Edmé Bouchardon PDF Imprimir Correo
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Edmé Bouchardon (Chaumont 1698- 1762) es uno de esos artistas que se encuentran en una encrucijada artística, cuando por una parte el arte de su época sigue los dictados de la moda rococó, pero por otra se asiste ya, avanzado como está el siglo XVIII, a un cansancio por los excesos del Barroco y a un interés renacido por el arte de la antigüedad.

En el caso de Bouchardon se nota además su formación en Italia, donde surge en él un interés notable hacia las obras antiguas, que copia con esmerado empeño.

La prueba de esta inclinación que marcará la tendencia de lo que se dio en llamar el “barroco clasicista”, que por otra parte en Francia siempre estuvo latente, la tenemos en el encargo que se le hace a  Bouchardon de una monumental fuente en la calle Grenelle de París. Terminada en 1745 constituye un ejemplo precoz de reacción clásica en el campo de la escultura.

Pero a pesar de ello, algunas de las pequeñas esculturas que completan la decoración de la monumental fuente conservan ese aire fresco y espontáneo, desenfadado incluso, en el que los niños suelen ser protagonistas, y que resulta tan característica del arte rococó.

Es por ello un perfecto ejemplo de esa síntesis a veces tan difícil de deslindar, que se produce entre ambas tendencias, la Rococó y la Neoclásica, y que marca la obra en su encrucijada de algunos artistas, como es el caso de Bouchardon.

Contemproánea a la realización de la mencionada fuente es una de sus obras más conocidas, El amor haciéndose un arco con la clava de Hércules, que ejemplifica ese arte de transición en la obra de este autor. Por una parte tiene una clara raigambre decorativa y rococó en aspectos como la disposición del héroe, al que se representa como un niño juguetón y sonriente; además sus disposición en serpentina, ayuda a crear una cierta tensión en la pieza, la que requiere su acción, pero que está más cerca del sentido del movimiento barroco que del estatismo clásico.

Aún con todo la obra ha sido considerada y con razón como un precedente neoclásico, por la nitidez de sus formas, la pulcritud anatómica y el virtuosismo realista de algunos detalles, como las alas o el cabello. Sin olvidar que estamos ante un tema mitológico.

Un arte y un artista, de transición.

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