Tríptico-relicario del Monasterio de Piedra PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

”Tríptico-relicario del Monasterio de Piedra.”


Academia de la Historia. Madrid

1390.


La corriente Italo-gótica que en pintura llega a nuestro país mediado el S. XIV se caracteriza por el fuerte influjo recibido de la obra de Giotto, así como de la Escuela Sienesa. Es por ello una pintura más delicada y detallista y que además pretende un realismo visual precursor del Renacimiento. Sus mejores representantes en el marco peninsular serán los pintores Ferrer Bassa y los hermanos Jaime y Pedro Serra, aunque resulta también de una importancia singular la obra anónima del Tríptico relicario del Monasterio de Piedra.

Se trata de una pieza verdaderamente excepcional, donde se conjuga el arte de la pintura y de la madera, en un alarde de talla primorosa que convierte la pieza en una síntesis afortunada de elementos mudéjares y góticos.

Poco puede decirse de su desconocido autor. Algunos lo consideran un artista activo en Aragón al que denominan Maestro del Monasterio de Piedra (Gudiol). Otros apuntan la posibilidad de que la pieza surgiera de un taller formado en el propio Monasterio cisterciense aragonés (Mañas Ballestín), ya que al parecer éste y más concretamente su abad Martín Ponce ejercieron su mecenazgo. Otros apuntan la procedencia de dos manos: una que pintaría los ángeles del interior de las puertas y otro que habría pintado el exterior de las mismas (Torralba); se habla igualmente de la participación de artistas mudéjares en la confección de las tallas y marqueterías. Pero prácticamente todos coinciden en afirmar la enorme influencia del taller de los hermanos Serra, que se advierte especialmente al interior del Tríptico, llegándose a afirmar que su autor sería un discípulo catalán de ellos (Yarza).

Por todo lo dicho, la pieza habría que incluirla en este periodo Italo-gótico, aunque casi a caballo del Estilo Internacional, con el que encuentra también suficientes coincidencias como para que algunos autores lo hayan circunscrito en él (Mañas).

El Tríptico–relicario es al fin y al cabo un mueble litúrgico destinado a exhibir la reliquia del Santo Misterio de Cimballa, una hostia que había sangrado milagrosamente ante las dudas de un clérigo que no acababa de creer en la transformación del pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo. Donada al Monasterio por Martín el Humano, se trasladaría al pueblo de Cimballa después de la Desamortización de 1836, para recabar finalmente desde 1851 en el Salón de Sesiones de la Academia de la Historia de Madrid. En el propio Monasterio de Piedra y más concretamente en su antiguo refectorio se puede admirar hoy una réplica perfecta de la obra.

La pieza, abierta a modo de tríptico, consta de una cornisa primorosa de mocárabes bajo la cual se dispone todo un amplio programa iconográfico: en una de las puertas y por el lado externo, escenas de la Virgen, y en la otra puerta escenas de la Pasión; y por la parte interna en ambas puertas motivos de lacería y los famosos ángeles músicos, que pintados bajo un friso de tracerías de tradición mudéjar y repartidos cuatro en cada puerta, constituyen de lo más preciado de todo el conjunto.

Desde el punto de vista plástico destaca su riqueza cromática, sobre todo del interior de las puertas, cuyos ángeles se envuelven en un fondo maravilloso de rojos, verdes, amarillos y azules muy intensos. Estos mismos ángeles destacan igualmente por su delicadeza, su cuidada ejecución, sus formas serenas y sus cuerpos finos y curvílineos. Todo ello dentro de lenguaje tradicional Italo-gótico heredado sin duda de la mano de los Serra.

Por el contrario, al exterior varía el estilo, lo que ha dado pie a la teoría de las dos manos. Aquí predomina un trazo nervioso, más realista y patético, especialmente en los pasajes dedicados a Cristo, que algunos creen poder relacionar con tendencias más innovadoras que lo situarían dentro ya del Estilo Internacional.

No obstante, las escenas dedicadas a la vida de la  Virgen coinciden de nuevo con el tono lírico de los ángeles, aunque el color es más pobre y las imágenes más iconónicas.

Todo ello, más la labor de marquetería y el sobredorado magnífico del mueble, convierten esta pieza en una obra riquísma por la coincidencia múltiple de tendencias e influencias, haciendo de ella una pieza única y maravillosa.

 

 



 

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