Teatro de Cesaraugusta PDF Imprimir Correo
(0 votos, media 0 de 5)
Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Teatro romano de Cesaraugusta


Zaragoza. S. I


Los teatros romanos son herederos de los griegos, cuyo origen se remonta a las representaciones dramáticas que tenían lugar en honor a Dionisios. Al principio sólo consistían en un coro, una orquesta y una serie de danzantes, que compartían diálogo con otros actores que les rodeaban. Con el tiempo dichos diálogos fueron aumentando, lo que hizo necesario levantar una plataforma al lado del sitio de la danza y una barraca donde los actores pudiesen cambiarse de trajes y de máscaras. Al mismo tiempo se levantaban gradas temporales de madera para los espectadores, que se situaban ya en filas alrededor del redondel que ocupaba la orquesta. Si bien estos primeros teatros eran de carácter provisional, pronto se hizo necesario construirlos de manera permanente, lo que será habitual ya a partir del periodo helenístico.

Los romanos heredan esta tradición artística, como heredan también el modelo constructivo griego, si bien a partir de la construcción de Gran Teatro de Pompeyo se introdujeron algunos cambios que a la larga marcaron la impronta formal de las construcciones teatrales romanas. Se mantiene la diferenciación de las tres partes principales del teatro: en primer lugar, la cavea o graderío, a su vez dividida en tres amplias zonas, la imma cavea (zona más próxima a la orquesta, reservada a las clases más pudientes), media cavea (sobre la imma cavea, utilizada por el público en general) y la summa cavea, (parte superior dedicada a las mujeres y los niños). Las otras dos zonas serían la orchestra, donde se colocaban los músicos y la esquene o escenario. Éste a su vez se divide en la scaene propiamente dicha, que venía a agrupar el escenario y todos los elementos y salas necesarios para el buen funcionamiento de las representaciones (estaba sobre un podium que la elevaba del espacio de la orchestra) y el proscaenium, espacio donde actuaban los actores, situado sobre el podium, entre la orchestra y la esquene.

También cambió la forma de la cavea, que pasa ahora de ser ultrasemicircular a ser simplemente semicircular, modificación que se realiza para conformar una sola estructura entre la escena y el graderío, mejorando asimismo la sonoridad; son asimismo más lujosos en su decoración externa e interna, con mármoles, columnas, inscripciones, etc. Varió asimismo la forma de diseñar la estructura del edificio, al sustentarse sobre muros radiales abovedados y galerías circulares abovedadas, que actuaban como pasillos de comunicación entre distintas zonas de la cavea, a la que se accedía por medio de vomitorios.

En todas las provincias que componían el imperio romano, se han encontrado restos de teatros. También en Hispania, aunque su número conocido hasta ahora no es muy elevado: unos 24 con restos de cierta importancia y otros 11 que están siendo objeto de investigación, al permanecer bajo edificaciones. De todos ellos destacamos en esta ocasión el Teatro de Cesarugusta, tal vez poco conocido fuera de Aragón, si bien resulta de los de mayor interés, ya no sólo por las vicisitudes de su descubrimiento y excavación, sino por su indudable interés arquitectónico, de hecho es el más grande conservado en nuestro país dentro de una ciudad habitada.

Fundada la ciudad a finales del S. I a.c., tuvo su época de mayor esplendor durante la doble centuria de los siglos I y II de nuestra era, momento en el que se realizan la mayoría de las construcciones más importantes de la ciudad: el foro y sus mercados, con su puerto abierto al comercio del Ebro, el anfiteatro, las termas, el puente que serviría de base al Puente de Piedra y el teatro.

Construido en el siglo I, en época de Tiberio, finalizaron sus obras en época del emperador Claudio, llegando a ser uno de los más suntuosos y amplios de la Hispania romana, con una capacidad para 6.000 espectadores. Al contrario que otros teatros, que usaron desniveles en el terreno, el edificio se construyó en terreno plano usando opus caementitium, a imitación del Teatro de Marcelo de Roma. Prueba de que constituía una de las grandes obras de la ciudad durante esta época, es que podía verse desde el Ebro, al sobresalir su estructura por encima de las demás edificaciones, con sus 25 metros de alto y sus 7000 m2 de superficie. La distribución de acceso a este teatro estaba diseñada por un complejo sistema de galerías y vomitorios que permitían la entrada de los espectadores siguiendo un rígida jerarquización social, de tal modo que no se producía en ninguna zona del teatro la intromisión de diferentes grupos y clases sociales. Sabemos así que había dos entradas laterales (como en todos los teatros) y una más central, lo que ocurre en muy pocos ejemplos conocidos, el aditus central, por el que accedían magistrados y nobles. Por ello, justo detrás de la orquesta se asentaban decuriones, sacerdotes locales o el gobernador provincial; detrás de ellos, ya en la imma cavea, soldados y funcionarios; en la media cavea, colonos y ciudadanos; y en la summa cavea, mujeres y niños. Contaba también esta construcción, como también ocurría en la mayoría de los grandes teatros del Imperio, de un característico sistema de reverberación acústica, conseguida a base de vasijas de bronce afinadas, que actuaban como resonadores, y que se situaban debajo de las gradas con distancias entre ellas metódicamente calculadas. Las representaciones más frecuentes se organizaban en primavera y verano, y eran de acceso libre y gratuito, corriendo las Instituciones públicas con los gastos.

Se conservan del edificio original capiteles aislados, los regatones o poleas que permitían el movimiento del telón, y trozos de lino del velum o toldo que podía extenderse sobre todo el perímetro del teatro y cubrirlo, protegiendo así del sol a los espectadores

Su decadencia comenzó en el siglo III, momento en el que se tomaron piedras para recrecer las murallas y otras edificaciones, que sólo dejaron el caementitium de la estructura que se puede ver actualmente.

Su recuperación y conservación también han tenido sus vicisitudes dignas de comentarse: fue descubierto en 1972 por un vecino que observó restos romanos entre los cimientos de las obras que se realizaban en un solar anejo a la sede de una entidad bancaria (Ibercaja), en el centro histórico de la ciudad. Su aviso al periódico Heraldo de Aragón resultaría providencial, de tal forma que en abril de 1972 el rotativo daba la noticia, que corroboraría el mismo periódico unos días después. Era un descubrimiento del que desde el principio se supo de su enorme importancia, pero ni en los años 70, ni en los ochenta pudieron avanzar con ritmo las excavaciones, en parte porque la titularidad del recinto, en manos de la entidad bancaria antes mencionada, dificultaba la tarea. Finalmente al ser cedido el solar por Ibercaja al Ayuntamiento en 1997, se pudo proceder a la recuperación del trabajo de forma mucho más rápida y eficaz. Finalmente el teatro es abierto al público completamente restaurado en 2003.

Cuenta además el recinto actualmente con un sistema de pasarelas para los visitantes, que pueden contemplar los restos de las gradas y el escenario. Asimismo, junto a los restos arqueológicos se ha rehabilitado un edificio para albergar el Centro de Interpretación en el que se introduce al visitante en la historia del teatro y en los géneros dramáticos, vida social y política de la época. Finalmente se decidió cubrir todo el conjunto histórico por medio de una gran cubierta traslúcida de policarbonato, que no es sino la réplica moderna del antiguo velum, que como hemos comentado anteriormente cubría en su día y a la misma altura, el recinto teatral. La cubierta se apoya en una malla especial compuesta por nudos esféricos y barras tubulares, tratando de utilizar el menor número posible de postes.



 

 

 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar