| Toros de Guisando |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Toros de Guisando. Cerro de Guisando. El Tiemblo (Ávila). Etapa Prerromana. Entre los siglos V-II a.c. En el suelo peninsular se desarrollan durante el largo periodo que transcurre desde el final del Neolítico hasta la romanización, una serie de manifestaciones culturales y artísticas que son tanto testimonio de la llegada de pueblos colonizadores, como de la propia existencia de pueblos autóctonos. Entre los primeros podría hablarse así de ejemplos de arte fenicio, púnico o griego, y entre los segundos, hay que destacar la importancia del arte tartésico, la del arte ibérico, la del arte celta o celtíbero, y como una variante de éste que suele estudiarse aparte, el arte castreño del Noroeste peninsular. Todos además con un nivel de influencias mutuas que varía según los casos, pero que es una de las características que los define. Los griegos denominaron Iberia a las tierras que ocupaban la franja mediterránea de En cuanto al mundo celta de La superposición de la cultura ibérica sobre determinadas zonas genuinamente celtas, nos permite hablar de una cultura celtibérica. Este fenómeno de síntesis, en el que sobre el sustrato celta de estas zonas se va superponiendo el peso de la influencia ibérica, comenzaría en En la caracterización de la cultura y el arte celtibérico podríamos considerar así tres influencias predominantes: la propia cultura autóctona de las zonas del interior peninsular; los aportes culturales propiamente celtas provenientes de centroeuropa; y la influencia mediterránea de lo ibérico e incluso de lo tartésico. En el arte celtibérico es importante la arquitectura, con poblados urbanizados muy conocidos como fuera la propia Numancia; asímismo la labor de orfebrería y metalistería, la cerámica, la importancia de las estelas funerarias, y dentro de la escultura, la personalísima cultura de los Verracos. La mayoría de las tipologías animales son toros, cerdos y a veces jabalíes, y su área de difusión un entorno que ocuparía aproximadamente las actuales provincias de Ávila y Salamanca. Los Verracos son para algunos una buena prueba de la síntesis artística de las culturas celta e ibérica, porque en cierto modo responde al modelo de las representaciones zoomórficas ibéricas, aunque en este caso solucionadas de forma diferente a la plástica ibérica, con un sentido más tosco del volumen, un menor detallismo y una mayor dosis de abstracción plástica. Dos aspectos siguen provocando las mayores diatribas sobre el particular: su finalidad y cronología. La primera responde según algunos autores, fundamentalmente a un sentido apotropáico, de protección mágica, y también posiblemente favorecedor de la reproducción ganadera a la vista de la importancia de sus atributos sexuales. Otros, consideran en ellos una finalidad funeraria, en especial cuando cuentan con inscripciones alusivas. Pero no son ajenas otras posibles interpretaciones: mojones demarcadores de territorios o caminos, marcadores de rutas de trashumancia, zoolatría, etc. En cuanto a su cronología es muy difícil establecer unos criterios aproximados: Se realizarían durante un amplio periodo que iría desde los siglos V-IV a.c. hasta bien avanzada ya la romanización. Se suele considerar que aquellos verracos con funciones mágico protectoras que carecen de inscripciones serían los más antiguos, mientras que aquéllos que constan de inscripciones latinas que suelen tener finalidad funerarias, serían los más recientes, entre el S. II a.c y el III d.c.
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