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Edificio de la Bauhaus
W. Gropius.
Dessau. Alemania. 1926.
La arquitectura del S. XX va a continuar sus constantes ensayos y experimentos en la búsqueda de un arquitectura nueva y cada vez más funcional. Lo mismo que ocurre en pintura, son muchos los movimientos "modernos" que se suceden prácticamente a la vez, así el Futurismo, el Expresionismo, el Constructivismo ruso o el Racionalismo, cuya incidencia en la arquitectura del periodo de entreguerras e incluso posterior a
la II Guerra Mundial va a ser enorme, incluyendo lógicamente su continua evolución y las variantes que van aportando con el tiempo sus principales representantes.
Incluso antes de
la Primera Guerra Mundial aparecen ya una serie de modelos arquitectónicos nuevos, dedicados especialmente a la construcción de fábricas. Su destino obligaba a una arquitectura práctica y eminentemente funcional. En este contexto se producen los encargos de
la Compañía AEG alemana, que contrata al arquitecto Behrens para la realización de los nuevos proyectos. Él mismo reúne a una serie de artistas independientes y de firmas artesanas para fundar
la Deutsche Werkbund, grupo que en general va a defender la importancia del diseño industrial en la fabricación de los elementos constructivos; la estandarización de los mismos como piezas prefabricadas, y la edificación funcional, muy simplificada, aunque todavía se apuesta por una cierta "monumentalidad" en las construcciones que conserve el papel solemne del arquitecto y de la arquitectura. Buena prueba de ello sería la famosa Fábrica de turbinas de
la AEG en Berlín (1908-1909).
Al mismo grupo pertenece también el joven arquitecto Walter Gropius, que sólo dos años después, da un paso más adelante en este proceso de simplificación de la arquitectura y de aprovechamiento de los nuevos materiales, con la construcción de
la Fábrica Fagus de hormas de zapatos en Alfeld-ander-Leine (1911). En ella envuelve el edificio en cristal y con ello permite traslucir el interior, en el que destaca especialmente la visión en las esquinas de los cuerpos de escaleras realizados en espiral.
Esta tendencia arquitectónica saldría reforzada después de
la Primera Guerra Mundial. Más que nunca era necesaria una arquitectura austera, carente de ilusiones ornamentales, que fuera eminentemente funcional, sencilla en su construcción y por tanto barata de hacer. Se defienden así, los bloques prismáticos con tejados planos y exteriores desornamentados; una planificación interior eficaz, un equipamiento actual y moderno; muros delgados y planos al exterior, en muchas ocasiones recubiertos de amplias cristaleras, y utilización de nuevos materiales constructivos prefabricados en los que destacara la estética del diseño industrial.
La arquitectura se considera a partir de este momento como volumen y no como masa, por lo que los exteriores resultan muy singulares, con largas franjas todas iguales de ventanales sin marcos y abiertos a nivel del plano de muro; tejados planos, y esquinas habitualmente redondeadas, en un diseño que resulta distintivo del nuevo estilo. No hay ornamento ninguno ni en el interior ni en el exterior, la única estética visible es la de la desnudez de los elementos arquitectónicos, la de su reiteración, la de la máxima simplicidad formal.
Al fin y al cabo, como diría Le Courbusier, "las casas eran una máquina para vivir". De esta forma la arquitectura deja de ser monumental y no se le pide que sea perdurable. Sólo que sea funcional, de tal modo que su forma quede esclava de su función. El movimiento racionalista será internacional, destacando en su desarrollo cuatro países principalmente: Holanda, Alemania, Rusia y Francia.
En este contexto racionalista nace en uno de esos países, en Alemania, la hermosa experiencia de
la Bauhaus. La Bauhaus fue ante todo una Escuela de Arquitectura, oficios y diseño, fundada en la ciudad de Weimar por Walter Gropius en 1919. Su importancia no se limita exclusivamente al edificio que la albergaba y que constituyó un monumento clave en el desarrollo del Racionalismo, sino también al valor docente, casi revolucionario, que tuvo en aquellos momentos la enseñanza impartida en esta Escuela.
Los cursos de
la Bauhaus constaban en primer lugar de un Curso Preliminar de seis meses de duración en el que se trataba de educar la sensibilidad de los futuros artistas en todos sus aspectos. Estudiaban incluso, las diferentes características de los distintos materiales o soportes artísticos y el manejo de sus herramientas.
Surgió así la idea de trabajar libremente con los materiales, sin imponer reglas de aprendizaje. Así el objetivo de un estudiante de
la Bauhaus era hacer cosas adecuadas a su función, y que al propio tiempo expresaran sus propias ideas. Con ello se apostaba por una enseñanza que dejaba en libertad las capacidades individuales de los alumnos y se apartaba lógicamente de los sistemas académicos de la época.
El Curso Preliminar se convirtió en el núcleo central de las enseñanzas de
la Bauhaus y sin duda en una idea académica revolucionaria. Seguía luego un aprendizaje de tres años en un oficio concreto y después, un periodo de estudios de arquitectura si se quería obtener el doctorado. Debe destacarse también que las diferentes modalidades de aprendizaje se integraban en un formación unitaria del artista, que siempre debía de anteponer en su proceso creativo la utilidad de su obra. Razón por la cual, las creaciones de
la Bauhaus derivaron normalmente hacia el diseño industrial.
Esta imposición de la función sobre la forma no era sólo una premisa simplemente estética, sino también la consecuencia de una toma de postura política de izquierdas que pretendía socializar la obra de arte, por lo cual y ante todo debía de ser útil.
Otra virtud de los cursos de
la Bauhaus es que estaban impartidos por artistas y sobre todo arquitectos y pintores de primera fila, que en muchas ocasiones aprovecharon sus propias enseñanzas para profundizar en aspectos novedosos de su propio arte. Pasaron por
la Bauhaus como profesores Kandinsky, Feininger, Klee, Van Doesburg o Lászlo Moholy-Nagy.
Pero a pesar de su indudable valía,
la Bauhaus tuvo que trasladarse en 1926 a la ciudad de Dessau. Desde el principio los habitantes de Weimar habían considerado a los estudiantes de
la Bauhaus unos holgazanes y unos indeseables, y a sus profesores unos comunistas. Esta hostilidad, unida a la de las propias Instituciones oficiales que veían
la Escuela excesivamente revolucionaria en todos los sentidos obligó a esta medida. En 1933, con la llegada de los nazis al poder
la Bauhaus fue clausurada.
El edificio que albergaba
la Escuela de
la Bauhaus ya en su segundo destino, en Dessau, es una obra novedosa del arquitecto Walter Gropius que sienta definitivamente las bases del concepto racionalista en la arquitectura.
En línea con los propios postulados de la escuela, era prioritaria la adecuación a su función, de tal forma que el edificio se organiza en varios bloques, cada uno de los cuales está diseñado de forma diferente según las actividades a las que se destinaba. Por ello el conjunto del edificio se aleja de la organización simétrica tradicional, y muy por el contrario parece descomponerse en bloques independientes que impiden obtener una visión de conjunto. En cierto modo, la influencia del Cubismo incide también en la estética del edificio, reducido a volúmenes planos y rectangulares, y simplificado en extremo en su apariencia externa por la preponderancia de las formas geométricas.
Como hemos dicho al principio, cada bloque se adapta a su función, y así, los pabellones destinados a "talleres" al ser los más necesitados de luz, quedan limitados por un muro-cortina de vidrio, que por cierto, impone una estética muy característica al racionalismo arquitectónico.
Walter Gropius rechaza todo elemento ornamental, pero no por ello
la Bauhaus de Dessau, deja de tener una estética definida, caracterizada por la desnudez de sus volúmenes arquitectónicos; la simplicidad formal, y la claridad de sus líneas constructivas.
Esta sencillez formal y la adaptación de las formas a la función, hizo de este tipo de construcciones un modelo útil, pragmático y barato, lo que permitió que se aplicara a la edificación de barrios populares. Consecuencia ésta perfectamente coherente con los postulados ideológicos y socializantes de los miembros de
la Escuela.
La Bauhaus creó escuela, y nunca mejor dicho, y hoy es una visita obligada de cualquiera que quiera conocer la esencia y el concepto formal de la arquitectura racionalista.
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