| U. Boccioni: "Formas únicas de continuidad en el espacio" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Formas únicas de continuidad en el espacio. U. Boccioni. Tate Modern Art. Londres/ MOMA. N.Y.1913. Prácticamente a la vez que está desarrollándose ya el Cubismo, nace en Italia una nueva vanguardia, el Futurismo, cuyos planteamientos y doctrinario están íntimamente ligados a la propia situación histórica, cultural y social de su propio país de origen, Italia. Un país que en esos momentos y a pesar del empuje inicial que había supuesto el Risorgimento se encuentra todavía anclado en el pasado en casi todos sus ámbitos. También en el cultural y artístico, donde el peso del Academicismo resultaba asfixiante para las nuevas generaciones. De ahí esta reacción contra el orden establecido, este brote de rebeldía que apuesta lógicamente por la modernidad que renueve Italia en todos los sentidos, y que por eso mismo defiende entusiasmada todos los logros de la era industrial y de las vanguardias atísticas. Por ello en fin su nombre, realmente significativo, Futurismo, en el que se resumen todas estas aspiraciones por romper con el pasado e iniciar una nueva Italia. Aunque es igualmente cierto que ese afán de renovación se realiza además desde la provocación e incluso desde la agresividad: “Nosotros queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo...Desde Italia lanzamos al mundo este manifiesto nuestro de violencia arrolladora e incendiaria, con el que fundamos hoy el Futurismo, porque queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y anticuarios”. Las palabras son de Tomasso Marinetti auténtico inspirador del grupo, que inicia además la costumbre luego recogida por el resto de las vanguardias posteriores, de proclamar el nuevo movimiento a través de un manifiesto. El Futurismo por tanto defenderá con entusiasmo los símbolos de la era moderna: el automóvil, los grandes trasatlánticos, las motos de cilindrada, las locomotoras, los travías. Todo aquello además que lleve implícita la dinamicidad, la agitación, la velocidad, el peligro, la energía, la temeridad. Porque hay que acabar definitivamente con la pasividad, porque el futuro es juventud y porque juventud es sinónimo de movimiento. Tanto es así que ellos mismo conciben el Futurismo como un periodo que debe ser necesariamente corto : “Los más viejos de nosotros tienen treinta años...Cuando tengamos cuarenta, que otros hombres más jóvenes y más valiosos nos arrojen a la papelera como manuscritos inútiles. ¡Nosotros lo deseamos!”. En este afán de modernidad, agresividad y entusiasmo juvenil llegan incluso a defender la guerra, en una concepción incoherente con otros planteamientos ideológicos que iban desde la socialización de la tierra a la “desvanicatización” de Italia. Esta frivolidad ideológica llevaría finalmente al ocaso histórico al Futurismo, porque alguno de sus miembros, como el propio Marinetti, aunque reniegue de sus propias ideas cuando conozca en su propia carne lo que de verdad fue Plásticamente sus aportaciones se entremezclan con las de otras vanguardias contemporáneas, especialmente con el Cubismo y el Orfismo de Delaunay. Su objetivo fundamental es plasmar en sus obras ese dinamismo que nutre toda su proclama. Hacer del movimiento la esencia de su representación estética: por ello se procura una pintura sólida, que construya sus formas con color (como Cézanne), pero no estáticamente como ocurría con aquél, sino siempre en movimiento. Para ello se expanden los cuerpos en el espacio y se deforman las figuras buscando siempre su elasticidad. Aunque inevitablemente, como ya había demostrado el Cubismo, tienen también que dividir y superponer en planos las imágenes para transmitir su idea de simultaneidad. Por último utilizaron lo que se dio en llamar Líneas-fuerza, es decir, una estructuración de los objetos y figuras en las que prevalezcan una serie de tramas o líneas remarcadas, que marquen el ritmo compositivo, pero que sirvan siempre como un reclamo al movimiento e incluso a la potenciación de determinados sentimientos y sensaciones. Fueron principales miembros de este grupo los pintores, Giacomo Balla, Carlo Carrá, Gino Severini, el escultor Umberto Boccioni, tal vez el más importante de todos estos artistas, y el arquitecto Antonio Sant’Elia. En efecto es la obra de Boccioni la que tiene una perduración mayor en La escultura podría contemplarse como una figura que avanza imparable a gran velocidad, sensación que se transmite abriendo como hemos dicho el contorno de la pieza a base de multiplicar planos y ángulos de visión, que desfiguran la imagen de la figura en sí, pero potencian la sensación de movimiento al convertirse en estelas de alas o ropajes que se agita con su velocidad. De tal forma que la obra al final no representa figura alguna, sino el concepto mismo del movimiento. Y esa es la gran aportación de Boccioni a la escultura, la plena liberación del tema, y como en la pintura, la reducción definitiva de la obra de arte a su lenguaje esencial, en este caso, el juego de planos, el juego de luces que provoca el bronce, el concepto de masa variable y el de volumen abierto. El que el resultado parezca una máquina, cuyas piezas se mueven potenciando la fuerza y la velocidad, se inscribe igualmente en ese peculiar concepto del arte que tenían los futuristas. Un último apunte vendría a corroborar nuestro comentario sobre esta obra, en las propias palabras de Boccioni al respecto, que son igualmente significativas:"Una composición escultórica futurista tendrá en sí misma los maravillosos elementos matemáticos y geométricos que componen los objetos de nuestro tiempo. Y estos objetos no estarán junto a la estatua como atributos explicativos o elementos decorativos separados, sino que, conforme a las leyes de una nueva concepción de la armonía, estarán encajados en las líneas musculares de un cuerpo. Así, de la axila de un mecánico podrá surgir la rueda de una máquina; así, la línea de la mesa podrá cortar la cabeza de quien lee, y el libro seccionar con su abanico de páginas el estómago del lector (...) ¿Por qué la escultura ha de quedar rezagada, sometida a leyes que nadie tiene el derecho de imponerle? Conque destruyámoslo todo y proclamemos la absoluta y total abolición de la línea finita y de la estatua cerrada. Abramos la figura y encerremos en ella el ambiente. Proclamemos que la escultura se propone la reconstrucción abstracta de los planos y volúmenes que determinan las formas, no su valor figurativo (...) Negar a la escultura todo objetivo de construcción episódicoverista, pero afirmar la absoluta necesidad de servirse de todas las realidades para volver a los elementos esenciales de la sensibilidad plástica. Conque percibiendo los cuerpos y sus partes como zonas plásticas, tendremos en una composición escultórica futurista planos de madera o de metal, inmóviles o mecánicamente móviles, para un objeto; formas esféricas picosas para los cabellos; semicírculos de vidrio para un vaso; alambres y redes para un plano atmosférico, etc."
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