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Winslow Homer (Boston, 1836 - Prout's Neck, 1910) es considerado por muchos historiadores del arte como una de las grandes figuras del realismo pictórico norteamericano del siglo XIX. En este sentido, está claro que Homer es un artista que se inscribe plenamente en la tradición pictórica de su país que, aunque conoce y valora lo que se hace en Europa, se inclina preferentemente hacia un realismo cotidiano, preciso y, en cierta manera, más frío.
A lo largo de los siglos XIX y XX, desde Thomas Eakins hasta Grant Wood e incluso el propio Eric Fischl, la pintura norteamericana guarda una coherencia sorprendente en este particular realismo de lo cotidiano. Por desgracia, al igual que en ocasiones acusamos a los norteamericanos de incultura por desconocer los nombres de artistas que nosotros consideramos imprescindibles, es bastante habitual que los europeos ignoremos el trabajo de muchos de los autores estadounidenses al no encajar en nuestro esquema de la evolución del arte occidental.
Winslow Homer comenzó en el mundo artístico como ilustrador de revistas. Sin embargo, pronto evolucionó hacia el óleo y, poco después, hacia la acuarela, técnica en la que se convirtió en un auténtico maestro. Sus primeras pinturas realmente valoradas son las que realizó durante la guerra civil norteamericana, en las que plasma el combate con una precisión y fuerza visual que permanecerían invariables a lo largo de toda su carrera.
Si la guerra como desgracia realidad cotidiana de los norteamericanos marcó la impronta de la de Winslow Homer, su finalización le llevó a fijarse en el paisaje y las costumbres populares. En dos ocasiones, Homer viajó a Europa: en 1856 a Francia y en 1881 a Inglaterra. En ambos casos se acercó a las experiencias paisajísticas del continente, especialmente el Impresionismo, pero su interés por la plasmación de la luz y el ambiente nunca le hicieron olvidar su gusto por el detalle y el dibujo.
Dos temas son especialmente abundantes en el trabajo de Winslow Homer: el mar y los paisajes tropicales. En el primer caso, debido al hecho de residir en la costa y convivir diariamente con los trabajos, las dificultades y las angustias de los pescadores. En el segundo, por sus frecuentes temporadas en las Bahamas y en Cuba, caracterizadas por una pintura tremendamente luminosa y cromática.
Por muchas razones, merece la pena acercarse a la figura de Winslow Homer. Para ello te recomendamos dos páginas monográficas elaboradas por la National Gallery of Art de Washington y por el Metropolitan Museum de Nueva York.
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