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Marc Chagall: París a través de la ventana. Guggenheim Museum. Nueva York. 1913.

 

Siempre está bien recordar a Marc Chagall. Siempre. Porque su pintura es de una personalidad tan singular que a nadie deja indiferente. A Chagall se le suele incluir en la llamada Escuela de París, junto a todos aquellos artistas que llegaron a la capital francesa a comienzos del siglo XX, pero no acabaron de integrarse en ninguna de las diferentes Vanguardias que iban surgiendo en aquel ambiente de febril actividad artística.

Sus influencias fueron no obstante notables: de los Fauves asume la fuerza del color, casi siempre intenso y arbitrario; del Cubismo, la importancia de las formas; de los expresionistas, el ímpetu con que sabe trasmitir sus emociones. Su proximidad a éstos últimos le anima incluso a exponer junto a ellos en el Berlín de 1914. Aunque sus visiones oníricas de la realidad también le aproximaron a los surrealistas. Pero en realidad Marc Chagall no llegó a identificarse plenamente con ninguna de estas tendencias, lo que por otra parte, prueba la personalidad de su pintura.

Fue un artista que hizo lienzo de sus recuerdos de infancia o de sus sueños imposibles, y cuyas imágenes son siempre de una gran ingenuidad, candorosas por su animosidad infantil y felices siempre en un mundo irreal. 

La solución plástica para dar forma a ese mundo extraordinario es la de una pintura de colores básicos muy alegres; de formas distorsionadas en su realidad por la acción de la fantasía; y de ausencia de espacios concretos y de perspectiva, lo que en última instancia convierte sus lienzos en un universo donde las imágenes vuelan y nuestra imaginación se escapa más allá del marco de sus cuadros.

Para disfrutar de la obra de Marc Chagall, lo que siempre es recomendable, contamos en la red con una web monográfica dedicada al pintor que es de gran interés (AQUÍ), y además con una excelente página que repasa pormenorizadamente el amplio elenco de su obra: AQUÍ.