Tetrarcas de San Marcos PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Tetrarcas de San Marcos

 

San Marcos de Venecia. S. III.

 

 

Con la llegada al poder de Diocleciano, la historia de Roma inicia un nuevo capítulo que marca una frontera, tanto desde el punto de vista político como también del artístico y cultural. Puede decirse que comienza con él la etapa Bajo Imperial, que en muchos aspectos se distancia de lo que había sido la herencia clásica de Roma.

Desde el punto de vista político, el reinado de Diocleciano está marcado por la implantación de la Tetrarquía, un sistema original y novedoso, y que en ese momento debió de parecer la única salida a una etapa que se prolongaba ya durante todo el siglo III de continuas crisis políticas, en las que unos emperadores tras otros se usurpaban rápida y violentamente el poder. Diocleciano sin perder en ningún momento su plena autoridad, decidió en primer lugar compartir el poder con Maximiano, un general al que nombró augusto, de tal manera que el Imperio contaba desde ese momento con dos autoridades, una establecida en la parte oriental del imperio (Diocleciano) y otra en la parte occidental (Maximiano). Era la única forma de controlar con las suficientes garantías políticas y militares un imperio tan vasto y además tan convulso desde hacía ya décadas.

Pero ni siquiera esta diarquía fue suficiente, y por ello poco tiempo después cada uno de estos dos augustos decidió nombrar a su vez un césar: Diocleciano, nombró a Galerio, y Maximiano a Constancio Cloro. Mientras los emperadores asumían en exclusiva el poder político, los césares les ayudaban en las tareas militares. La confianza era mutua e imprescindible entre los cuatro, aunque también la supeditación de los césares a los augustos. Se había formado así una Tetrarquía en la que el poder del imperio se compartía entre cuatro personas. El sistema, que no sobreviviría a Diocleciano, fue una solución acertada por cuanto al menos durante esta fase el poder se mantuvo estable durante más de veinte años, algo que no había ocurrido desde el Siglo II, hasta el punto de que el mismo emperador se permitió el lujo de retirarse del poder en vida y renunciar al trono, retirándose a su magnífico Palacio de Spalato, algo que no había hecho nunca ningún emperador.

El imperio no por ello se dividió geográficamente en dos mitades, algo que aún tardaría casi un siglo en producirse, cuando Teodosio decida hacerlo así al repartir el territorio imperial en dos zonas que heredarían sus hijos Arcadio y Honorio, pero es evidente que se habían establedico las bases de una creciente diferenciación que sería cada vez más acusada entre Oriente y Occidente. Tampoco supuso una división política o un debilitamiento del poder imperial, porque Diocleciano siguió siendo la Autorictas imperial, por encima jerárquicamente de sus tres colegas, pero en cualquier caso quedaba claro que ya nada iba a ser igual a la estructura que había tenido el Imperio romano desde los tiempos de Augusto.

Desde el punto de vista artístico, también esta época marca una frontera, y nada mejor que la famosa escultura de los Tetrarcas de San Marcos para ilustrarlo. El arte imperial de los siglos I y II había evolucionado a partir de la herencia clásica recibida de Grecia, y aunque siempre manifestó una personalidad muy definida, sobre todo en arquitectura, su lenguaje era esencialmente clásico. Pero es precisamente a partir de finales del S. III y cuando como hemos visto la estructura política y social del imperio ya no tienen nada que ver con al de sus etapas anteriores de esplendor, cuando se advierte un cambio que dará lugar a lo que denominamos arte Bajo imperial.

El arte entendido como expresión de la realidad y búsqueda de la belleza, se convierte progresivamente en arte de la idealización y de la simbología. La normativa basada en criterios de proporcionalidad y equlibrio, y que en concreto en la escultura derivaba en la utilización persistente del contraposto, la estilización y el movimiento compositivo, la libertad de formas y temas, y el realismo expresivo, ahora se transforma radicalmente. La escultura se convierte en un elemento de propaganda polìtica, influenciada por el rígido ceremonial cortesano que se fue imponiendo desde el reinado de Diocleciano y que convirtió a los emperadores en figuras distantes, semidivinas y envueltas en un boato cortesano que imponía su total idealización. El arte se convierte en un recurso más a la simbología del poder y va imponiendo su porpio lenguaje: la rigidez frente al movimiento, el sentido de bloque frente a la libertad compositiva, la desproporción frente al canon clásico y una total idealización expresiva que convierte la imagen de los emperadores en figuras hieráticas, inaccesibles y endiosadas. El ejemplo más característico de todo ello será el retrato de Constantino, del que quedan piezas sueltas y que conocemos como el Coloso Constantino, pero el arranque del nuevo estilo se halla en los Tetrarcas de San Marcos.

Se trata de una pieza que se trasladaría a Venecia en el S. XIII tras el saqueo de Constantinopla, durante la Cuarta Cruzada, colocándose en la fachada sur de la Basílica, y más concretamente en la llamada Esquina del Tesoro. Su disposición responde a la que tendría en origen pues es evidente que la pieza estaba pensada para disponerse en una esquina. Se representa a los cuatro corregentes abrazados, en un claro símbolo de la unidad política que debían mostrar. Están hechos en pórfido, un material especialmente duro y de una tonalidad también singularmente oscura, que para muchos especialistas delata la procedencia de un taller egipcio en su fábrica. Esa sensación de bloque que transmite con ello la pieza refuerza su simbología, en la que junto a su cohesión, se trasnmite también su capacidad de disuasión y amenza a cualquier enemigo o usurpador eventual. Por ello los cuatro tetrarcas se representan con vestimenta militar, con su casco cilíndrico (pilus pannonicus), sus espadas con pomos en forma de cabeza de águila, túnica de manga larga, petos, pantalones de campaña y botas. Por ello también su actitud: sujetando la empuñadura de la espada, mirando hacia delante y en una postura amenazante que subrayan sus ojos abiertos, grandes e incisivos que parecen expectantes e inquisidores. Indudablemente, la tosquedad de la talla y la rudeza del pórfido contribuyen a ese mismo efecto expresivo.

El arte ha cambiado totalmente, introduciendo un nuevo concepto de la estética, que inicia de esta forma un camino sin retorno hacia la idealización máxima de las imágenes, que abona ya la evolución artística que caracterizará el arte de la Edad Media.

Tetrarcas1


 

Comentarios  

 
#1 Rev. Fr. Rodriguez 31-05-2011 21:06
Excelente discertacion sobre la tetrarquia romana. Fue el gran antecedente de la participacion en el ejercicio del poder centralizado en via hacia la descentralizaci on.
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