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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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Miércoles, 15 de Mayo de 2013 18:16 |
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“Las iglesias del Occidente cristiano, además de ser centro de la vida espiritual, albergaban desde época carolíngia un repertorio riquísimo de bienes, ornamentos y trofeos que constituyen una representación ideal del complejo fondo mental que caracterizó a la Edad Media. Son, pues, los primeros museos de la cristiandad, el protoplasma del museo moderno. Inspirados, quiza, por el ejemplo de la Santa Sofía bizantina ---era legendaria la pasión coleccionista del emperador Constantino y las deslumbrantes riquezas que se guardaban en dicha iglesia---, estimulados más tarde por el renombre del tesoro de San Marcos, en Venecia, que, desde que se creó en el siglo XIII, se exponía en el altar principal de la basílica cinco veces al año para que lo fieles gozasen de su contemplación, los muros y crujías de todos los templos acogían una colección de obras de arte, un tesoro de objetos preciosos, tras los que podemos vislumbrar un mundo ingenuo y exótico, devoto y blasfemo sin saberlo, donde convivían sin estorbarse los artículos de la piedad cristiana, el universo profano y legendario de las epopeyas medievales y el atractivo fantástico de los monstruos y prodigios de la naturaleza. Paradójicamente, todos estos objetos tenían una naturaleza religiosa, pues, para los hombres del Medievo, todo aquello que, a sus ojos, presentaba algún valor debía ofrecerse a Dios, de acuerdo con una ley atestiguada desde Aquisgrán a Guadalupe, desde Saint-Denis a Toledo, desde Monza a San Juan de Baños.
En este universo mental todo pertenece por entero a Dios. Y todo le pertenece a Él porque la esfera de lo sagrado nunca está separada de la vida cotidiana y terrenal. A esta continuidad espacial, que hará de la catedral la representación simbólica de la Jerusalén celeste, le corresponde, simétricamente, una análoga continuidad temporal que excluye cualquier atisbo de museo, entendido a la moderna, pues para esta mentalidad el pasado entendido como tiempo real, pero pretérito, no existe, y el tiempo humano se concibe más como un momento de la eternidad, como una línea metafísica, bíblica y declinante, que, según recuerdan siempre las crónicas, principia con Adán y Eva y concluye en el Juicio Final.
No es difícil deducir, pues, en este contexto espiritual, que el mundo de las colecciones medievales apenas es apreciado por sus cualidades formales o de carácter estético y que su significado simbólico va más allá del placer que produce la contemplación de la belleza. La belleza sensible, por sí sola, apenas cuenta en el gusto medieval. Y cuando el abad Suger de Saint Denis manda grabar estos versos en la puerta de su abadía: “el espíritu ignorante se eleva hacia la verdad gracias a lo que es material, / y viendo esta luz, resucita de su antigua postración”, más que el placer estético que procuran, cuenta su interpretación como figuración de la verdad divina en lo que podría llamarse una metafísica medieval de la luz, entendida como salvación. Es, seguramente, la reliquia, es decir, la parte muerta del cuerpo o el objeto que ha estado por algún momento en contacto con el santo, el fenómeno que mejor explica este rasgo de la mentalidad medieval.”
(María Bolaños: “Historia de los museos de España”. 1997)
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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Miércoles, 15 de Mayo de 2013 00:00 |
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A Ildefonso Cerdá (1815-1876) hay que situarlo entre los grandes revolucionarios de la historia, tanto por su visión totalizadora de las cuestiones y problemas relativos a la sociedad, como por las innovadoras propuestas aportadas para la solución de las mismas. Puede calificársele de auténtico hombre del Renacimiento por su polifacetismo. Fue ingeniero, urbanista, jurista, economista y político republicano influido por el socialismo utópico.
Su gran aportación tuvo lugar en el terreno del urbanismo, que plasmará, en la teoría, en su obra titulada “Teoría de la urbanización”, y en la práctica, en el proyecto de ensanche para la ciudad de Barcelona ---el llamado “Plan Cerdá”---, que constituye uno de los más importantes hitos de la historia del urbanismo moderno, y cuyos conceptos básicos son la higiene y la movilidad. Su plan urbanístico ---de carácter antiautoritario, antijerárquico, igualitario y racionalista--- fue objeto de rechazo tanto por parte de los representantes municipales, como por los estamentos e instituciones burguesas. Igualmente lo fue por los arquitectos que no podían permitir que a un ingeniero se le concedieran responsabilidades urbanísticas.
Para conocer su obra os recomendamos la visita a la web del “Any Cerda” (2009), que conmemora el 150 aniversario del Plan Cerdá (1859) donde puede encontrarse muy abundante y excelente documentación (exposiciones, itinerarios urbanos, educación, publicaciones, archivo Cerdá, etc.) sobre este revolucionario del urbanismo moderno. Para acceder pinchar AQUÍ.
Además, una glosa breve de la obra de Cerdá y una crítica al urbanismo incontrolado del siglo XXI (Fernando de Terán) puede verse en un breve vídeo (RTVE) pinchando AQUÍ.
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)
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Miércoles, 15 de Mayo de 2013 05:44 |
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AQUÍ |
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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Martes, 14 de Mayo de 2013 22:03 |
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El enigma del sábado pasado se refería al escritor ruso Anton Chejov, que pasó, en su largo viaje hacia la lejana isla de Sajalin (justo al norte del archipiélago del Japón), una semana en la ciudad de Tomsk, ciudad que se levanta a orillas del río Tom, afluente o tributario del gran río Obi, que desemboca en el lejano Océano Glacial Ártico. En la ciudad siberiana de Tomsk, tierra natal del filósofo anarquista Mijail Alexandrovich Bakunin (1814-1876) y perenne lugar de paso (cada vez que se lee la obra de Julio Verne) de “Miguel Strogoff”, se levanta, en un hermoso paseo que discurre a orillas del citado río, la escultura del gran maestro de la literatura contemporánea rusa: Anton Chejov. La obra fue creada por el escultor y actor Leonti Usov que, en los últimos años, está recibiendo cierto reconocimiento internacional.
Muchas gracias a todos por vuestra participación y en especial a Isabel y Miguel, Cristina, Olga y Aurora que han dado plenamente en el clavo.
¡Os esperamos e invitamos, a todos, el próximo sábado, a poner a prueba, de nuevo, vuestra sagacidad y vuestra paciencia y, sobre todo, a disfrutar del arte con un nuevo enigma! |
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