| Torre Eiffel |
|
|
|
| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
|
”Torre Eiffel”. Empresa Eiffel. París. 1889.
A lo largo de todo el siglo XIX se fue imponiendo poco a poco como la fórmula más pragmática de la arquitectura de la época, la de aquellos ingenieros que levantaban grandes construcciones a base de estructuras de hierro, desnudas y sin ninguna inquietud ornamental. El hierro, el gran protagonista de Progresivamente, la arquitectura del hierro adquirió tal magnitud que se convirtió en emblema de modernidad. Tanto es así que el más prestigioso especialista en la materia, el francés Gustave Eiffel y sus colaboradores M. Koechlin, E. Nouguier, ingenieros y S. Sauvestre, arquitecto, miembros todos ellos de A partir de entonces surgen las desavenencias y la polémica entre arquitectos e ingenieros, estos últimos artífices en su mayoría de este tipo de obras. En realidad la estricta desnudez de aquellas construcciones metálicas no tenían nada que ver con la arquitectura del momento, que era de carácter ecléctico e historicista. Por ello los arquitectos no consideraban como "arquitectura" estos edificios. Los ingenieros por el contrario veían en la utilización pragmática de los nuevos materiales, no sólo valores funcionales incuestionable en sus construcciones, sino también estéticos. En cualquier caso, su aportación a la arquitectura posterior será enorme. En el caso concreto que nos ocupa, Técnicamente la torre se asienta sobre cuatro enormes patas, que se apoyan sobre ocho gatos hidráulicos cada una, que a su vez se hunden en treinta metros de cimientos. Este es uno de los primeros elementos sobre los que afianzar una estructura cuyo mayor problema lógicamente consistía en su consolidación. A partir de este sostén se van ensamblando las piezas de hierro diseñadas por Maurice Koechlin, que se unen por medio de roblones, enormes tornillos de acero que carecen de rosca. No obstante la sostenibilidad de la torre quedaba garantizada por el propio diseño de la misma, que logra la perfecta verticalidad y equilibrio que garantizan su estabilidad. En este sentido la versatilidad del material de hierro, dúctil como pocos y ligero, harán posible el dibujo necesario de la torre para su solidez y firmeza. También por ello mismo la torre sólo contó con dos plataformas intermedias y un mirador superior. Estéticamente la construcción no tenía nada que ver con la fisonomía de la arquitectura del momento. Era realmente una rareza futurista y extraña para la época y más chocante si cabe pintada como estaba originalmente de amarillo, pero que a pesar de todo mostraba una delicadeza en sus líneas de diseño, y un porte elegante y altanero que sigue hoy deleitando la mirada de todos los que la observan. Es además una obra abierta, sin cierres perimetrales de ningún tipo, lo que la convierte en un precedente de las obras “trasparentes” que a partir del Racionalismo dejarán entrever sus estructuras internas. Es por añadidura, una arquitectura desnuda y pura, lo que añade un ingrediente más a sus atractivos y su innovación. Por ello, la Torre Eiffel fue un éxito desde todos los puntos de vista. Técnicamente dio la razón a quienes proponían la introducción de los nuevos materiales constructivos como medio para abaratar costes y también para acelerar los procesos de obra. Y estéticamente arrinconó a los arquitectos que despreciaban el diseño de los ingenieros, ingenieros que en realidad estaban descorriendo el telón de la arquitectura del futuro.
![]() ![]() Otros artículos de esta sección...
|
Comentarios
att:angelly
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.