| Templo de Afaia. Egina |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Templo de Afaia en Egina.
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El templo de Afaia, en la isla de Egina, es uno de los templos paradigmáticos del ideal de belleza que caracteriza la arquitectura griega, y uno de los más bellos ejemplos de los ideales de armonia, proporción, perfección y equilibrio del primer clasicismo griego. Es además un modelo prototípico del orden dórico, con una estructura característica, períptera y hexástila. El templo está dedicado a Afaia como señala una inscripción encontrada en los cimientos del templo, descartando así las teorías que lo relacionaban con una dedicación a Zeus Panhelénico o a la misma Atenea. Al primero porque su perfección y belleza hizo pensar a sus primeros visitantes y estudiosos que tenía que estar dedicado al dios de los dioses, y la segunda porque en los dos frontones del templo, la imagen que domina la escena en ambos casos es la de Atenea. Pero no es así, el templo está dedicado a la diosa Afaia, la invisible, muy relacionada con el mundo de la pesca al que tan vinculados estaban los habitantes de Egina, y que según la mitología se hizo invisible para huir de los hombres que la perseguían por su belleza, primero del rey Minos, que la hizo arrojarse al mar, y después del pescador que la rescató y que se enamoró perdidamente de ella. El templo se levanta en un punto al SE de la isla, en un lugar sagrado desde época micénica, que contaba desde los siglos VIII y VII a.c. de un témenos trapezoidal, dotado ya de construcciones de culto y complementarias. Construido con sillares de toba calcárea del lugar y recubiertos de estuco, consta de un crepidoma de tres escalones, y de las salas preceptivas, pronaos, naos y opistódomos, siendo la naos de tres naves (la central más ancha que las laterales) y doble altura. Aquí se localizaría la estatua crisoelenfantina de la diosa Afaia, de la que sólo queda actualmente su basa rectangular. También las dimensiones de la construcción responden dogmáticamente al canon de proporcionalidad del arte griego, de hecho las seis columnas de los lados menores tienen su correlato proporcional en los lados mayores, que cuentan con el doble justo de columnas, doce. Y es asímismo uno de los ejemplos más característicos de la utilización de reajustes ópticos en la construcción de los dinteles y la disposición de las columnas, siendo el arquitecto y viajero inglés Charles Robert Cockerell, descubridor a su vez de las esculturas de sus frontones, quien advertiría por primera vez esta singularidad de los templos griegos, precisamente al analizar la estructura del de Afaia. También se supo a través de su ejemplo de la decoración colorista de los templos griegos. En efecto, los restos conservados permiten conocer la policromía de sus esculturas, pero también de sus elementos arquitectónicos, con tonos de rojo y negro en los dinteles del entablamento, relieves en bronce o madera en las metopas, y los frontones con fondo de color azul. El modelo de Afaia, junto con los templos de Zeus en Olimpia, de Poseidón en Cabo Sunion y por supuesto del Partenon, es en uno de los ejemplos que mejor permiten valorar la perfecta sincronía entre elegancia y monumentalidad, entre sencillez y majestuosidad, de la arquitectura griega clásica. En este caso dotado de una especial gracilidad, por la esbeltez de las columnas (infrecuente en el orden dórico), que le otorgan un efecto airoso y de gran luminosidad. El templo de Afaia se completa con el estudio de sus dos frontones, dispuestos en los lados oriental y occidental del templo. Sus esculturas fueron descubiertas casualmente por el mencionado Robert Cockerell en 1811, sorprendiendo, especialmente las del lado oriental, por la calidad del material (mármol de Paros) y la pulcritud y perfección de las tallas, que dadas las fechas, entre finales del S. VI a.c. y principios del S. V a.c. resultan un eslabón avanzado entre la escultura arcaica y las primeras muestras de un incipiente clasicismo. Ambos frontones contaban con acróteras en los laterales y el centro, representando esfinges y figuras femeninas. Las imágenes de ambos frontones no responden a un miso estilo, de tal forma que las más antiguas, todavía relacionadas con la estatuaria del periodo arcaico, son las del frontón occidental, mientras que las del oriental han dado ya un salto estilístico muy notable que las aproximan al arte clásico, lo que ocurre en apenas veinte años, el lapso transcurrido entre su primera ejecución y su terminación, interrumpida tal vez por el deterioro provocado por un seísmo. Se representa en ellos a los dioses frente a los troyanos, en una clara alusión al éxito legendario de los griegos en Las imágenes también estarían pintadas, con colores muy vistosos, aunque se perderían definitivamente por culpa de la restauración poco afortunada que de las estatuas hiciera B. Thordvaldsen, empeñado como la mayoría de los escultores neoclásicos en reducir las imágenes al tono blanco de su prístino mármol. El color indudablemente potenciaría su realismo, muy conseguido en todas las imágenes del frontón, y muy especialmente en las figuras anónimas, en las que su disposición tan natural, a pesar de tener que adptarse al marco arquitectónico del frontón, y sus gestos, a veces de gran sentimiento y humanidad, las convierten en las primeras esculturas propiamente clásicas. Especialmente las del lado oriental, como hemos indicado, de las que sería su mejor ejemplo el famoso guerrero moribundo de la esquina izquierda del frontón.
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