| Tintoretto: "Rapto del cuerpo de San Marcos" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Rapto del cuerpo de San Marcos Tintoretto. L'Academia. Venecia. 1562-66.
Dentro de lo que podríamos denominar Manierismo Final, vinculado además en este caso a la escuela de pintura veneciana, destaca la figura extraordinaria de Giacoppo Robusti (1518 1594), llamado el Tintoretto por ser hijo de un tintorero. Formado al parecer en el taller de Tiziano, tomaría del maestro la intensidad del color veneciano, si bien su imaginación deslumbrante, sus escenarios surreales y sobre todos los contrastes lumínicos que exagera hasta el límite mismo del posterior tenebrismo barroco, lo convierten en un pintor único y singular, que en ciertos aspectos se adelanta a su tiempo. Entre sus numerosas obras dos destacan de manera especial por la originalidad en el tratamiento del tema, que en ambos casos coincide con representaciones de la vida, hallazgo del cadáver y rapto del patrono de Venecia: San Marcos. Ambos son encargos de Tomasso Rangone Guardián Mayor de la Scuola Grande di San Marco, una institución benéfica y religiosa de gran arraigo en Venecia. Con anterioridad, ya se le había encargado a Tintoretto un primer telari, o cuadro de gran formato, para decorar las paredes de la Scuola: El Milagro de San Marcos liberando al esclavo (Galería de La Academia, Venecia, 1548), que le encargara el anterior Guardián mayor, Marco Epíscopi, que a la postre se convertiría en suegro del pintor. Al morir éste, su sucesor en el cargo, el médico Tommaso Rangone, prosigue con el encargo, demandándole otros tres telaris más que realiza entre 1562 y 1566, los dos mencionados, el Traslado del cuerpo de San Marcos y el Hallazgo del cuerpo de San Marcos, más un tercero, San Marcos rescatando al sarraceno del naufragio (también en La Academia de Venecia). Cuenta el evangelio que San Marcos, nombrado obispo de Alejandria por San Pablo, no fue muy apreciado por el pueblo, que le tomó por charlatán y hechicero. Por ello mismo sería cruelmente arrastrado por las calles de la ciudad y arrojado a un calabozo donde moriría por efecto del martirio recibido. Aunque los pocos cristianos que fueran sus seguidores robaron el cuerpo, enterrándolo en la iglesia que él mismo había fundado. Mucho tiempo después, ya en el IX, unos mercaderes venecianos, Bonus de Malamocco y Rusticus de Torcello, oyeron que la iglesia en cuestión iba a ser derribada, por lo que no dudaron en hacerse con el cuerpo del santo y llevárselo a Venecia, ciudad de la que sería su patrono desde entonces. La oportunidad de raptar el cuerpo se produce cuando al desatarse una gran tempestad en la ciudad sus habitantes huyen a refugiarse a cubierto, momento que aprovechan los venecianos para llevarse a San Marcos, que a pesar del tiempo transcurrido se encontraba incorrupto y en perfecto estado. Es precisamente este momento de gran tensión dramática el que va a aprovechar Tintoretto para realizar esta gran obra dedicada al santo: el Traslado del cuerpo de San Marcos. La composición sigue fielmente el modelo estructural que Tintoretto había empleado habitualmente en sus obras, y que por otra parte es genuinamente manierista, es decir composiciones de gran profundidad, lateralidad asimétrica, y desplazamiento de las figuras hacia los lados, con grandes vacíos espaciales en medio de las escenas, lo que en realidad recrea auténticos escenarios teatrales. A eso añade Tintoretto un repertorio de luces tenebrosas y fantasmales; atmósferas tormentosas, y espacios arquitectónicos extraños e irreales, que completan un mundo extravagante, como ensoñado, que por lo mismo tanto seduciría a los pintores surrealistas del S. XX. Así ocurre igualmente en este caso. También aquí la composición queda ladeada por la situación de los personajes, que en rítmico paralelismo, huyen hacia los pórticos laterales asustados por la tormenta. Lo que por otro lado abre un típico pasillo de vacío espacial, tan habitual en las obras manieristas. San Marcos se dispone en violento escorzo, y en una posición de inestabilidad y desequilibrio desasosegante, que también es típicamente manierista. Otros elementos resultan igualmente paradójicos e inquietantes: la mujer que tira de la brida del camello como tratando de impedir inútilmente el rapto de la reliquia; mientras desde el primer plano una figura sólo pintada parcialmente descorre una cortina en un típico efectismo teatral. No podía faltar la disposición habitual de las figuras en posturas forzadas y retorcidas, con cánones alargados en exceso; o la reiteración de escorzos en la disposición de los personajes, que entroncan con la sucesión de diagonales que estructuran la escena. La obra así resulta de una violenta profundidad, conseguida por el doble efecto perspectivo conseguido: de un lado el que forman las mencionadas diagonales complementadas por el dibujo geométrico o lineal del enlosado de la plaza y las arquitecturas; y de otro, la perspectiva aérea que consiguen la pincelada suelta y vibrante, el entorno del cielo y la incertidumbre de los fondos. La luz es una luz encendida y en violento claroscuro, que anuncia ya el Barroco. Lo mismo que el color, intenso y ácido, típicamente veneciano. Una luz y un color que recrean por sí solos otro elemento protagonista de la obra: la atmósfera que envuelve la escena, preludio de tormenta y cargada de la misma tensión que antecede al rasgamiento del primer relámpago.
Milagro de San Marcos liberando al esclavo. L'Academia de Venecia. 1548. Otros artículos de esta sección...
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