| V. Fleming: "Lo que el viento se llevó" |
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| Escrito por Joaquín Vallet |
| Jueves, 25 de Noviembre de 2010 16:30 |
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LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ Victor Fleming, 1939
Hablar en la actualidad de una película como Lo que el viento se llevó puede sonar a redundancia. Es, con diferencia, el film que ha provocado mayores ríos de tinta en toda Sin embargo, si hay algo que sorprende en Lo que el viento se llevó, después de más de setenta años de su estreno, es la apabullante unidad de estilo en un film que tuvo, nada más y nada menos, que hasta siete directores distintos. Iniciada por George Cukor, fue apartado del rodaje por presiones de Clark Gable (debido a la homosexualidad del cineasta que enlazaba con ciertos detalles del pasado del actor), siendo sustituído por Victor Fleming quien se encargó de gran parte del film, muy a pesar de sus problemas de salud los cuales provocaron que varias secuencias fueran dirigidas por otros. Sidney Franklin (quien había conseguido recientemente un sobresaliente éxito con la espléndida La buena tierra -1937) fue el responsable de filmar varias tomas de la segunda unidad, al igual que Yakima Canutt. Por otra parte, un buen número de secuencias fueron dirigidas por Sam Wood (cineasta rudo y drástico, de maneras bastante similares a las de Victor Fleming), William Cameron Menzies (el ataque a Escarlata en el puente de madera es una de ellas) y el propio David O. Selznick. Por consiguiente, Lo que el viento se llevó no responde a ningún concepto de vacua autoría, sino a la dedicación a un proyecto conjunto sobre el que Selznick iba realizando labores cercanas al proselitismo con el fin de conseguir los mayores apoyos posibles (tanto por la parte financiera como por la artística) a un film necesitado del mayor número de integrantes posible. Todo este cúmulo de detalles (y un sinfín más que quedarían por citar) han provocado que la valoración de la película se desplace, generalmente, a un segundo término. Lo que el viento se llevó, amén de ello, es una pieza popular por excelencia (aunque sea irritantemente menospreciada por parte de las nuevas generaciones) y ello ha acabado por condenar al ostracismo cualquier análisis sobre la obra en sí misma. Porque, más allá de su apariencia, ésta adaptación de la novela de Margaret Mitchell es una de las películas de mayor intensidad y complejidad de todo el período clásico. Y lo es, básicamente, por la admirable disección psicológica de sus protagonistas, la consecución de unas imágenes de impresionante poder expresivo y la rotunda atemporalidad que exhalan sus fotogramas, manteniendo intacto su inmensa capacidad de sugestión. La estructura de Lo que el viento se llevó está concebida mediante una serie de contrapuntos e inversiones que afectan tanto a los personajes como al ambiente en el que estos se desenvuelven (el cual, ocasionalmente, alcanza un mayor protagonismo que el de los actores). La agresiva y ambiciosa Escarlata (Vivien Leigh en una de las mejores interpretaciones femeninas que se han visto en una pantalla de cine) se enfrenta a la anodina y modosa Melania. Empero, ambos caracteres sufrirán un proceso opuesto, de tal manera que, mientras Melania adquiere una fortaleza de temperamento basada en sus preceptos de bondad, Escarlata saca a la luz su fragilidad interna oculta bajo una fachada de provocación. El caballeroso Ahsley Wilkes tiene su contrapunto en el rudo Rhett Butler, cuyo cinismo cuadra perfectamente con el huraño carácter de Escarlata. El posicionamiento de todos ellos responde a una búsqueda constante en medio de una coyuntura social radicalmente enfrentada a los rasgos más heterodoxos. Rhett se busca a sí mismo incentivando su mala reputación, como una respuesta airada a las normas establecidas. Cuando comprueba lo infructuoso de los intentos (que lo han llevado, incluso, a unirse a Lo que el viento se llevó es una obra maestra con mayúsculas. Una pieza de tal perfección y contundencia que su visionado acaba por resultar una experiencia verdaderamente única. Un espectáculo glorioso que no hace más que rejuvenecer con el paso de los años.
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