece retrotraernos a las épocas antiguas de las grandes construcciones monumentales que aún no habían sucumbido a la ruina del paso del tiempo.
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