Vaso Campaniforme PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

Vaso Campaniforme

 

Yacimiento de Ciempozuelos

Museo Arqueológico Nacional. Madrid.

Edad del Bronce. III –II Mileno a.c.

 

 

La llamada “Cultura del Vaso Campaniforme” que tiene una de sus referencias más significativas en el Vaso de Ciempozuelos, es una amplia cultura cuya cronología se concretaría entre el 2200 al 1700 a.c. Una etapa por tanto relacionada en algunas áreas (como la Península Ibérica) con el Bronce inicial, y en otras zonas europeas más alejadas de las rutas culturales con la etapa Calcolítica, es decir, con el origen de la Metalurgia, que se relaciona con el Cobre Inicial.

Su mayor peculiaridad reside en que se trata de una cultura muy extendida por buena parte de Europa y norte de África y que además es muy uniforme en sus restos culturales, especialmente en la pieza de cerámica que le da nombre y que sigue un diseño y decoración reiterativa a lo largo de los múltiples yacimientos en que aparece.

Restos del Vaso Campaniforme se han encontrado en lugares tan distantes como la Península Ibérica, el sur de Francia, Inglaterra, Irlanda o Centro Europa, pero durante mucho tiempo y para una gran parte de los investigadores el origen no sólo del vaso en sí, sino de toda la cultura que se desarrolló con él se hallaba en la Península Ibérica. Ya el alemán Shmidt en 1913 alude a su origen hispano, que reafirman primero Alberto del Castillo y Bosch Gimpera, que constituyen dos nombres ilustres de la primera erudición arqueológica en España. Más adelante en los años sesenta sería Sangmaister quien defendería el origen del Campaniforme en la zona del estuario del Tajo, extendiéndose hacia Países Bajos y Centro Europa, desde donde curiosamente volvería a las zonas occidentales en un recorrido inverso al original. Harrison más adelante apostaría por la existencia de dos focos de difusión: Hungría y la Península Ibérica. Pero hoy en día y a la vista de la diversidad de focos y de variantes, ya no se acepta tanto la idea de un origen único y un proceso de difusión, cuanto un diversificación general de una cultura común que pondrían de moda las élites sociales del momento y que se extendería a través de las redes comerciales que ya se irían desarrollando por los ríos europeos y el Mediterráneo.

En cuanto a las características comunes que le dan unidad a esta Cultura del Vaso Campaniforme podríamos deducir en primer lugar que se relaciona con rituales funerarios, pues la mayoría de los restos arqueológicos se han encontrado en sepulturas. Se trataría en este caso de fosas o enterramientos donde junto al cadáver se asociaría un ajuar con las piezas que les son propias a esta cultura.

Entre ellas destacaría en primer lugar el propio Vaso Campaniforme, una pieza de cerámica de forma acampanada con amplio cuello troncocónico y una decoración impresa muy peculiar. Pero no es la única, también se encuentran cazuelas y cuencos decorados igual que los vasos, así como puñales con empuñadura de lengüeta, puntas de flecha, diademas, cintas y láminas de oro, etc. Todo ello relacionado con ajuares de lujo y por tanto con enterramientos de cierta categoría social.

El Vaso Campaniforme propiamente dicho se caracteriza como hemos comentado por su forma singular, por ese diseño de campana invertida que le da nombre, pero también por su decoración profusa y detallista, realizada por técnica de incisión, formando motivos geométricos a base de rayitas, espigas, zig-zags, etcétera, dispuestos en bandas horizontales y paralelas desde el borde hasta el fondo del recipiente. Una decoración recurrente e inconfundible, pero que aún así presenta una serie de variantes regionales que es lo que ha permitido distiunguir varias tipologías: la “Marítima”, con decoración de puntos en bandas y relacionada con los yacimientros del estauario del Tajo; la “Cordelada”, con incisión de cordeles en bandas horizontales; la “Campaniforme mixta” (mezcla de las dos anteriores); la “Bohemia”, y la “Incisa”, que tiene precisamente en Ciempozuelos su principal yacimiento, y que se caracteriza por motivos incisos en bandas  horizontales, separadas por otras sin decoración.

En todos los casos se trata no obstante de piezas caras por su elaboración precisa y sus materiales costosos, principalmente arcilla negra que se complementaba con barro fino para su pulimentado y pasta blanca en las incisiones.

Estos vasos tendrían su utilidad práctica, pues se sabe por criterios arqueológicos que se bebía hidromiel o cerveza en ellos, pero desde luego era un signo de distintivo social, por su valor material ya aludido y porque por ello su posesión se convertía en un elemento de prestigio social, cuando no en un artículo de alianza o pacto político. De ahí también su asociación con los ajuares funerarios.

El Vaso Campaniforme de Ciempozuelos es uno de los restos encontrados en este amplio marco arqueológico que entre el final del Tercer milenio y el comienzo del Segundo se extendió por los valles del Duero y del Tajo.

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