El caso de Ilya Kabakov (Dnipropetrovsk, Ucrania, 1933) es uno de los más curiosos dentro del mundo del arte actual. Hasta los cincuenta años era completamente desconocido en los circuitos artísticos de occidente. Trabajaba como ilustrador en Moscú y sólo era valorado en círculos muy restringidos de entendidos. A su escasa difusión colaboraba el hecho de ser muy crítico con el régimen político de la Unión Soviética.
La apertura que se inicia en la URSS a mediados de la década de los años 80 hizo que Ilya Kabakov pudiera salir de su país y exponer en Suiza y Alemania, obteniendo un éxito enorme e inmediato.
En 1987, Ilya Kabakov y su esposa Emilia (con la que comparte muchos de sus proyectos artísticos) abandonaron la Unión Soviética y se afincaron en Estados Unidos. Desde aquel momento, no sólo el éxito ha convertido a Ilya Kabakov en uno de los artistas más valorados a nivel internacional, sino que se ha producido una auténtica liberación creativa del autor. Hasta entonces Ilya Kabakov era, ante todo, un ilustrador y pintor. Desde la década de los años 90, la mayor parte de su trabajo se centra en instalaciones entendidas como intervenciones artísticas globales.
Ilya Kabakov sigue siendo, no obstante, un autor muy valorado entre los especialistas pero de escasa repercusión en los medios. Por eso nos parece interesante recomendar hoy la visita a su página web, a través de la que podrás conocer mejor sus últimos trabajos. Para acceder, pulsa AQUÍ.
La Quinta del Sordo en 1900, antes de su derribo definitivo en 1909.
La Quinta de Sordo es una propiedad que adquiere Goya en 1819 y en la que se recluye junto a Leocadia Zorrilla y los dos hijos de ésta, Guillermo y Rosario, hasta que en 1824 salga camino de Francia, abandonando España.
La casa Goya la decora de forma muy singular, a base de una serie de pinturas, las Pinturas Negras, que plasma en la pared por medio del llamado óleo al secco, cubriendo el muro con yeso y pintando al óleo sobre esa capa como si de un lienzo se tratara.
Las pinturas se reparten entre los dos pisos principales de la casa. En planta baja, la habitación dedicada a comedor es de forma rectangular, y contaba con dos ventanas a cada lado en las paredes largas y una enfrente de la puerta de entrada. Ente medio se disponían las pinturas. Encima justo de la puerta, una de las obras de menor tamaño: Dos viejos comiendo sopa, al lado derecho de la puerta Un viejo y un fraile, y a la izquierda, Una manola: Doña Leocadia Zorrilla. En los muros largos de la habitación se mostraban otras dos pinturas de amplio formato apaisado, en el lado izquierdo El Aquelarre y en el derecho, La romería de San Isidro. En la pared de enfrente, a la derecha de la ventana Judith y Holofernes, y al otro lado, una de las más conocidas y esperpénticas, su peculiar versión de Saturno devorando a un hijo.
La planta superior era de igual forma que la planta baja, pero las ventanas se distribuían de forma diferente, solo una en cada muro. Las pinturas se repartían de la siguiente manera en este segundo piso: al entrar por la puerta a la derecha se encontraba el Perro semihundido, y a la izquierda de la puerta las Cabezas en un paisaje, que fuera la primera en arrancarse, antes incluso de que Martínez Cubells trasladara a lienzo el resto de las pinturas a instancia del dueño de la finca Émile d’Erlange. En la actualidad se encuentra en la colección Stanly Moss de Nueva York. En las paredes laterales, a un lado estaba Átropos o las Parcas y el Duelo a garrotazos, y enfrente, en el muro de la derecha, la Visión fantástica o Asmodea, y la Procesión del Santo Oficio. Enfrente, repartidas a cada lado de la ventana, Dos mujeres y un hombre,y Hombres leyendo.
Aunque en general se advierte en toda la obra un cierto tono oscuro, hay que contar con que en su localización original las ventanas iluminarían generosamente ambas habitaciones por lo que esa oscura tonalidad que les ha dado su nombre no lo sería tanto. Por otra parte en la planta superior, las pinturas adquieren un color y una claridad mucho más alegre. Aún así, las pinturas negras son un reflejo de los últimos años pasado por Goya en España, marcados por su frustración política, y su mala salud, sobre todo después de su grave enfermedad de 1819, que le tuvo convaleciente todos esos años. De ahí el aire lúgubre de la mayoría de la obra y la invocación reiterativa al tema de la muerte.
En cualquier caso, las Pinturas Negras de Goya, más allá de sus posibles interpretaciones, como manifestación de una muestra rebelde de arte anteclásico, que busca por ello la fealdad y con ello la desmitificación de la belleza, o como una burla de la mitología y de la pintura pomposa y trascendente, son una muestra de pintura pura, de pintura entendida como un ejercicio de fantasía, de imaginación, y sobre todo de libertad y plenitud creativa.
“Y, sin embargo, ¿qué es el arte? ¿De dónde surge? El arte es la expresión que encarna el interés por la vida del hombre; surge del placer que el hombre halla en su vida; y debemos llamarlo placer, tomando en consideración toda la vida humana, por muy destruida que pueda estar debido al dolor y a los problemas de los individuos; y al igual que es expresión del placer de la vida en general, del recuerdo de los hechos del pasado y de la esperanza en los del futuro, así también es, en especial, expresión de la satisfacción del placer del hombre en los hechos del presente: en su trabajo.
¡Qué extraño puede pareceros esto hoy día! Los hombres pueden comprender el placer de la energía improductiva ---energía expresada en los juegos y en el deporte---; pero en la energía productiva, en la labor que debemos terminar antes de comer, en la labor que volverá a comenzar mañana y muchos mañanas, sin cambio ni término, hasta que nosotros nos acabemos, ¿que placer puede haber en ello?
Sin embargo, repito que la fuente principal del arte es el placer del hombre en su trabajo cotidiano y diario, que se expresa y toma cuerpo en el trabajo mismo. Ninguna otra cosa puede hacer bellos los ambientes normales de la vida, y siempre que éstos son bellos indican que su trabajo proporciona placer al hombre, aunque pueda sufrir por otra causa. Es la falta de este placer en el trabajo cotidiano la que ha hecho sórdidas y horribles nuestras ciudades y vivienda, insultos a la belleza de la tierra que desfiguran, mezquinos, feos y triviales ---en una palabra, vulgares--- todos los accesorios de la vida. Por terrible que sea soportarlo esto en la actualidad hay, sin embargo, cierta esperanza en el futuro, porque seguramente no es otra la causa de esta fealdad e ignominia externas sino la esclavitud y la miseria del pueblo; y una vez se transformen esta esclavitud y esta miseria, es totalmente razonable esperar que la fealdad externa ceda el puesto a la belleza, signo de un trabajo libre y feliz.
Mientras tanto estad seguros de que ninguna otra cosa logrará ni siquiera una razonable semejanza con el arte; pues, ¡pensad en ello!, los trabajadores, cuyas manos han de crear la mayor parte del arte, son coaccionados por el sistema comercial a vivir en lugares tan escuálidos y odiosos que nadie podría vivir en ellos y conservar su cordura sin perder todo sentido de belleza y todo gozo en la vida... Hombres que viven rodeados de tanta fealdad no pueden imaginar la belleza y, por lo tanto, no pueden expresarla.”
(William Morris: “La participación de los trabajadores en el arte”. 1885)
“París y Londres competían furiosamente por la conducción cultural del mundo occidental, pero todos los caminos todavía seguían llevando a Roma. Poetas ingleses y pintores holandeses, dramaturgos franceses y novelistas daneses, compositores austriacos y paisajistas belgas, todos iban a la antigua ciudad junto al Tíber en procura de conocimiento e inspiración.
Francisco Goya se unió a la colonia de artistas extranjeros y alquiló un pequeño departamente que compartió con Juanito. Y diciéndose que, si esperaba llegar a ser un pintor de real mérito, tendría que estudiar y trabajar más duramente que nunca, para recobrar el tiempo perdido. En consecuencia, se estableció dedicándose exclusivamente a los estudios. Ya no podría seguir dando rienda suelta a sus excesos emocionales que marcaran su incierta carrera anterior, por lo cual, renunciando al juego, a las mujeres, a la riña, se pasó los días en su taller y las veladas donde los pintores Pompeo Battoni y Rafael Mengs, descubriendo con gran satisfacción de su parte, que ambos habían oído hablar de él.
De vez en cuando viajaba al interior de Italia para aprender lo que podía de otras técnicas que se estaban desarrollando allí y que se había dado en llamar el “Segundo Renacimiento”. Ganó un premio de concurso en Parma y pasó tanto tiempo en el reino de Nápoles que se sintió tentado a abandonar su residencia de Roma y trasladarse a una población del sur, donde realistas como Gaspar Traversi y Giuseppe Bonito pintaban retratos tan agudos que eran casi caricaturas. Aunque ningún artista podía vivir en Italia sin venir a quedar bajo la influencia de los antiguos maestros, Goya sentía un particular desprecio por algunos de sus colegas, en especial aquellos españoles como Roviro de Brocandel y el escultor Gutiérrez, quienes copiaban servilmente a Leonardo y a Cellini.
Pero ni siquiera un rebelde del arte podía dejar de impresionarse ante la majestad y el poder de la obra de Miguel Angel, y Francisco, que se pasara varias horas en el Vaticano, estudiando los magníficos frescos de su gran predecesor en la Capilla Sistina, que le tomara casi cinco años el realizarlos, reconoció voluntariamente su deuda al hombre a quien estimaba el más inspirado artista de todos los tiempos.
También se sintió impresionado por la obra de Correggio, en particular por su sensualismo, la combinación de los colores y su uso de luces y sombras. Resolvió incorporar a su propio estilo, en rápida maduración, lo que conceptuó mejor de la obra de este maestro.”
Si recordáis, la semana pasada continuamos nuestro viaje en busca de la solución al enigma que nos está proponiendo un misterioso seguidor de la web. Después de resolver el enigma que se escondía en La decapitación del Baustista de Caravaggio en Malta, nos propuso otro para encontrar a una misteriosa dama pintada por otro artista conocido por el nombre de su población natal. Se trataba, como muchos de vosotros habéis acertado, de la Gioconda de Leonardo da Vinci.
El reto incluía que los tres miembros del grupo CREHA debíamos viajar hasta París para fotografiarnos delante del cuadro. Como veis hemos cumplido con la prueba. Somos los tres que, justo al lado de la Gioconda, aparecemos señalados con una flecha. Fue una pena que en el momento de hacernos la fotografía apareciese un grupo de turistas polacos que hicieron que no se nos vea del todo bien. Pero el reto está superado.
Cuando salíamos, entre empujones, de la sala dispuestos a comunicar al desconocido retador nuestro éxito, el vigilante de la siguiente se dirigió a Delft (seudónimo de un miembro del grupo CREHA) y, con la característica amabilidad parisina le entregó un pequeño sobre a la vez que gruñía algo incomprensible. Cuando el ambiente se despejó (de inmediato porque los turistas parecen entrar al Louvre, fotografiar la Gioconda y marcharse) abrimos el sobre donde había una nota que decía:
"Amigos, acabáis de resolver la segunda parte de nuestro enigma viajero. Enhorabuena. Que sepaís que Olga, Cristina, Isabel y Miguel, que ya estuvieron con vosotros en Malta, también lo han resuelto.
Por eso, quiero plantearos la última parte del enigma. Como veis en el sobre hay tres billetes, pero esta vez no son de avión sino de metro. Con ellos deberéis llegar hasta el lugar donde se encuentra un cuadro muy famoso. La idea es que salga ganador del reto más largo planteado hasta la fecha aquella persona que sea la primera en identificarlo.
Por supuesto, os voy a dar algunas pistas (pocas porque sois muy hábiles y quiero ponerlo difícil):
- lo pintó un artista nacido en Francia pero muerto en un país vecino.
- lleva desde su origen un doble título aludiendo a la escena y a la época del año en que transcurre.
- entre las interpretaciones que ha tenido hay una que dice que es una representación simbólica de los valores de la época: el placer erótico y las finanzas.
- como siempre, cuando se expuso en el Salón provocó un enorme escándalo.
Dificil ¡eh! Pero bueno. Es lo que hay. Sois los mejores.
¿Quién será el primero en resolverlo?
Atentamente: vuestro retador.
P. D.: Delft, he hecho que el vigilante te diera a ti el sobre porque me constan tus buenas relaciones con los vigilantes de museos."
Hasta aquí la nota. Ya un poco cansados por tanto ir de un lado a otro, no podemos dejar de aceptar el reto. Es la tercera y última parte. Así que nos hemos ido a la terraza de un café y delante de una cerveza nos hemos puesto a pensar cuál es la tercera obra de nuestro enigma y dónde puede estar en esta enorme ciudad de París. Para el que tenga la respuesta, puede enviarla pulsando AQUÍ.